Miércoles 31 de diciembre de 2003 | Año 86 - Nº 29596
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13/01/03
No es factible que el agro hoy pueda aspirar a recibir créditos bancarios
Es paradójico que demande crédito un sector que manifiesta que no quiere pagar sus deudas o reclama condiciones especiales para su pago

El llamado Nuevo Banco Comercial está solo y depende de sí mismo para tener éxito. No tiene una casa matriz en el exterior que le sirva de respaldo ni tiene a priori el respaldo del Estado, que ha sido una de las condiciones exigidas para su creación. Por lo tanto, es necesario que esa institución gane dinero para ser viable, lo que no será fácil en un contexto económico y financiero complicado como el que Uruguay tiene por delante, afirmó el Dr. Michele Santo al dialogar con ECONOMIA & MERCADO acerca de la situación y perspectivas del mercado bancario uruguayo. El nuevo banco deberá perseguir dos objetivos básicos durante su primer año de funcionamiento. Uno, que es de total prioridad, consiste en juntar el dinero que se necesita para devolver a los ahorristas la primera cuota de los depósitos reprogramados. El otro, que constituye una condición para el primer objetivo, es que la institución tenga una rentabilidad positiva que sea más o menos importante, de forma tal que a la recuperación de crédito se le agreguen las ganancias obtenidas en su gestión. Si lo podrá lograr o no, la historia lo dirá, sostuvo el Dr. Santo, que ha participado en la Comisión de Reformulación del Sistema Bancario en representación del Partido Colorado.

—¿Hacia dónde va el sistema financiero uruguayo?

—Se dirige hacia un período de reorganización muy importante en el corto y mediano plazo a los efectos de readecuarse al cambio dramático que se va a operar en el sector luego de la crisis del año 2002. Esta crisis, que terminó con la imposición de una especie de "corralito" en la banca estatal, con cuatro bancos intervenidos y con una reducción dramática del volumen de intermediación financiera en Uruguay, lleva necesariamente a que el sistema deba readaptarse a fondos bajo manejo que representan la mitad o aún menos de lo que había hasta diciembre de 2001, y sin perspectivas de que esa situación vaya a cambiar rápidamente a corto plazo. Hoy es una actividad que tiene un exceso de capacidad tanto en el sector público como en el privado, lo que implica necesariamente un redimensionamiento del sistema en su totalidad. Ojalá que en seis meses o en un año se recuperara una parte sustancial de los depósitos que se han ido pero, lamentablemente, me parece que ese no es el caso, sobre todo en lo que tiene que ver con los depósitos de no residentes.

—¿En qué áreas y en qué tipos de instituciones habrá que reestructurar al sistema bancario local?

—Son las propias instituciones que tendrán que ir definiéndolo de acuerdo con la rentabilidad esperada en cada uno de los segmentos del mercado. Probablemente, aquellos bancos que realizaban actividad off-shore para los argentinos deben haber sentido una reducción de su volumen de negocios mucho más fuerte que el resto de las instituciones. No obstante ello, hay que reconocer que los bancos que operan en la plaza local y que, además, tienen una actividad más o menos importante en la economía doméstica también enfrentan grandes problemas en función de la coyuntura recesiva que esta viviendo Uruguay y que hace cada vez más difícil trabajar en el país. La problemática es general y su magnitud variará según cada segmento de mercado y cada banco en particular, pero sin duda nos enfrentamos a un período de reorganización global del sistema de cara al futuro.

—¿Deben seguir existiendo las casas financieras (ex casas bancarias) dada su estrecha relación con los negocios de no residentes?

—Quizás sea una de las categorías más afectadas por la situación de huida de depósitos de no residentes. En principio, no creo que haya que tomar ninguna medida administrativa para decidir si determinadas categorías de instituciones financieras deban continuar funcionando o no. Estimo que los propios participantes en ese segmento de mercado van a evaluar si el negocio se les presenta rentable y procederán de acuerdo con sus intereses.

—¿Cómo evalúa la situación actual y el futuro de las cooperativas de ahorro y crédito, que aparentemente son las instituciones que menos han constreñido el crédito?

—Son participantes del mercado financiero que van a seguir existiendo. Creo que la Superintendencia de Instituciones Financieras del Banco Central del Uruguay (BCU) debería ejercer un control muy estricto sobre estas actividades debido a que, básicamente, el respaldo patrimonial con que cuentan las cooperativas de ahorro y crédito es bastante reducido ya que no tienen una casa matriz que esté teóricamente atrás respaldando sus pasivos. También habría que analizar muy a fondo la calidad de la cartera de préstamos de estas instituciones, es decir saber con qué riesgo están prestando a determinados sectores cuando el resto de la banca no lo está haciendo. Presumiblemente, tanto las gerencias de las cooperativas como las de los bancos buscan el mismo objetivo que es darle rentabilidad a sus operaciones. Salvo que los gerentes de los bancos internacionales sean todos tontos, el hecho de que estos últimos no estén prestando, mientras que sí lo hacen las cooperativas, tendrá algún motivo y habría que analizarlo en cuanto al riesgo que toman quienes hoy otorgan préstamos.

Confianza

—Desde AEBU se ha criticado con especial énfasis la política de los grandes bancos internacionales que operan en plaza por no volcar el volumen creciente de depósitos captados en el mercado de crédito local. ¿Qué opina Ud. al respecto?

—No tiene mucho sentido la crítica de AEBU por dos motivos. Uno es que, al mismo tiempo que se produce una pérdida de confianza de los depositantes, la situación de los deudores es bastante complicada de manejar para los bancos. Hay grandes sectores de deudores —entre ellos, las gremiales agropecuarias, conjuntos de deudores hipotecarios y deudores de pequeñas y medianas empresas— que expresan directamente que no quieren pagar o que pretenden refinanciar sus deudas en determinadas condiciones. Entonces, es absurdo pensar que cualquier banco, ya sea nacional o internacional, va estar dispuesto a dar más crédito cuando se encuentra en una situación en que teóricamente aquellos que están demandando más crédito dicen que no quieren pagar por ciertos motivos. Por lo tanto, es imposible pensar en una normalización del mercado de crédito o en un aumento del crédito hasta tanto la situación de los deudores del sistema bancario no se solucione de una u otra manera. En segundo lugar, a raíz de las experiencias vividas en los últimos meses los bancos internacionales también necesitan mantener sus activos de la manera más líquida posible ante la eventualidad de que futuros cambios de humor de los depositantes conduzcan a un retiro de depósitos.

—¿Cómo se puede restablecer la confianza de los depositantes en el sector financiero en el corto plazo y mediano plazo?

—En la actualidad, hay que dividir el mercado financiero uruguayo en dos grandes segmentos: el de los bancos internacionales y el resto compuesto básicamente por la banca pública más el Nuevo Banco Comercial (NBC) y, eventualmente, el Banco de Crédito si es que se reabre, y las cooperativas de ahorro y crédito.

En el caso de los bancos internacionales, el respaldo está dado por la solvencia de sus casas matrices. Aquí el tema se circunscribe a la confianza que puede tener el depositante local o no residente en que la casa matriz de la sucursal o sociedad anónima que está operando en Uruguay va a responder por esos depósitos. Aunque más no sea por un tema de imagen, las casas matrices van a responder por los depósitos de sus filiales locales, siempre y cuando no haya una alteración compulsiva del marco legal como la que se dio en Argentina con pesificación asimétrica o refinanciaciones forzosas o similares. Si se respeta la legislación vigente, las casas matrices van a responder porque no hacerlo sería mucho más costoso en términos de imagen, sobre todo teniendo en cuenta que las operaciones en Uruguay de los diferentes bancos internacionales son ínfimas y el costo de devolver los depósitos sería muy bajo

La confianza en el resto de las instituciones va a estar dada fundamentalmente porque estas instituciones se presenten como solventes, con planes de negocios viables y ganen dinero. Incluso tendría que hacerse una subdivisión en bancos públicos, la que queda circunscripta al BROU ya que el BHU no va a poder seguir tomando depósitos. La confianza de los depositantes en el BROU va a basarse, en primer lugar, en la gestión de la institución en cuanto a que efectivamente gane dinero año tras año para recuperarse patrimonialmente; y, en segundo lugar, en la solvencia fiscal porque, en definitiva, es el Estado el garante de los depósitos de la banca pública, que en ese sentido deben considerarse como deuda pública. Por lo tanto, la confianza última de los depositantes en la banca pública dependerá de que la situación fiscal se encamine hacia una situación que le dé solvencia económica y financiera a las cuentas del gobierno en el corto y mediano plazo. En los otros bancos locales, la confianza se va a dar si los planes de negocios de esas instituciones generan una situación de rentabilidad porque ahí no hay a priori ni respaldo del Estado ni de las casas matrices. Se podría discutir si, en el caso del NBC, el Estado no va a tener que intervenir en la eventualidad de que surjan nuevos problemas. Hoy día, sin embargo, no parece una posibilidad muy cierta que el Estado respalde explícita o implícitamente los depósitos del NBC ni del Banco de Crédito ni de las cooperativas de ahorro y crédito.

Créditos

—¿Es posible pensar en una reactivación económica mientras la disponibilidad de crédito sea prácticamente nula?

—Son muy escasas las posibilidades de reactivación en estas condiciones. En las actuales circunstancias, la reactivación debería venir por un aumento de la inversión directa en las empresas, de modo que estas últimas recompongan su capital de trabajo o realicen sus inversiones con aportes de capital de los socios y no con créditos. Debería haber un cambio en el mix de financiamiento de las actividades de las empresas, haciendo un uso más directo de la inversión directa o recursos propios de los accionistas de las mismas en lugar del crédito bancario, que va a seguir siendo bastante limitado durante un buen tiempo.

—Visto que los productores agropecuarios hoy buscan fondos afanosamente, ¿qué perspectivas existen de que otros bancos privados, además del banco recientemente creado, incursionen en esa área?

—Resulta paradójico que un sector que dice que no quiere pagar las deudas reclame crédito. Si bien no son todos los que muestran esta actitud, hay una parte importante de los productores que manifiesta que no va a pagar sus deudas o reclama condiciones especiales para pagarlas. Entonces, diría que es difícil, salvo que se den garantías reales muy sólidas y aun en ese caso, que la banca privada apunte hacia el agro porque son de dominio público los episodios en que se ha tratado de impedir los remates de bienes prendados. Por eso, no es factible que el sector agropecuario pueda aspirar a recibir créditos, ya sea del sistema bancario o de otros inversores. Es realmente una lástima porque luego del quiebre cambiario y en función de lo que está pasando con los precios internacionales de algunos commodities, sin duda el sector agropecuario debería ser un sector atractivo para recibir capitales del resto de la economía; pero es muy difícil plantear esa situación cuando muchos productores hace veinte años que no pagan y ahora demandan más crédito.

—¿Qué efectos han tenido en el mercado de crédito las medidas adoptadas por el BCU en materia de encaje cuando la crisis alcanzó su grado más alto y las disposiciones aprobadas recientemente con respecto a la evaluación de empresas y de actualización de los valores de garantías de los bancos?

—Las normas de encaje adoptadas por el BCU en el momento más difícil de la crisis esencialmente buscaban preservar la liquidez del sistema y mantener en forma líquida los nuevos fondos captados ante la eventualidad de nuevos retiros. Eso tiene un costo importante en el fondeo global de los bancos porque los está privando de la disponibilidad de una parte importante de los nuevos depósitos captados. Dado que en el contexto actual los bancos no están otorgando préstamos, creo que el efecto en términos prácticos de la medida del BCU no es muy significativo en cuanto a que esté limitando o frenando el mercado de crédito. Aunque los bancos tuvieran disponibles esos recursos, difícilmente hoy los estarían prestando. En una óptica de mediano plazo, supongo que el BCU va a ir reduciendo esos encajes tan elevados hasta llegar a eliminarlos. De lo contrario, es imposible que vuelva a renacer el crédito.

Nuevo Banco Comercial

—¿Qué probabilidades de éxito tiene la nueva institución financiera creada mediante la fusión de tres bancos quebrados?

—Ese banco está solo y depende de sí mismo para tener éxito. No tiene una casa matriz en el exterior que le sirva de respaldo ni tiene a priori el respaldo del Estado, que ha sido una de las condiciones exigidas para su creación. Por lo tanto, es necesario que esa institución gane dinero para ser viable, lo que no será fácil en un contexto económico y financiero complicado como el que Uruguay tiene por delante.

No obstante, ella tiene algunas ventajas importantes. Una es que los depósitos de los tres bancos clausurados permanecerán reprogramados hasta un plazo de tres años, lo cual le da un cierto margen de tiempo para manejar la recuperación de los activos. El segundo aspecto positivo, aunque se ha visto empañado en cierta forma por las demoras en la concreción del llamado NBC, es que teóricamente su cartera de activos debería ser fácilmente cobrable, con lo que podrían generarse ingresos sin mayores problemas ya que la cartera mala de los tres bancos que le dan origen ha quedado afuera. El tercer aspecto positivo, aunque habrá que ver cómo se maneja esta situación, es que la estructura de costos del NBC va a ser mucho más competitiva y eficiente, lo que facilitará la generación de utilidades.

—¿Cómo se podría facilitar la viabilidad del NBC?

—Durante su primer año de funcionamiento, el nuevo banco deberá perseguir dos objetivos básicos. Uno, que es de total prioridad, consiste en juntar el dinero que se necesita para devolver a los ahorristas la primera cuota de los depósitos reprogramados. El otro, que constituye una condición para el primer objetivo, es que el NBC tenga una rentabilidad positiva que sea más o menos importante, de forma tal que a la recuperación de crédito se le agreguen las ganancias obtenidas en su gestión. Si lo podrá lograr o no, la historia lo dirá.

—En el marco de la ley de creación del nuevo banco, ¿es la orientación normativa del BCU adecuada a la realidad coyuntural?

—Luego de lo que pasó con el Banco Comercial y el Banco de Montevideo y los problemas vinculados con grupos económicos que tanto tuvieron que ver con la quiebra de esas dos instituciones, el BCU solicitó una mayor cantidad de potestades de control que, aunque le parezcan excesivas a algunos juristas, van en la dirección correcta desde el punto de vista técnico de control y de supervisión del sistema. Creo que la Superintendencia de Instituciones de Intermediación Financiera del BCU ha aprendido de lo que ha ocurrido con la crisis de estos bancos en 2002 y en función de esas lecciones la legislación trata de darle al BCU un arsenal de instrumentos de control muy adecuado.

Desdolarización

—¿Es posible la desdolarizar la economía uruguaya?

—No lo veo factible en el corto y mediano plazo porque la desdolarización no la va a decretar el gobierno o el BCU sino que eventualmente la va a hacer el público, que voluntariamente en los últimos veinte años —o sea después del quiebre de la tablita— ha decidido utilizar al dólar como reserva de valor. Hasta tanto no se perciba por parte de la opinión pública que vale la pena ahorrar en otros instrumentos financieros que no sea el dólar, difícilmente se pueda dar esta desdolarización de la que tanto se habla.

—¿Cómo podría el gobierno orientarse hacia ese objetivo?

—El gobierno va a hacer todo lo posible para que eso ocurra. Lo está haciendo con la emisión de los títulos de deuda en unidades indexadas (UI). Ante las restricciones que en la actualidad el gobierno tiene para emitir deuda en moneda extranjera, probablemente intente emitir deuda en UI, pero será el público quien decida si la quiere o no. Hoy son muy remotas las posibilidades de éxito de este tipo de instrumentos. Si las circunstancias cambiasen y los agentes económicos más sofisticados pensaran que las perspectivas son de que nuevamente se den condiciones para que se vuelva a generar inflación en dólares en nuestro país de manera más o menos sostenida (o sea que retorne lo que popularmente se conoce como "atraso cambiario"), quizás los instrumentos indexados podrían tornarse más atractivos que los instrumentos en dólares. Será un tema de mercado; será un tema de percepción por parte del público. Eso no lo va a determinar el gobierno. A la prueba nos debemos remitir en la experiencia con la emisión de títulos de deuda en UI. Cuando el BCU los quiso colocar voluntariamente, no los pudo vender y luego se acordó con las Afaps realizar el primer swap.

—Por el contrario, ¿que ventajas tendría una dolarización total de la economía?

—Es un tema muy complejo porque las condiciones fiscales para tener una dolarización absoluta son las mismas que permitirían tener una moneda doméstica estable. Por lo tanto, es muy difícil pensar que hoy Uruguay pudiese ir en esa dirección ya que carece de las condiciones fiscales necesarias. Por ejemplo, no debería existir déficit fiscal, es decir que tendría que haber una situación de solvencia fiscal muy importante. Además, se debería contar con una economía real muy flexible para poder absorber los eventuales shocks externos al eliminarse el instrumento tipo de cambio. No me parece que hoy estén dadas ninguna de las dos condiciones, ni por las rigideces que tiene la economía real y, sobre todo, por la situación fiscal del país. La ventaja de la dolarización absoluta es que teóricamente eliminaría el riesgo cambiario, lo cual permitiría generar tasas de interés en la economía doméstica más bajas que las que están vigentes por tener una moneda local.

Fin de la plaza regional

—¿Puede esperarse que nuevas instituciones bancarias del exterior quieran instalarse en Uruguay en los próximos años?

—En el contexto actual, no me parece factible ya que el sistema financiero local está sobredimensionado y va a tardar bastante tiempo en recomponerse. Por tanto, a lo sumo se podría pensar en alguna situación en la cual algún banco internacional, que no esté operando en la plaza uruguaya, compre la licencia o la patente de una institución que se quiera ir. Pero aun eso lo veo difícil. Lo que sí me parece imposible es que, además de los bancos que ya funcionan localmente, nuevas instituciones vengan a instalarse.

—¿Se terminó, entonces, el modelo de plaza financiera regional en Uruguay?

—Hoy existen depositantes no residentes con ahorros reprogramados en distintas instituciones locales y con problemas muy serios en el Banco Galicia Uruguay. Por lo tanto, aquella confianza casi ciega que tenían los argentinos en la plaza uruguaya ha desaparecido. ¿Cuánto tiempo tardará esa confianza en recuperarse? No puedo predecirlo porque tampoco sé si se va a recuperar en algún momento. Eso me lleva a pensar que el modelo de plaza financiera regional que conocimos hasta diciembre de 2001, si no está definitivamente muerto, no lo volveremos a ver por lo menos durante un muy buen tiempo.

Depósitos del BROU deben ser considerados como una parte de la deuda pública

—Hoy se ha terminado el mito de que el BROU no podía caer porque contaba con la garantía del Estado. ¿Tiene esta institución un problema de liquidez como han dicho las autoridades oficiales o es sencillamente insolvente?

—No conozco a fondo la cartera de créditos del BROU, pero mi sospecha es que, además del problema de liquidez, hay un problema patrimonial muy grande que se agrava y agiganta cada vez que se le pide a este banco una condición especial de refinanciación por un determinado grupo de deudores. Considero que el BROU estuvo muy complicado desde el punto de vista de liquidez ya que tuvo que reprogramar todos los depósitos a plazo fijo. Dicha reprogramación muestra que el banco se ha visto afectado por problemas de liquidez y de solvencia. Un problema de liquidez porque, evidentemente, no tenía el dinero y un problema de solvencia porque si la cartera del BROU hubiera sido sana, se habría conseguido el capital para devolver los depósitos vendiendo dicha cartera o parte de ella. Entonces, el hecho de que hubiera que reprogramar los depósitos es una muestra indirecta que el BROU también tiene un problema de solvencia y patrimonial importante o que la cartera del BROU no es lo suficientemente buena como para conseguir la liquidez necesaria que le hubiera permitido continuar devolviendo los depósitos. En definitiva, los depositantes del BROU tienen que rezar para que el Estado uruguayo recupere su solvencia patrimonial porque es la garantía última que van a recibir sus depósitos. Por eso, los depósitos del BROU deben ser considerados a todos los efectos prácticos como una parte de la deuda pública uruguaya.

—¿Qué papel van a cumplir los bancos oficiales en los próximos años?

—Es correcto lo que se pretende hacer con el Banco Hipotecario del Uruguay mediante la reforma de su carta orgánica. Debe dejar de tomar depósitos y transformarse en lo que se conoce como un banco de segundo piso, pasando a tomar fondos en el mercado mayorista y realizando operaciones de securitización —aunque esto no fue aprobado en la ley— con su cartera de créditos. Si se le quita este instrumento, me pregunto de dónde el BHU va a conseguir fondeo para seguir operando en el mercado de viviendas. Pero, en general, la nueva legislación es muy positiva.

A su vez, el BROU deberá realizar un ajuste estructural muy importante. Tendrá que volver a ser eficiente, adecuar su estructura a las nuevas realidades del mercado y manejarse como un banco comercial y no como un banco público.

—¿Dejará el BROU de operar como un banco de fomento?

—Eso es parte del dilema. Para ser banco de fomento deberá contar con recursos del Estado. Para ser banco comercial tendrá que ajustar su estructura y trabajar como tal. No puede ser un engendro y esa es parte de la reforma estructural que se debe hacer en el BROU. La única forma posible para que el BROU subsista en el futuro es que se transforme en un banco comercial competitivo, sin injerencia política, manejado profesionalmente, etc. Si se quiere insistir con lo del banco de fomento sin que ello suponga desconocer los derechos de los depositantes, el Poder Legislativo le deberá votar los recursos necesarios todos los años para que cumpla esa función porque el BROU ya no posee capital ni cuenta con la confianza de los ahorristas como para poder seguir actuando de esa manera.

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