BRASILIA | GUIDO NEJAMKIS
Ansioso por concretar sus promesas de mejoras sociales, el gobierno brasileño sueña con hacer de las telenovelas, la más poderosa industria audiovisual del país, un arma para educar a los pobres, que tienen en la pantalla de televisión casi su única fuente de entretenimiento. La telenovela, el más típico producto de la televisión latinoamericana exportado con éxito al mundo, tiene un rico historial en Brasil, al que le ha mostrado historias que abordaron temas como el del conflicto de los campesinos sin tierra, la corrupción en la política, el auge del Sida y el consumo de drogas.
Ahora, el nuevo gobierno de centro izquierda de Luiz Inácio Lula da Silva, propone estimular el estudio, la lectura y el aprendizaje a través de las telenovelas, que día tras día en la televisión local recrean historias con fuertes lazos con la vida de los brasileños. "Vengo defendiendo la idea de que la escuela sea parte de las telenovelas brasileñas, de que (en las telenovelas) los niños y los jóvenes que sean exitosos en la escuela sean vistos con cariño y respeto por los otros", dijo el ministro de Educación de Brasil, Cristovam Buarque, en una reciente entrevista.
Buarque dice que es necesario aprovechar la potencia de la televisión, presente en 88 por ciento de los hogares del país, para llevar a las personas más pobres la conciencia de que la educación puede mejorar sus vidas. Brasil tiene 20 millones de analfabetos adultos y 34 millones de niños en edad escolar, en una población de unos 170 millones de habitantes. El ministro puso como ejemplo de una positiva relación entre telenovela y educación a la celebrada El clon, emitida con éxito en America Latina y en la televisión hispana de Estados Unidos. "La novela El clon ayudó mucho a enseñar cómo enfrentar el problema de la droga", afirmó.
Recientemente, reunido con Joao Roberto Marinho, vicepresidente de la poderosa Globo, la mayor productora de telenovelas de Brasil, Buarque pidió una campaña igual contra la evasión escolar, un problema grave en el país, donde apenas el 30 % de los niños que asisten a la escuela concluye la enseñanza secundaria. "De la misma manera que se mostró una chica degradándose en la vida por causa de la droga se puede mostrar un joven degrandándose en la vida por no ir a la escuela. La respuesta (de Marinho) fue que existe todo el interés", aseguró Buarque, quien aclaró que el gobierno no planea regular ni interferir en los contenidos televisivos.
CULTOS. Gloria Perez, la prolífica autora de telenovelas, entre ellas El clon,dijo con una sonrisa que "el ministro siempre me pregunta por qué los galanes admirados de las novelas son musculosos en vez de cultos y estudiosos". "Yo le prometí que en próxima novela incluiré un galán lector. Tal vez, en homenaje al ministro, el personaje se llame Cristovam", indicó. Sin embargo, la autora, dijo que es necesario tener cuidado para asegurar el interés de la audiencia. "La novela no se puede tornar una clase ni puede ser aburrida. Yo siempre introduje en todas mis novelas campañas de esclarecimiento sobre asuntos muy presentes en la vida de la población. Pero hay que hacerlo de forma que emocione, sin detener la historia", indicó la guionista.
El potencial educativo que tienen las telenovelas ya ha sido demostrado con creces en la historia del género en Brasil. Vale todo, la exitosa novela de la década de 1980, mostró a una humilde mujer que lograba progresar gracias a su capacidad como cocinera. La experiencia tuvo un fuerte impacto en muchas mujeres brasileñas pobres, que multiplicaron la demanda de cursos de cocina. En la década de 1970, la novela Espigao abordó el tema del medio ambiente y despertó una preocupación nacional en torno a la protección de la naturaleza y Amor gitano, de 1995, también de Pérez, puso en boga la Internet, con una trama en la que un empresario conoce a una gitana por este medio.
Por eso, la idea de Buarque parece una buena iniciativa en un país en el que en la última década fueron los más pobres quienes mantuvieron su fidelidad a las novelas, que perdieron audiencia entre familias de clase media que pueden pagar hasta 50 dólares al mes por una suscripción a la televisión satelital o por cable.
Jorge Werthein, representante en Brasil de la Unesco, dijo que sería importantísimo "tratar temas como Sida, violencia, educación y alfabetización". "Las novelas llegan a millones de personas para quienes los personajes de la televisión son idealizados", explicó, recordando que millones de personas en Brasil tienen en la televisión abierta su única fuente de información. "Para millones la televisión es la única fuente de acceso a la cultura", señaló. REUTERS