Miércoles 31 de diciembre de 2003 | Año 86 - Nº 29596
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06/08/03
Porotos y churrascos
AGRICULTURA VERSUS GANADERÍA

Informe elaborado por Jorge Chouy

La soja corre a la vaca; o podría decirse, con ironía surrealista: la soja, ¿se come a la vaca?, así, entre signos de interrogación.

El punto es que asistimos a una nueva fiebre agrícola, basada en los cultivos de verano –más precisamente en la soja–, exacerbada por los dinámicos empresarios y agricultores argentinos.

Y el núcleo donde se hierven estos humores está en el corazón de la zona agrícola de nuestro país, que coincide con las áreas donde se engordan los ganados de punta del rodeo nacional: los mejores campos cercanos al litoral del río Uruguay, desde la Meseta de Artigas, en Paysandú, hasta el departamento de Colonia, incluido, pasando por Río Negro y Soriano, con sus epicentros en las ciudades de Young y de Dolores.

No es, por supuesto, la primera vez que ocurre un proceso de éstos, pero en esta ocasión existen algunas peculiaridades.

Cada pocos años, algún cultivo se pone de moda; hay escasez circunstancial de algo, por la razón que sea: desastres climáticos, guerras, vaivenes de políticas planetarias. Se provocan explosiones coyunturales de la demanda y el grano de turno ocupa los titulares de la prensa mundial. Sus precios se disparan en los mercados internacionales y de inmediato se genera entre los chacareros de todos lados una ansiosa carrera para capturar la esquiva liebre de la ganancia. Los castigados, y aun entusiastas agricultores compatriotas, siempre en busca de salidas del barrial en que peludean, también participan –como pueden– de la carrera, que finalmente (esta vez sí) los saque del pozo.

Soja poderosa

En este caso, el aumento de los precios de los oleaginosos (nuevamente la soja en primer lugar) en los centros de comercio mundial provocó una expansión arrolladora del cultivo en nuestra región, que se convirtió rápidamente en la principal productora y exportadora del mundo, desplazando de ese sitial a Estados Unidos, el tradicional productor hegemónico de este grano.

El mismo USDA1 pronostica, para la próxima cosecha, que Brasil y Argentina producirán conjuntamente 93.000.000 de toneladas, frente a unos 78.000.000 de EE.UU. Si sumamos Bolivia y Paraguay, se deben agregar otros 5.000.000 de toneladas a la oferta regional. Uruguay, como siempre, acompaña estos movimientos desde atrás y desde lejos.

En nuestra escala, de cualquier manera, el crecimiento es impactante: año a año, desde hace dos campañas, se viene duplicando el área de siembra y se espera que ocurra otro tanto en el ejercicio que recién iniciamos. Para la próxima temporada, puede ser que se siembren unas 140.000 hectáreas, lo que podría aportar unas 320.000 toneladas de grano, si se repiten los rindes de la última cosecha. Algunos operadores estiman que el crecimiento habrá de continuar hasta alcanzar las 500.000 hectáreas de siembra, lo que implicaría un cambio sustancial en la estructura y en la estrategia productiva del país.

Para explicar la intensidad y dimensión de este movimiento, hay que recurrir tanto al aumento de la demanda mundial de la soja –que sostiene los precios en niveles que hacen rentable su cultivo– como a los cambios tecnológicos en la base de producción: la siembra en directa y la soja RR otorgan a los agricultores una eficiencia hasta ahora desconocida.

Pero no es sólo eso: la presencia de inversores argentinos, quemados o asustados por la quiebra del sistema financiero, alimenta los tractores y las cosechadoras con sus capitales a través de distintos mecanismos –como los fondos de inversión–, forzando la marcha, impulsando hacia nuevos horizontes a sus emprendedores y audaces socios chacareros.

Es la hora de "cruzar el charco", reconoce el diario argentino La Nación en un informe sobre la opción agrícola en Uruguay. Como resultado de este avance, los precios de los campos, de los arrendamientos y de las medianerías sobre cultivos de la zona agrícola se han disparado a niveles inéditos.

Los de esta banda

A diferencia de los argentinos, nuestros inversionistas, amedrentados por fantasmas parecidos, se volcaron preferentemente a la ganadería, o a la compra de tierras, entre otras razones por la falta de disponibilidad de instrumentos viables para canalizar su capital hacia otras áreas, como la agricultura.

Los agricultores compatriotas, muy golpeados por los fracasos de las últimas dos cosechas de los cultivos de invierno, acarreando un endeudamiento aplastante, sin crédito disponible, enfrentan en desventaja la competencia argentina y deben salir a competir por tierra para plantar, pagando precios de alto riesgo.

Algunos, los de más musculatura, dan la pelea. A otros les queda la chance de brindar servicios agrícolas a los recién llegados, cobrando como contratistas de maquinaria, sin correr con los riesgos, ni aspirar a la obtención de créditos del resultado del negocio.

Los propietarios de las tierras que se están contratando para plantar logran rentas más que tentadoras; superiores, en general, a las alternativas de una producción propia, por lo que están abandonando las chacras -y también las praderas y los campos de pastoreo- a los "invasores".

El rugido del tractor ahuyenta a los novillos hacia otros territorios, trastocando esquemas que hasta ahora eran vistos como inamovibles: el sólido sistema agrícola-ganadero propio del Uruguay.

Sobre el alcance de este fenómeno, aún incipiente, sobre sus virtudes y defectos, y sobre sus probables consecuencias, versa este informe.

1 Sigla del Departamento (Ministerio) de Agricultura de Estados Unidos.

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