GUSTAVO LABORDE
Hermenegildo "Menchi" Sábat fue distinguido con el título Honoris Causa que le otorgó la Universidad de la República. La ceremonia tuvo lugar en el Paraninfo y además se realizó un concierto a cargo del violinista Elías Gurevich, quien alternó las estaciones de Vivaldi con las de Piazzolla.
Asimismo y en la misma ceremonia, se consagró a Sábat como ciudadano ilustre de Montevideo.
De larga, diversa y proficua trayectoria, Sábat es un referente de la plástica en dos orillas. Nacido en Montevideo en 1933, se desempeñó como caricaturista en varios medios de prensa nacional como Marcha, Acción y El País, pero vive radicado en Buenos Aires desde 1966, ciudad desde la cual ha trabajado tanto para medios argentinos como para internacionales. Dentro de los primeros hay que mencionar The Buenos Aires Herald, La Opinión, Crisis, El Periodista y en exclusiva, desde 1973, para Clarín. Entre los segundos se cuentan algunos de gran prestigio mundial como The New York Times, L’Express, Liberation, The New Yorker y Fortune. Pero si bien su formidable proyección internacional proviene de su talento como caricaturista, Sábat ha cultivado otras disciplinas artísticas e intelectuales como la pintura, la fotografía, la poesía, el ensayo crítico sobre música y arte, la docencia y la música, ya que además toca el clarinete.
Esta inquietud diversificada podría rastrearse en sus propios ancestros. Su abuelo fue Hermenegildo Sábat (1874-1932), dibujante y caricaturista español que, radicado en Uruguay, cumplió larga trayectoria como docente, sucediendo a Figari en la dirección de la Escuela Nacional de Arte Industrial hacia 1917. Hijo de éste y padre de "Menchi" fue Juan Carlos Sábat Pebet, periodista, docente de literatura y destacado ensayista, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento.
La vertiente pictórica de Sábat fue recientemente revisada en una importante exposición que tuvo lugar en noviembre de 1998 en el Museo Nacional de Artes Visuales. En esa oportunidad el popular Menchi dio a conocer obras en las que trascendía su vocación caricaturista para internarse directamente en la pintura. Pero como han señalado sus críticos, los óleos de Sábat incorporan la caricatura, la hacen prisionera de la pintura y juntas, entonces, elevan la obra del uruguayo hacia una expresión personalísima que nace del no muy frecuente maridaje de lo popular con lo culto.
Esta síntesis expresiva encuentra un correlato también en su temática. Con mirada de caricaturista y pincel de pintor, Sábat se permite abordar con el mismo rigor, el mismo odio, la misma ironía o el mismo amor a Jorge Luis Borges, a Juan Carlos Onetti, a Gardel, a su Pichuco o a Marilyn que a los desaparecidos o al escalofriante López Regaaa, así con la triple "a" que marcó el terror. El carácter despreciable o sublime de un personaje nunca supedita su arte; el tema nunca somete a su expresión. En ese sentido, y como corresponde a un caricaturista que se precie de tal, los retratos de Sábat son profundamente reflexivos: indagan más allá de los rasgos, los gestos y lo aparente para adentrarse en dimensiones más hondas, más sutiles, más esclarecedoras y acaso más terribles. Nace de esta vocación observadora otra síntesis, ya que al tiempo que su obra es personal no es narcisista. Sus cuadros forman, por el contrario, un panteón privado en el que convoca y homenajea a maestros cercanos y distantes de la literatura, de la música, del cine, del arte o de la historia. Su obra se entiende dentro de la genealogía del arte y se inscribe al interior una mitología privada. No es ni más ni menos que un artista de su tiempo.
Sábat según J.C. Onetti
En 1964 Sábat reunió una veintena de caricaturas y las expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes. Su compañero Juan Carlos Onetti, con quien trabajaba en el diario Acción, escribió un texto sobre la muestra. Allí el novelista señala que "Sábat tiene talento y que ha sido elegido por el destino para terminar en el Museo Nacional de Bellas Artes". Más adelante se pregunta si Sábat "¿se hará buenito y respetuoso para coronarse con nuestros flacos laureles académicos? ¿Continuará —como deseamos y prevemos— aislado y furioso?".
Incluso, Onetti, le pide un favor. "Sólo queremos aconsejarle a Sábat que se muera de hambre, rodeado por el apetito y afecto de sus deudos, antes de vender el retrato de Marilyn Monroe". Sobre este comentario y este cuadro en particular, cinco décadas después, Julio M. Sanguinetti escribió: "Con Marilyn Monroe se han atrevido muchos, desde ya, pero su retrato de los años 60, sería hoy universalmente logotípico si lo hubiera dibujado un norteamericano en un gran diario de por allá".
La mayor distinción
La distinción que hoy recibe Hermenegildo Sábat es la más importante que otorga la Universidad de la República y le ha sido dada a personajes de la talla del presidente sudafricano Nelson Mandela, el historiador Eric Hobsbawn o los novelistas Ernesto Sábato y José Saramago. Esta distinción le fue concedida a Sábat a solicitud de la Escuela Nacional de Bellas Artes, que dirige el profesor Javier Alonso y que fue aprobada por el Consejo Directivo Central de la Universidad. En la fundamentación se señala que Sábat "se ha constituido en uno de los más grandes exponentes de las artes plásticas rioplatenses, conjugando lenguajes donde los gráfico y lo pictórico se funden en eso que llamamos arte". También se señala que en los años duros de la dictadura "su labor se constituyó —desde la potencia de la imagen— en un aporte fundamental en la resistencia del autoritarismo, como la voz de quienes tienen prohibido pronunciar palabras". A su vez se indica que desde 1994 "su permanente búsqueda vital ha traspasado fronteras de lenguajes para unir experiencias, sensibilidades y visiones".