Resulta difícil creerlo: Enron, poderosa empresa
dedicada a la generación y comercio de energía y otras
áreas, se declaró en quiebra. Miles de empleados que
tenían acciones, quedaron en la ruina.
USA TODAY I Houston y Washington
Enron -fundada en 1985 por la fusión de Houston
Natural Gas e Internoth of Omaha- figuró entre las siete
empresas más importantes de Estados Unidos. Tenía
ingresos superiores a los U$S 100.000 millones
anuales y sus acciones llegaron a cotizarse en Wall
Street a U$S 93. Recibía elogios de los analistas
financieros y bursátiles.
Llegó a comercializar el 20% del gas y la energía
elétrcica que consume Estados Unidos, con picos que
llegaron hasta el 50%, y el volumen de sus negocios
seguía creciendo. Pero, esa historia de éxito tuvo
abrupto final. La empresa, después que buscó
infructuosamente el apoyo del gobierno -el presidente
George W. Bush y dos Ministros tenían amistad con el
jerarca máximo de Enron y habían recibido
contribuciones a sus campañas electorales, pero ello
no incidió y le negaron asistencia- se declaró en
quiebra ante el asombro general, especialmente de
sus 21.000 empleados que quedaron en la calle y sin
dinero. Ahora, es la empresa en bancarrota más
grande de la historia y sus acciones valen centésimos.
Enron se transformó de una anodina compañía de
gasoductos y electricidad en la más grande compañía
de comercio electrónico en el mundo, que innovó en el
comercio de energía a gran escala. Giró en torno a la
supercomputación, una operación tan compleja que
aparentemente pocos analistas entienden porqué
ganó y perdió dinero.
La tecnología moderna le permitió mayormente
ampliar su acción, pasando de ser dueña de
gasoductos y plantas eléctricas a intermediario o
corredor en el salvaje negocio de la energía
desregulada. Cuando las temperaturas se elevaron en
California, por ejemplo, el sistema de comercio
electrónico EnronOnline permitió que las compañías
de energía de ese estado encontraran una compañía
que tuviera electricidad para vender.
En un mundo de precios de energía volátiles, Enron
permitía a las compañías proteger su riesgo al
comprar energía anticipadamente por años. El mismo
sistema permitía a Enron hacer lo mismo para otros
productos, que van desde madera aserrada hasta
plásticos y metales o tiempo de publicidad de TV y
ancho de banda. Adquirió plantas de energía por
muchos miles de millones de dólares alrededor del
mundo y buscó la oportunidad de venderlas.
Enron también vendía productos exóticos, tales como
los llamados ``derivatives`` de clima que permiten a las
compañías protegerse contra inesperada adversidad
climática. Por ejemplo, Enron ofreció a Burlington Coat
Factory una protección de clima por U$S 2 millones y
habría pagado U$S 12 millones si el invierno fuera
extremadamente caluroso. Enron también maneja los
costos de energía de hoteles y centros comerciales.
Tiene todavía 48.000 kilómetros de gasoductos, a lo
largo de los cuales ha instalado 24.000 kilómetros de
fibra óptica para trasmitir datos digitales.
GRAVES PROBLEMAS La salud de Enron dependía en
gran medida del volumen de transacciones de
comercio electrónico. Pero en agosto, el director
ejecutivo Jeffrey Skilling de repente renunció, citando
``razones personales.``
Aparentemente, Enron había estado transfiriendo las
pérdidas a sociedades parcialmente propiedad del
director financiero de Enron, Andrew Fastow. Enron
gradualmente dio a conocer esas pérdidas en sus
libros: U$S 618 millones en el tercer trimestre.
Cuando las pérdidas llegaron a U$S 1.200 millones,
las pagó con acciones, lo que redujo el valor de la
compañía. Pronto, la Comisión de Mercado de Valores
estaba investigando, Fastow fue despedido y una
fusión de rescate con Dynegy se desmoronó. La
pérdida de la confianza causó que los clientes se
alejaran, y una declaración de bancarrota llegó
rápidamente.
Los expertos sostienen que Enron creó lo que se
llaman ``entidades de propósito especial`` para
esconder las pérdidas. Las firmas pueden tener
``entidades de propósito especial,`` pero éstas deben
ser empresas legítimas fundadas por personas
ajenas a la firma principal. Enron usó muchas de
estas sociedades, incluyendo a Jedi y Chewco,
nombres inspirados por ``La Guerra de las Galaxias``.
Las sociedades no pasaron las normas contables y
habían continuado en los libros de Enron, causando
una disminución de U$S 1.200 millones en el valor de
capital y un éxodo masivo de las acciones Enron.
OPERACION ENGAÑO Una de las preguntas que todo
el mundo se hace es cómo pudo Enron engañar a
tanta gente. Fuera de la administración de Enron,
había dos grupos cuyo apoyo convencieron a los
inversores de que ésta era exitosa, de acuerdo con lo
que indican observadores: la firma de auditoría Arthur
Andersen y los analistas de Wall Street.
La oficina en Houston de Arthur Andersen manejó la
cuenta de Enron durante muchos años. Esta estuvo
involucrada en la estructuración de algunas de las
sociedades de Enron. El año pasado, Enron pagó a
Andersen un millón de dólares por semana por
auditoría y otros servicios.
Los críticos argumentan que eso hizo a la firma menos
dispuesta a revisar los libros de Enron. Al dar
testimonio ante el Parlamento, el mes pasado, el
director ejecutivo de Andersen, Joe Berardino admitió
que su firma había cometido errores de juicio.
También dijo que una vez que la oficina en Houston se
dio cuenta de la verdadera naturaleza de la propiedad
de algunas sociedades, notificó a la junta de consejo
de Enron de ``posibles actos ilegales.`` Aunque
Berardino prometió que Andersen haría todo en su
poder para llegar al fondo del desorden de Enron, su
oficina en Houston destruyó miles de documentos
significativos entre septiembre y noviembre del año
pasado. Algunos fueron destruidos después de que la
Comisión de Mercados de Valores comenzara su
investigación. Eso ha provocado reacciones de
indignación.
Los acreedores y socios comerciales de Enron
perdieron dinero con el colapso de la firma. Pero
fueron los accionistas de la compañía los que
perdieron más. Las acciones, hoy en día valen
centésimos. Muchos de los accionistas de Enron eran
sus empleados, cuyos planes de retiro consistían en
acciones de la empresa. Los empleados coinciden en
señalar que la empresa los alentó a comprar acciones
de Enron, y restringió su capacidad de cambiarlas por
inversiones más diversificadas.
El 17 de octubre de 2001, al mismo tiempo que estaba
reduciendo su capital de accionistas en U$S 1.200
millones, la empresa cambió a los administradores
del plan. Esto resultó en la suspensión de toda
transacción de acciones por dos semanas, evitando
que los empleados y retirados vendieran las acciones
de Enron mientras su precio estaba en picada. Miles
de trabajadores activos y en retiro vieron cómo se
destruyeron sus ahorros.
El trío del sube y baja
IMPULSOR. El economista Kenneth L. Lay, presidente
de Enron, modificó el mercado de energía de Estados
Unidos, al convertir a una operadora de gasoductos y
usinas, en la mayor empresa de comercio de energía
del mundo. Cuando la empresa comenzó a zozobrar,
no pudo dar explicaciones satisfactorias sobre las
finanzas de la empresa ni a los operadores de Wall
Street ni a su rival, Dynegy Inc., que ofreció rescatar a la
empresa, pero luego se retiró.
AUDAZ. Jeffrey K. Skilling era el número dos de Enron,
cultivando una cultura empresarial creadora y
despiadada. Impulsó a la empresa hacia nuevos
mercados como los de los químicos, agua y servicios
de Internet de alta velocidad. Renunció en agosto de
2001.
REEMPLAZADO. Andrew S. Fastow era gerente
financiero. Fue sustituido en octubre de 2001 para
aplacar a los inversores y reguladores que habían
cuestionado una serie de entidades especiales
asociadas a Enron, que le significaron pérdidas por
U$S 600 millones. Fastow ganó U$S 30 millones de
sus inversiones en esas entidades.