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22/01/03
Multitudinario adiós a un músico: despidieron los restos de Eduardo Alquinta,de Los Jaivas
La banda es una leyenda latinoamericana de la que formó parte el uruguayo Pájaro Canzani

Eduardo Roland

El velatorio y entierro de Eduardo "Gato" Alquinta (57 años), guitarrista y vocalista del legendario grupo chileno Los Jaivas, se convirtió en un verdadero fenómeno de masas que sorprendió a la opinión pública y a la prensa del país trasandino, en tanto Los Jaivas no tenían especial actualidad ni mucho menos estaba siendo "impuesto" desde la televisión como un producto de consumo. Más bien todo lo contrario.

Alquinta murió hace hoy exactamente una semana en el balneario La Herradura (Coquimbo, unos 400 kilómetros al norte de Santiago), al padecer por un infarto luego de haber caído al mar. Pero lo que nadie sospechó en Chile fue que 240.000 personas se congregarían para despedirlo dos días más tarde, dando lugar al acto de masas más grande que se recuerde en aquel país desde la muerte del cardenal Raúl Silva Enríquez, ocurrida en 1999.

El velatorio de 24 horas se realizó en la céntrica estación Mapocho, donde miles de personas desfilaron de manera continua a pesar del tremendo calor que está soportando la capital chilena. Las coberturas periodísticas no demoraron en registrar este fenómeno acudiendo a la opinión de sociólogos e historiadores en busca de respuestas.

"Se produjo algo tan masivo porque hay un tremendo deseo de cultura, de adoración a los hitos del alma chilena y a las figuras de la música, del pensamiento y de la literatura", expresó categóricamente el escritor y sociólogo Pablo Huneeus al diario El Mercurio. Y agregó: "estamos saturados de los políticos y esto es una manifestación de castigo a los políticos. Lo que está diciendo Chile con un fenómeno así es que hay otras personalidades que son importantes (...), que nos dan identidad y algo más que escándalos (...); es lo que la gente quisiera ver en la televisión, en la prensa y en las noticias".

Hubo otros puntos de vista bastante más ácidos, como el del historiador Alfredo Hocelyn-Holt, que también recoge el diario El Mercurio de Santiago: "la verdad es que no he seguido mucho la pista a lo que pasó con la muerte de Alquinta; no soy precisamente un melómano, pero sé que a los chilenos les encantan los muertos. Hay que esperar a que muera Don Francisco, ahí sí que va a ser grande".

LEYENDA. Pero más allá de toda consideración sociológica desatada por un llamativo fenómeno popular que nadie preveía, lo cierto es que Los Jaivas tienen un lugar muy destacado en la historia de la música popular latinoamericana, y ni qué hablar dentro de Chile. No debemos olvidar que este grupo pionero en fusionar —a principios de los 70— el rock con los ritmos andinos estuvo y está íntimamente ligado a una de las familias más célebres de la cultura chilena: los Parra.

En efecto, de los cinco integrantes originales de la banda, tres eran de la familia de la malograda Violeta Parra: Claudio (pianista), Gabriel (baterista) y Eduardo (teclados, percusión).

A pesar de haber comenzado a tocar juntos hace 40 años (este año pensaban festejarlo con una gira chilena), es recién a partir de 1970 cuando Los Jaivas llaman la atención por su propuesta artística de fusionar ritmos del folclore cordillerano con el rock y el blues de origen norteamericano.

Esta idea de ‘unir el charango al sintetizador y la quena a la guitarra eléctrica’ no fue un intento aislado de los hermanos Parra, Alquinta y Mutis, sino que fue parte de una expresión que surgió espontáneamente en varios países sudamericanos. Así, ya en 1972 (cuando Los Jaivas graban el mítico Todos juntos) en Perú estaba el grupo Polen y en Argentina Arco Iris, liderado por ahora superproductor del "rock latino" Gustavo Santaolalla.

EXILIO. Una vez producido el golpe de estado en Chile, en setiembre del 73, Los Jaivas se trasladaron a Zárate, cerca de Buenos Aires, donde vivieron en comunidad a la usanza de un hippismo que todavía tenía cierta fuerza. Durante los dos años de residencia en Argentina (luego emigrarían a Europa) el grupo fue asimilado al ascendente, aunque todavía minoritario, movimiento rockero.

De este período argentino es su segundo disco titulado Los Jaivas (1975) que tuvo mucha repercusión en nuestro país. Precisamente ese año, un uruguayo se integraría al grupo chileno: el fraybentino Carlos "Pájaro" Canzani, quien incluso se iría con ellos primero a Barcelona y luego a París, ciudad en la que aún vive el conocido músico uruguayo. De todo el período europeo (recién en 1990 volvieron a Chile) sin duda que Alturas de Machu Pichu (1981) fue el trabajo que más repercusión logró y de los mejores de toda su extensa carrera.

El fallecimiento de Eduardo "Gato" Alquinta no es la primera pérdida que sufre el grupo: en 1989 Gabriel Parra había muerto sorpresivamente en un accidente automovilístico, siendo sustituido en la batería por su hija Juanita.

Ultimo concierto en Uruguay

La última vez que Los Jaivas tocaron en Uruguay fue en febrero de 1997, luego de más de una década de no presentarse por estas latitudes. Lo hicieron de manera gratuita en la Playa Pocitos, compartiendo escenario con la banda de Pájaro Canzani, amigo de los chilenos y compañero de ruta por varios años.

En aquella oportunidad en la que el clima no acompañó, se reunieron sobre la arena de Pocitos unas tres mil personas, muchas de las cuales jamás habían escuchado ni siquiera hablar de Los Jaivas. Venían de Chile, donde recién se había reincorporado el bajista Mario Mutis, miembro fundador que dejó el grupo dos veces por largos períodos.

Así el público uruguayo pudo ver por última vez a Eduardo Alquinta junto a todos los integrantes originales, exceptuando naturalmente a Gabriel Parra, quien de alguna manera estaba presente a través de su hija que se desempeñó como baterista aquella fresca y ventosa tardecita de verano.

Quienes conocían la trayectoria del grupo chileno tuvieron tiempo de recordar sus mayores éxitos como Todos Juntos, Pregón para iluminarse, Mira niñita o Guajira cósmica, y hasta pudieron emocionarse un poco. A la vez que constataron que el sonido de la banda no había cambiado absolutamente nada en 15 años, aspecto que no deja de tener una faceta reprochable.

En aquella oportunidad, como cada vez que Los Jaivas subían a un escenario, volvieron a mostrar su enorme afecto para con el público y la conciencia de saberse un grupo legendario.

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