07/07/01
LEONARDO HABERKORN, GUSTAVO ESCANLAR
HACE POCAS SEMANAS, tres niños murieron
calcinados en una vivienda de la calle Teniente Rinaldi,
en la Unidad Casavalle. Su madre había ido a buscar a
otra hija a la escuela y, por seguridad, los dejó en la
precaria vivienda encerrados con llave. Cuando
empezó el incendio, no pudieron escapar. La casa se
quemó totalmente en 15 minutos. Los bomberos
demoraron media hora.
Pero los niños se pudieron haber salvado. Desde
hacía años se sabía que en esa zona se necesitaba
un destacamento de bomberos, porque si no las
casas se terminan de quemar antes de que llegue el
primer coche bomba. Por eso, hace 14 años se había
comenzado a construir un cuartelillo. Pero la obra se
dejó un día por la mitad. Y la mitad de un cuartelillo de
bomberos no sirve para salvar la vida de tres niños. Ni
de uno. En realidad, no sirve para nada. O peor: es
sólo dinero malgastado. Nuestro dinero tirado a la
basura y tres niños muertos.
"Para colmo y vergüenza de nuestras autoridades,
hace unos meses se incendió otra vivienda frente al
cuartelillo sin terminar y falleció una niña de 2 años",
relató a El País en la ocasión Elida López, edil y vecina
de la zona.
Lo del cuartelillo de bomberos que lleva 14 años sin
ser terminado puede ser la historia más dramática del
Uruguay a medias, pero no es la única.
En mayo también se informó que en Paysandú se
volverá a trabajar para tratar de terminar una obra
dejada inconclusa... ¡hace más de medio siglo!
"Tras una suspensión en sus obras de 55 años, será
concluida finalmente la construcción de la represa del
Chingolo, sobre el arroyo que lleva el mismo
nombre...", dijo la crónica. Guy Crouzet, nuevo
concesionario de la obra, afirmó que terminar la
represa es importante porque ella "en su momento
implicó una gran inversión nacional". Es así: millones
de nuestro dinero está "depositado" en inútiles obras y
proyectos a medio terminar.
Ahí tenemos al Palacio de Justicia. Esa mole de
cemento en la plaza Independencia, entre el Solís y la
ex casa de gobierno, se comenzó a construir hace
cuatro décadas. Durante mucho tiempo fue un
esqueleto inmenso en el costado de la plaza. Dicen
que Juan Carlos, el rey de España, cada vez que
visitaba la ciudad, preguntaba: "¿todavía no lo
terminaron?", hasta que al fin se acostumbró y dejó de
preguntar. Para evitar incómodos interrogantes,
alguien tuvo la idea, genial, de rodearlo de vidrios
espejados. Pero adentro sigue vacío.
Un lector de El País identificado como J.R. publicó
meses atrás una carta mostrando su preocupación
sobre este tópico: "existen edificios en Montevideo que
no están terminados. Su construcción se encuentra
suspendida. Y es francamente desagradable el
espectáculo que brindan".
En el corto plazo, no es de esperar que la situación se
modifique. Pero puede solucionarse a la uruguaya:
inaugurando los edificios a medio terminar. Como
pasó con el auditorio del Sodre, que se incendió en
1971, comenzó a reconstruirse en 1987 y se
reinauguró en 2001 con sus obras terminadas... a
medias. Y para la ocasión se puso en escena la opera
Aída... a medias.
No fue el primer caso, por supuesto. Hace pocos
meses vimos al entonces presidente Julio Sanguinetti
inaugurando la torre de Antel... a medio terminar. Quien
no pudo concurrir a la ceremonia no debe angustiarse:
seguramente otro presidente la inaugurará
nuevamente luego.
Sí, porque en Uruguay las obras pueden inaugurarse
dos veces: como el hospital de Las Piedras,
inaugurado primero por el presidente Luis Lacalle en
1995 y luego por Sanguinetti, en 1997.
Pura dinamita
Esto de hacer las cosas a medias viene de lejos. El
mismísimo estadio Centenario se inauguró sin estar
terminado. El proyecto original preveía una capacidad
para 102.000 espectadores, pero la fecha de inicio del
Mundial del 30 se nos vino encima y hubo que dejarlo
en 70.000. Además nunca se colocó el ascensor que
debía llevar la torre de los Homenajes, ni la estatua
que ésta debía llevar en la proa que mira hacia la
cancha.
Al proyecto original del Palacio Municipal se le sacaron
40 metros de altura. La Facultad de Ingeniería nunca
fue terminada del todo.
En 1973 se volaron con dinamita las torres del nunca
terminado aerocarril que debía unir la playa Malvín y la
isla de las Gaviotas. Las obras habían comenzado
décadas atrás, pero nunca pasamos de tener
instalado medio aerocarril en Malvín. Cuando, tras
años y años de contemplar la absurda e inútil
estructura nos dimos cuenta de que así, por la mitad,
no servía para nada, decidimos hacer algo.
¿Terminarlo? No, tirarlo abajo.
Menos mal que a nadie se le ocurrió demoler el
verdadero Monumento del Uruguay a Medias, ubicado
en la laguna Garzón, que separa a Maldonado de
Rocha.
Para algunos hacer un puente sobre esta laguna es
muy necesario: así el turismo que llega a Punta del
Este se expandirá también a Rocha llevando dinero y
oportunidades de trabajo a ese necesitado
departamento. Pero para otros hacer el puente es muy
malo: las urbanizaciones crecerían en Rocha de la
misma forma desordenada que lo han hecho en
Canelones y Maldonado, provocando un severo daño
al medio ambiente y destruyendo la costa. Entonces
¿hacer el puente es bueno o malo?
--¡Es bueno!
--¡No, es malo!
--¡Es bueno!
--¡Es malo!
¿Cómo podemos solucionar este dilema? ¡Ya está!
¡¡Haciendo medio puente!!
Ahí en la laguna Garzón está el Monumento al Uruguay
a Medias: medio puente, inútil, ridículo, en la mitad de
la nada.
Lo que tenemos
No se trata sólo de las grandes obras. Es algo más
grave, que afecta todo lo que se hace en el país,
incluso las cosas más nimias y cotidianas.
Tenemos un servicio para pedir hora por teléfono para
sacar la cédula, pero cuando uno llama casi nunca hay
números. Tenemos semáforos pero los respetamos a
medias. Tenemos líneas de ómnibus que tienen
horarios, pero éstos son secretos.
¿Cree que la solución es viajar en taxi? No se
entusiasme: no hay escape del Uruguay a medias.
Todos los taxis pusieron mampara, pero muy pocos
tienen los cinturones de seguridad para evitar que el
pasajero se deshaga el rostro contra ella en la primer
frenada. Parece tomada de pelo, pero en muchos
casos el taxi tiene colocado en sus asientos
posteriores... ¡la mitad del cinturón!
"Le decimos al usuario que use el cinturón de
seguridad. Personalmente cada vez que he viajado en
taxi he intentado usarlo y no he podido dado que no
existe o está incompleto", se quejó por carta Inés
Pazos, otra lectora de El País.
Su queja no cambió nada: la misma Intendencia de
Montevideo capaz de movilizar a toda una inflexible
gestapo para detener (con dudosa legalidad) a los
autos empadronados en otros departamentos, no
puede controlar que los taxis cumplan con las normas
respecto a los cinturones de seguridad.
Independencia
Sucede que, en Uruguay, infinidad de normas y leyes
se cumplen a medias. Y no es algo nuevo.
El 25 de agosto de 1825 los patriotas sancionaron
simultáneamente dos leyes fundamentales para el
destino de esta tierra. Una declaró "írritos, nulos,
disueltos y sin ningún valor para siempre" los lazos
que ataban a la Provincia Oriental con los imperios que
la pretendían. La otra, declaró nuestra unión a las
Provincias Unidas del Río de la Plata. No hace falta
decir que la voluntad de los patriotas se cumplió a
medias: independencia sí, unión no.
Quizás allí esté la clave del asunto: el país nació con
un mandato a medias. De allí en adelante todo fue por
mitades. Incluso la actual Constitución se cumple a
medias.
"Artículo 8. Todas las personas son iguales ante la ley
no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la
de los talentos y virtudes". Esto se cumple... salvo para
los ministros y ex ministros, que son inimputables.
"Artículo 26. (...) en ningún caso se permitirá que las
cárceles sirvan para mortificar, y sí sólo para asegurar
a los procesados y penados, persiguiendo su
reeducación, la aptitud para el trabajo y la profilaxis del
delito". Las cárceles uruguayas "aseguran" a los
presos bastante bien, pero cumplen bastante mal con
sus otros cometidos.
"Artículo 45. Todo habitante de la República tiene
derecho a gozar de una vivienda decorosa". Según los
últimos datos, 373.000 uruguayos viven en
condiciones de hacinamiento.
"Artículo 55. La ley reglamentará la distribución
imparcial y equitativa del trabajo". En principio,
cualquier uruguayo puede conseguir cualquier empleo.
Pero tener el padre, esposo, hermano, tío, padrino
adecuado ayuda en todas las empresas, públicas y
privadas. En el Estado basta repasar la lista de
beneficiarios de los "contratos de obra" para ver cómo
se respeta la imparcialidad y equidad que ordena la
Constitución.
Para el empresario Alfredo Etchegaray en esa forma
de repartir el trabajo está una de las claves de por qué
nos va como nos va. "Las personas son colocadas en
los cargos porque son amigos de alguien. Esto es así
desde hace décadas. En vez de poner al mejor técnico
para la tarea, ponemos al amigo del amigo de un
amigo. Y así no se puede llegar a ningún lado".
Todo se arregla
Otro artículo de la Constitución que se cumple a
medias es el 267. Dice que "para ser intendente se
requerirán las mismas calidades que para ser
senador, necesitándose, además, ser nativo del
departamento o estar radicado en él desde tres años
antes..." Pero ya hemos visto que, cuando el candidato
o la candidata son importantes y no cumplen con el
requisito, el asunto se arregla.
Todo se arregla en Uruguay, aunque casi siempre a
medias.
Algunas, pocas, líneas de ómnibus publicitan sus
horarios, como sucede en los países civilizados. Eso
ocurre por ejemplo con el D1, el rápido que une
Ciudad Vieja y Carrasco.
Es una línea que cumple su servicio, generalmente
con eficacia y regularidad. Pero cada tanto un coche se
rompe y el usuario debe permanecer en la parada
otros 21 minutos esperando la próxima frecuencia.
Tras el plantón, usted puede telefonear a un número
que Cutcsa pone a su disposición para averiguar qué
pasó con el coche que no pasó.
--Ese coche tuvo una panne. Panne es una palabra
que tenemos nosotros para decir que el ómnibus se
rompió.
--¿Y no tenían otro coche para poner?
--No, no tenemos.
--¿No hay nada previsto para cuando falta un coche?
--Lamentablemente no.
--Pero esa es una línea con horarios. Uno va confiado
a la parada y no puede quedarse media hora parado
esperando al próximo coche.
--Lo entiendo perfectamente, pero si hay una panne no
podemos hacer nada.
--¿No pueden poner otro coche?
--No tenemos.
--¿No pueden avisar?
--¡No!
O sea, un gran servicio... a medias.
Otro caso de este tipo es el de los cajeros
automáticos. Tenemos decenas de cajeros
automáticos distribuidos a lo largo y ancho de la
república... pero cuando uno los necesita no tienen
plata, o están fuera de servicio, o están siendo objeto
de tareas de mantenimiento, o no tienen papel para
darte el recibo, o tienen papel pero la cinta de la
impresora está gastada, o la impresora está mal
programada y desde hace meses escribe en un
idioma inintelegible.... ¡Incluso dan billetes falsos y
después nadie se hace responsable!
El lector Líber Trindade contó a El País una experiencia
típica del mal funcionamiento de estos cajeros.
"Realicé una extracción el día 17 de abril y (el cajero)
me emitió un comprobante, pero no me dio el efectivo.
Estuve 15 minutos para lograr comunicación por el
teléfono, presenté nota al banco, con la queja por
todas las irregularidades y recién el 27 se me acreditó
la plata en la cuenta".
Para el periodista Tomás Linn este mal servicio de los
cajeros automáticos uruguayos es sintomático de un
estado de las cosas, tal como escribió en una
columna que se publicó el 22 de febrero en Búsqueda:
"El sistema de cajeros automáticos fue un sistema
que parecía revolucionar la vida cotidiana de la gente.
Pero si para ello hay que recorrer tres cajeros al día (...)
para encontrar al que tenga dinero, o si el papel que
indica los movimientos de la cuenta aparece en blanco
porque se acabó la tinta, entonces por más moderno
que sea el sistema, es otra cosa la que falla".
Consultado al respecto, Linn sostuvo que lo que falla
es nuestra mentalidad. "Podemos traer la mejor
tecnología al país, pero si la aplicamos con la misma
cabeza de siempre no va a funcionar. Lo que está
haciendo falta es la modernización de nuestras
cabezas. Esa es la materia pendiente para los
uruguayos".
Linn cree que la actual mentalidad uruguaya es más
poderosa que las mejores tecnologías que hay por el
mundo. "Siempre encontramos la vuelta de tuerca que
permite arruinar lo que parece ser un avance genial.
Ahora tenemos el ejemplo del comercio por internet:
parecía ser una maravilla al alcance de cualquier
ciudadano de clase media. Pero ya le encontramos la
vuelta para trancarlo".
"Esto que pasa con los cajeros automáticos y con el
comercio por internet --agregó Linn-- pasa con muchas
otras cosas. Pero nadie parece darle importancia.
Muchas cosas se hacen a medias en Uruguay, con
una evidente desconsideración al usuario, al cliente.
Pero el uruguayo las toma como si fuera algo natural.
La reacción típica es decir: `que le vas a hacer` o `las
cosas son así`. Nadie se indigna. El uruguayo está
resignado".
Casi pronto
Incluso para protestar hacemos las cosas a medias.
¿Cómo se hace una huelga de hambre en Uruguay? A
medias. El 22 de junio, el semanario Brecha describió
así la huelga de hambre que hoy está realizando el
periodista José López Mercao en reclamo de los
haberes que le adeuda el Sindicato Médico: "... ingiere
su litro diario de caldo de verduras colado al que se le
agregan cuatro claras de huevo, sal y dos cucharadas
de aceite, bebe hasta un litro de té azucarado y deja
derretir en la boca 50 gramos de chocolate en barra".
Y es que hacer las cosas a medias es casi un santo y
seña oriental.
Medio país trabaja a medias. Trabajan a medias los
inspectores de la DGI que auditan al pequeño
comerciante y hacen la vista gorda con las grandes
empresas, tal como reseñó un informe reproducido
recientemente por Búsqueda. Trabajan a medias los
policías que cuando uno hace una denuncia prefieren
quedarse en la seccional haciendo tiempo, anotando
tu nombre, el nombre de tus padres, tu dirección y tu
teléfono, en vez de salir a buscar a los que te robaron
hace cinco minutos en la otra cuadra. Trabajan a
medias los inspectores de tránsito que multan pero no
ordenan la circulación. Trabajan a medias miles de
funcionarios públicos que, con total descaro, todavía
cuelgan en la oficina ese cartelito, que usted habrá
visto mil veces, en el que hay cuatro muñequitos
tirados en el piso, muriéndose de risa, con la leyenda.
"¿para cuándo dijo que lo quería?".
Quizás el resumen más perfecto de este modo
uruguayo de encarar la vida a medias fue plasmado en
una mítica frase atribuida al presidente Lacalle: "Yo
hago como que les pago y ellos hacen como que
trabajan".
Pero no sólo los empleados públicos trabajan a
medias: trabajan a medias decenas de empresas
privadas que pueden darse el lujo porque no tienen
competencia, monopolios u oligopolios amparados en
leyes abusivas. Trabajan a medias los médicos que te
dicen que te operan dentro de dos meses por la
sociedad, pero mañana si les mostrás los billetes.
Trabajan a medias muchos pseudo-periodistas
radiales o televisivos que lo único que hacen es leer lo
que otro escribió antes en un diario. Hasta los
mediocampistas uruguayos trabajan a medias: son
"volantes de creación" o "volantes de recuperación",
pero las dos cosas al mismo tiempo nunca.
"Es un problema de actitud ante la vida", reflexionó el
médico y ocasional candidato político, Roberto
Canessa. "Una vez, cuando hacía campaña, dije en
una radio que había que trabajar 12 horas por día.
Cuando salí y vi a toda la gente en la playa, pensé:
`estoy loco, no me va a votar nadie".
Y tuvo razón: no lo votó nadie.
Gobiernos a medias
Los votos se fueron para otro lado y permitieron que
Jorge Batlle lograra por fin ser presidente y tener las
riendas del gobierno.
Desde la Presidencia, Batlle ha denunciado muchas
incongruencias uruguayas del tipo de las arriba
reseñadas, pero casi todo ha quedado... a medias.
Entre setiembre y octubre se divulgaron los
escandalosos detalles de la escala salarial de los
funcionarios públicos. Los datos revelados eran casi
insultantes para el sentido común: mostraban que
mientras un ascensorista del Banco Central gana
17.000 pesos, una maestra gana menos de 3.000.
Pero la campaña quedó ahí, a medio camino: no se
cambió nada y los sueldos del Estado siguen
distribuyéndose de la misma escandalosa forma.
Se prometió colocar al frente de las empresas
públicas a los más capaces: no se lo hizo, pero el
presidente se consuela diciendo que quienes están al
frente de estas empresas no saben nada.
Se gastó mucho dinero en combatir el contrabando,
pero en todas las ferias se siguen vendiendo los
productos contrabandeados. Algunos bagayeros
fueron presos, pero todo parece indicar que los
grandes empresarios del contrabando siguen tan
campantes. "En el Uruguay siempre termina faltando la
localización de los responsables. Muchas veces.
Demasiadas veces", se lamentó el periodista Emiliano
Cotelo cuando analizó el tema en radio El Espectador.
No es un problema de partidos: la Intendencia de
Montevideo demostró que también sabe hacer las
cosas a medias. Por ejemplo: tercerizó la recolección
de residuos... en media ciudad.
Hoy tenemos media ciudad donde la basura se recoge
más eficientemente y a menor costo. Y media ciudad
donde sucede todo lo contrario. La mitad de los
basureros (los de la Intendencia) recogen menos
basura pero ganan tres o cuatro veces más que la otra
mitad (los que trabajan para las empresas privadas).
Diciendo defender al obrero, la Intendencia creó un
sistema en que dos trabajadores que hacen el mismo
trabajo ganan salarios muy distintos.
Socialtalismo
Uruguay no es capitalista ni socialista... es mitad y
mitad. Pero a diferencia de otros países que han
tratado de tomar lo mejor de cada modelo, nosotros
elegimos lo peor de cada uno. Del capitalismo
tenemos desempleo y desigualdad social. Del
socialismo, burocracia y nomenklatura.
Sancionamos una ley de estímulo a las inversiones,
pero cuando viene un inversor a reclamar los
beneficios que le otorga la ley, la burocracia lo tranca.
El suplemento Economía y Mercado de El País relató el
18 de junio lo que pasó con el proyectado estadio de
Peñarol en Solymar. "Fuentes vinculadas al grupo
inversor señalaron que esperaron ocho meses la
aprobación por parte del Ministerio de Economía de los
beneficios fiscales establecidos en la Ley de
Inversiones, sin obtenerse resultados positivos. Luego
de dicho período los empresarios decidieron trasladar
la inversión a otro país de la región".
Para Etchegaray ahí está la clave del Uruguay a
medias: "Trancamos todo de tal modo que la gente
que hace cosas sólo sueña con irse. Toda empresa
es inviable. Uruguay es una máquina de impedir. Si
usted va a comprar un quiosco no se le ocurre
contratar mil empleados. Uruguay es eso, un quiosco
con mil empleados. Hay 300.000 empleados públicos
donde debería haber 50.000. Tenemos un
presupuesto de Defensa de 400 millones de dólares
para mantener barcos viejos, pero ni siquiera
ponemos un museo para cobrar entrada por ver a los
barcos viejos. ¿Para qué los queremos?".
El empresario Julio Sánchez Padilla coincidió en que
"la burocracia frena muchas cosas" pero también
señaló que "otras muchas cosas quedan a medio
camino por culpa de la acción extremadamente político
partidaria que tiñe todo el quehacer nacional. Acá el
gobierno dispone algo y es tanto lo que se hace en
contra de lo dispuesto, que al final no se termina de
cumplir ni lo que quiso el gobierno ni lo que pretende
la oposición".
"Además --agregó-- los uruguayos se oponen
tenazmente a cualquier iniciativa que pueda ser
exitosa".
Para Canessa, las cosas vienen más por ese lado: un
problema de mentalidad. "Nos falta tenacidad para
cumplir nuestros objetivos. En vez de estudiar vemos
Gran Hermano. En vez de discutir a Sócrates o Platón,
hablamos de Tamara y de Gastón. Somos
especialistas en las angustias existenciales del Río de
la Plata. Tenemos un país maravilloso, pero no vemos
sus ventajas comparativas y no sabemos
aprovecharlas. Vivimos paralizados por el permanente
análisis. Y el mundo no se va a detener para ver qué le
pasa a la gente del Uruguay".
Hace muchos años, el fundador de la ciencia
uruguaya, Clemente Estable, escribía y aconsejaba:
"en el culto apasionado de la Ciencia debemos buscar
el correctivo y el remedio de nuestra inteligencia
indisciplinada, de nuestra dispersión mental..."
Hoy en honor y recuerdo de Clemente Estable
tenemos un instituto de investigaciones científicas que
lleva su nombre... pero que funciona a medias. Porque
no hay presupuesto para la investigación científica.