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30/01/03
Grandes transformaciones en la biblioteca de Derecho
La gran transformación comenzó en 1996 con una reforma profunda. Hay modernos equipos y bases de datos

ALVARO CASAL

Los cimientos de piedra de la Facultad de Derecho rodean gran parte de la biblioteca que se extiende largamente en un subsuelo que combina elegantemente lo histórico y lo moderno. Pero no está solamente allí, este conjunto de libros que arrancan del año 1577 y que forman la segunda biblioteca del Uruguay. Libros y revistas se elevan por estanterías y más estanterías, a las que se accede por añosas escaleras con peldaños de roble y estructuras de metal elaborado.

El periodista es recibido por el Decano de Derecho, Dr. Alejandro Abal Oliú, la Bibliotecaria Directora Nidia Bruzzese y el asistente académico del Decano, Gustavo Torres.

En primera instancia evocan que la enseñanza del Derecho comenzó en Uruguay en 1836, y que la biblioteca existe desde la fundación de la Universidad, pero que ésta desde 1885 es independiente.

EL DECANO. Recorriendo los anaqueles con la mirada, el Decano señala que hay allí más de 450.000 volúmenes. Torres, baraja algunos números: indica que la Biblioteca Nacional tiene un millón de volúmenes, pero que si se unieran todas las bibliotecas de la Universidad de la República, es decir, las de todas las facultades, entonces el volumen superaría al de la Nacional.

Y la biblioteca sigue creciendo: recibe entre 8.000 y 10.000 libros por año, en las instalaciones montadas dentro del edificio que el arquitecto Aubriot diseñó y que se inauguró en 1913.

Desde 1994 todo lo que llega se va informatizando. Lo demás, se va digitalizando.

Pero la gran transformación de la biblioteca tuvo lugar a partir de 1996. Entonces comenzó una reforma profunda que culminó en 2001 (aunque aún falta continuar las obras en parte del subsuelo que recorre una cuadra de ancho).

LA CAIDA. Nidia Bruzzese recuerda algunos traspiés de la paciente restauración. Como cuando en febrero de 2001, hubo un derrumbamiento en un área importante. "Eran las veinte y diez", evoca. "O sea, diez minutos después de irse todos. Se desplomó entero el cielorraso".

Pero aquel problema fue superado y quizás contribuyó a una restauración más profunda, más completa de lo que hoy se halla incluido en un inmueble que es "monumento histórico". Bruzzese indica que el arquitecto Sergio Dantas de la Dirección General de Arquitectura, encargado de la obra, ante la caída del techo, dijo: "Es ahora o nunca. Acá no hay emparche".

A medida que se recorre todo aquello, es posible avizorar tomos que realmente sorprenden, como "Les six livres de la Republique de Bodin", donde en 1577 se justificaba el absolutismo. Otros escritos esperan su restauración, como lo hace un conjunto de tesis de 1840, de la "Academia del Cerrito", con trabajos de personajes como Magariños Cervantes o Adolfo Pedralbes.

FILIGRANAS. Hay libros que parecen más allá de una posible restauración. Pero Bruzzese se muestra optimista, aunque las páginas que toma entre dos dedos, parecen más filigranas que hojas. "Todas comidas por el pez de plata", dice. Pero sonriendo y mirando un libro de 1758, explica que son "patologías de los libros", los que luego son desarmados, para inyectarles pulpa de papel que cubre todos los huecos. De paso, la experta hace algunas recomendaciones para que los libros vivan más. Por ejemplo: "Nunca comer arriba de los libros, porque las migas que caen se transforman en bacterias".

La labor iniciada no se puede detener. Así por ejemplo, la automatización que empezó en 1994 con "software" de Unesco, continúa y a partir de ahí no se hicieron más fichas, sino bases de datos. Bases que revelan cosas como que hay 1.200 autores jurídicos nacionales.

También van surgiendo datos interesantes que permiten realizar cosas como la búsqueda de un vocabulario nacional jurídico controlado, ya que se encontraron 7.500 términos jurídicos cuya vida debe ser monitoreada. ¿El término se mantiene o sólo se usó una vez?

Las computadoras son omnipresentes. Torres las señala y comenta: "Hay cuarenta puestos de trabajo, con ingreso a Internet por computadora".

Mientras Abal, Torres y Bruzzese caminan, observan, explican, van saludando funcionarios y alumnos que lucen inmersos en ese vasto reservorio de saber que es la biblioteca de la Facultad de Derecho. Un mundo aparte, climatizado, ordenado, asombroso, que durante la visita hace pensar que no se está en el Uruguay de hoy, sino en un ámbito de una universidad europea.

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