Es una de las referencias obligadas para los estudiosos del pensamiento filosófico uruguayo y latioamericano y como tal Arturo Ardao se había hecho acreedor a múltiples reconocimientos de colegas, alumnos, de Senadores y hace apenas dos semanas de la Feria Internacional del Libro. Pese a ese entorno reverencial, la importancia del profesor Ardao, quien falleció ayer cuando se encaminaba a celebrar (el próximo sábado 27) su aniversario número 91, todavía no ha tenido la trascendencia pública que merece.
Filósofo y abogado, tuvo una larga trayectoria docente iniciada hacia 1939 cuando comenzó a enseñar "Historia de las Ideas" y "Sociología" a nivel universitario. En 1963 fue nombrado director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias, cargo que incluso desempeñó en coexistencia con el decanato de ese mismo centro docente, por entonces funcionando en el ex Hotel Nacional, en la zona portuaria montevidena. Tras el golpe de Estado de 1973, el profesor Ardao se mantuvo en actividad pero apenas por un año, al tener que marcharse hacia el exilio en Venezuela. Su partida en 1974 tuvo bastante de emblemática porque formaba parte de un operativo de destrucción del Instituto de Filosofía que por entonces se beneficiaba de los aportes de otros grandes profesores y pensadores, como Mario Sambarino y Juan Fló, quienes antes o después también debieron abandonar aquella casa de estudios.
Quien junto a Carlos Quijano fuera fundador del semanario Marcha, siguió enseñando en Venezuela en el Centro Rómulo Gallegos de Caracas (1976-78), en la Universidad Simón Bolívar (hasta 1988) y regresó a Uruguay donde su producción bibliográfica ya era motivo de análisis por filósofos, historiadores y sociólogos.
Entre su voluminosa obra suelen destacarse libros como La filosofía en el Uruguay en el siglo XX (1956), La inteligencia latinoamericana (1987), Lógica y metafísica en Feijóo (1997) y Artigas y el artiguismo (2002). Cabe señalar que su calidad intelectual había sido destacada con varios premios, como el de Profesor Emérito de la Facultad de Humanidad, el Gabriela Mistral, el Gran Premio Nacional a la Obra Intelectual y el Gran Premio Municipal de Literatura