SALTO | LUIS PEREZ
"Totalmente frustrado", el director Nacional de Aduanas Víctor Lissidini se retiró el viernes 3 de enero del bagashopping de esta ciudad luego de fracasar en su intento de allanamiento. Los 30 policías que escoltaban al jerarca se frenaron ante los más de cien comerciantes del lugar, que formaron una barricada, incendiaron algunas mercaderías, y reclamaron que los dejaran trabajar tranquilos, en virtud de que ellos ya habían pagado las "cometas" de rigor a la Aduana y a la Policía. Mientras eso sucedía, otros comerciantes vaciaban sus locales y retiraban sus artículos por la puerta de atrás.
El fracaso de enero dejó abierta una controversia, en virtud de que el respaldo que la Policía de Salto brindó a la acción de Lissidini no fue el suficiente. "La policía evidentemente era poca y para evitar males mayores" se desistió del intento de allanamiento, argumentó el titular de Aduanas en rueda de prensa. El propio subjefe de Policía del departamento, Luis Moreira, admitió luego que las condiciones para continuar el operativo "no estaban dadas", si bien remarcó que la retirada fue por "decisión del doctor Lissidini".
EMBLEMA. A la mañana, Lissidini se presentó en la sede judicial salteña y solicitó una orden de allanamiento a los puestos del bagashopping, a efectos de detectar la existencia de mercadería de contrabando. Rato después del frustrado intento, el jerarca calificaría al centro comercial informal como un "emblema de la ilegalidad".
En un clima de tensión, corridas, empujones y quema de algunos productos, comenzó a media mañana el operativo de allanamiento al bagashopping, que está integrado por más de 200 estructuras precarias. Lissidini llegó junto a unos 30 policías comandados por Moreira, y algunos aduaneros. Además, estaban en el lugar dos autobombas del Cuerpo de Bomberos, dada la amenaza de los comerciantes de incendiar las estructuras y la mercadería.
Mientras el escándalo se producía por la entrada, otras personas se llevaban toda la mercadería por los fondos.
Si bien el fuego consumió algunas mercaderías, eso sólo fue para distraer la atención de las autoridades, que eran presionadas por un grupo de unas 100 personas que impedían acercarse a los funcionarios aduaneros y a la vez eran acordonados por la policía, que se vio superada.
Aunque Lissidini advirtió —entre permanentes insultos y amenazas—que iba a hacer cumplir sus propósitos y que se iba a hacer lo que se debía contra "un emblema de la ilegalidad", debió retirarse. Cuando se iba, se manifestó "frustrado totalmente", y dejó entrever que planteará su malestar a nivel del gobierno nacional.
Esta pulseada que ganaron los vendedores instalados en el "bagashopping", y que no es la primera, remueve la tensión que en otras oportunidades se instaló entre la Policía y la Aduana. En este caso, Lissidini avisó a la Justicia y a la Policía al menos con dos horas de anticipación.
"Esto es lamentable. Así no se puede trabajar", se lamentó el titular de Aduanas cuando se retiraba del bagashopping.
Lissidini aceptó dialogar con los comerciantes que le hablaban de buenos modales. En un caso mantuvo un contrapunto con una mujer, quien le dijo: "No sea malo doctor, usted sabe que no tenemos trabajo; no nos haga esto". Y el jerarca le contestó: "No sea mala usted señora, comprenda que si no hacemos esto y seguimos evadiendo impuestos no habrá más remedios en los hospitales, cerrarán más empresas y habrá mucho menos posibilidades de trabajo para todos los uruguayos. Estamos cumpliendo con lo que nos marca la ley por el bien de todos; yo no soy malo señora".
DAÑO. Consultado por El País sobre la eventual vinculación del allanamiento con los destrozos de los que fue objeto el automóvil de un jerarca aduanero salteño en la madrugada del 31 de diciembre, Lissidini afirmó que son hechos independientes. "Para nada, ya lo teníamos planificado desde hacía varios días", acotó mientras señalaba a los fondos del bagashopping, donde decenas de personas, entre ellos niños, retiraban miles de artículos de los locales que esperaba inspeccionar.
En esa línea, sostuvo que el procedimiento contra el bagashopping había sido planificado a partir de los permanentes reclamos que formuló el Centro Comercial e Industrial de Salto, con el objetivo de que se frene el ingreso de mercadería de contrabando al departamento.
"Esto va a dar la oportunidad a que realmente la gente entienda el brutal daño que se hacen ellos mismos y a los uruguayos. Acá tendrían que estar todas las familias que han perdido su trabajo por culpa del contrabando, que las contamos en miles, porque la gente me habla que tienen tres, cuatro o cinco hijos que mantener y yo le pregunto qué pasa en la propia ciudad de Salto, donde han cerrado comercios e industrias y no tienen posibilidades de progresar, porque tienen el flagelo del contrabando que mina cualquier otro tipo de actividad. Ellos mismos se están coartando la posibilidad de conseguir un trabajo en serio", subrayó Lissidini.
"La coima ya se pagó"
Lissidini no sólo fue objeto de insultos y agravios durante el intento de allanamiento del bagashopping. También recibió denuncias por cobro de coimas en la aduana salteña. Entonces, el jerarca tomó nota y de manera inmediata inició investigaciones en la interna del organismo que dirige.
"Nos viene a sacar la mercadería de aquí adentro cuando ya pagamos la cometa en el puente y en los controles policiales; que la ley sea pareja para todos", gritó un comerciante.
"Lissidini, corte usted primero", acotó la misma persona. Frases de ese tenor se repitieron durante toda la mañana, en medio de un griterío ensordecedor de insultos y reclamos, y de los ladridos de los perros policiales.
Frente a la sucesión de denuncias contra aduaneros, el jerarca resolvió ayer mismo intervenir el centro