LEONARDO HABERKORN
"MI MAMA ME ENSEÑO de chiquito a no mentir". Eso
dijo Jorge Batlle cuando le preguntaron por qué no se
había ocultado el brote de aftosa.
Muchos decían en voz baja que Uruguay se había
"apresurado" a admitir que la enfermedad había
traspasado nuestras fronteras y lamentaban la
diligencia con que Batlle había ordenado el operativo
para combatirla. Decían que la actitud del presidente le
saldría cara al país, que se perderían clientes y
millones de dólares en exportaciones de carne.
Sostenían que había que hacer como Argentina,
nuestro socio en esto de la viveza criolla, que hasta hoy
no reconoce que tiene aftosa.
Pero Batlle se enojó cuando le hicieron la pregunta:
"No se puede mentir. Yo sé que hay alguna gente que
dice, ustedes por qué no maniobran como en otros
países. De ninguna manera, no se puede mentir".
No fue esa la primera vez que Batlle hizo declaraciones
por el estilo. En el discurso que realizó ante el
Parlamento al asumir como presidente, Batlle había
destacado que la honestidad y la transparencia serían
objetivos principales de su gobierno.
Pero casi un año después de la asunción del nuevo
presidente, el caso Noachas, la admisión pública de
que existen periodistas que venden su silencio y
políticos que lo compran y también las declaraciones
de un famoso futbolista vinieron a demostrarle a Batlle
lo poderoso que es su enemigo, lo extendido que está
en la sociedad uruguaya y lo difícil que será vencerlo.
La mentira está en todos lados: incluso hay quien
piensa que Batlle miente cuando pide a los uruguayos
que no mientan.
Mentiras verdaderas.
Darwin ya lo vio
Según los especialistas consultados, toda la
deshonestidad que se exhibe hoy en la sociedad
uruguaya tiene orígenes remotos, incluso previos a la
existencia del país.
El antropólogo Daniel Vidart acaba de dedicarle todo
un capítulo de su último libro a la viveza criolla, nacida
en tiempos de la colonia (ver recuadro).
El libro trata sobre la identidad nacional y el espacio
dedicado a este fenómeno está bien ganado: nadie
puede dudar que la viveza criolla es una de nuestras
principales señas de identidad.
Vidart explicó que ya a Charles Darwin le llamó la
atención la corrupción que existía en estas tierras,
cuando las visitó en 1832. Un problema que es
mundial pero que aquí no ha desaparecido sino que
se ha ido agravando.
"Durante muchos años --señaló Vidart-- las trampas
que hacía el uruguayo eran las del ladrón de gallinas,
el clásico vinteneo. Pero ahora con la globalización han
llegado las multinacionales que para todo ofrecen el
10% `de comisión` y esto se ha transformado en algo
muy grosero y generalizado. Ahora campea el
acomodo liso y llano".
"Antes éramos un país chico con una corrupción chica.
Ahora el mundo globalizado hace posible que en un
país chico como Uruguay sucedan actos de corrupción
mucho mayores", coincidió el sociólogo Rafael Bayce.
El antropólogo Vidart recordó al presidente Oscar
Gestido, que también quiso liderar una reconstrucción
moral y ética del país, pero no pudo. Vidart citó una
frase de Gestido que hoy mantiene toda su vigencia:
"Qué tendrá este desdichado país que hombres hasta
ayer aparentemente honrados llegan al poder y se
corrompen".
Frases ajenas
Aunque discrepan respecto a su valoración de la
situación actual y del alcance de la política
moralizadora de Batlle, tanto Vidart como Bayce
reconocen que esto de la deshonestidad uruguaya
viene de mucho antes que Gestido.
"Artigas fue contrabandista y al mismo tiempo jefe de
quienes debían combatir el contrabando", sostuvo
Bayce. "Lavalleja y Rivera fueron antes que nada
contrabandistas. Rivera --continuó el sociólogo-- fue el
mayor contrabandista de ganado de todo el siglo XIX y
un gran ladrón de ganado. La historia oficial, como la
de todos los países, oculta estos detalles. ¿Alguien
sabe que Francisco Maciel además de ayudar a los
enfermos amasó una fortuna como negrero, el mayor
de nuestra historia? Este es un país que fue
construido en la ilegalidad y la inescrupulosidad
permanente, más allá de que la historia recoja frases
muy éticas de los héroes. Pero muchas de esas
frases en realidad fueron redactadas por algún
secretario y su fidelidad respecto a las acciones de
quienes las pronunciaron es más que dudosa".
Para el sociólogo, existe una línea directa entre
aquellos orígenes y todo lo que vino después: el
clientelismo, el uso de cualquier conocido dentro de la
política o el Estado para sacar alguna ventaja
personal.
"El uruguayo --sentencia Bayce-- considera corrupto a
todo aquel que es más corrupto que él".
Vergüenza colectiva
En un país que desde hace décadas padece, tolera y
acepta el clientelismo político, que un funcionario
utilice su cuota de poder para beneficiar a sus
parientes, amigos o adherentes pudo haber sido
apenas un caso más. Pero varias cosas hicieron que
el caso Noachas se transformara bastante más que
en eso.
Por un lado, el presidente del Banco Hipotecario
benefició a demasiados parientes en demasiado poco
tiempo. Salomón Noachas se adjudicó una vivienda sí
mismo, le dio otras dos a su hija, otra a su hijo y otra a
una consuegra. "No hay nada que impida que la hija
de Noachas reciba un apartamento del Banco
Hipotecario, si todo se hace de acuerdo a la ley, pero
parecería que a Noachas se le fue la mano", dijo
Bayce. "Los hechos hablan por sí mismos", afirmó el
presidente Batlle.
Pero incluso eso podría haber pasado sin pena ni
gloria. No sucedió así debido a la aparición de dos
inesperados extras. El primero de estos agregados
fueron los argumentos usados por el senador Ruben
Correa Freitas en defensa del acusado.
Correa Freitas insistió en que Noachas no había
violado la ley y que entonces no debía ser sancionado
porque "lo que no está prohibido en la Constitución se
puede hacer". Distinguió entre violaciones a la ley y a la
ética. Y argumentó que si Noachas había faltado a la
moral o a la ética, el Parlamento carecía de autoridad
para juzgarlo ya que, dijo, todos los legisladores
incurren en actitudes similares.
"¿Cuántos legisladores tienen vivienda del Banco
(Hipotecario)? ¿Quién se puede rasgar las vestiduras
acá en el Parlamento? ¿Cuántos legisladores han
nombrado a sus hijos y a sus familiares en el
Parlamento? ¡Y me vienen a hablar de moral y ética!
¡Vergüenza debería darles!", afirmó.
Mientras hablaba Correa, en la cámara los
legisladores se miraban incrédulos y varios de sus
correligionarios del Foro Batllista intentaron hacerle
señas para que no insistiera con ese tipo de
argumentos. Pero Correa no los vio o no quiso verlos.
Días después, el senador envió una carta a la prensa
señalando que nunca quiso oponer la legalidad a la
ética, cosas que "no tienen que ser contradictorias
sino, por el contrario, coadyuvantes". Pero todavía
insiste en sus argumentos sobre el doble discurso de
sus colegas.
"Lo que yo pregunto es ¿qué legislador no ha
nombrado familiares? El Palacio Legislativo es el
ejemplo más grande en este sentido. Usted camina
por los pasillos y ahí son todos hijos de, sobrinos de,
hermanos de, mujeres de y amantes de", declaró
Correa Freitas.
"Lo que quise decir y lo digo otra vez --continuó--es que
no sólo Noachas nombró a sus familiares. Lo del
Palacio Legislativo cualquiera lo puede ver. Y los
contratos de obra registrados en la Oficina de
Planeamiento y Presupuesto, son otro `caso Noachas`,
por llamarlo de alguna manera".
"Hay un doble discurso en los legisladores. Por un
lado está lo que dicen contra Noachas, y por otro lado
lo que hacen en realidad. Yo no puedo aceptar ese
doble discurso: no se puede condenar a una persona
por lo que todos hacen. ¡Cómo voy a ser capaz de
juzgar a otro si soy incapaz de juzgarme a mi mismo!
El Parlamento ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga
en el propio".
Argumentos abundantes
¿Todos los legisladores son como dice Correa
Freitas? ¿Todos los gobernantes hacen lo que
Noachas? ¿Todos los dirigentes usan la función
pública en beneficio de sus intereses particulares?
Seguramente no, pero los ejemplos no faltan.
Enumerar todos los casos de corrupción, tráfico de
influencias, faltas éticas registrados en los últimos
años seguramente consumiría todas las páginas de
este artículo. Incluso algunos políticos lo reconocen:
"hay gente que se ha enriquecido ilegítimamente, que
ha hecho natural la explotación del tráfico de
influencias, y consecuentemente, se ha conformado
este buen volumen de argumentos que hoy tiene la
ciudadanía para decir genéricamente que todos los
políticos son corruptos, mentirosos y deshonestos",
dijo días atrás Martín Marzano, ex candidato a diputado
por Maldonado y ahora elegido nuevo presidente del
Iname.
En un sentido similar se refirió el periodista Daniel
Gianelli en una de sus últimas columnas en el
semanario Búsqueda. "Son estos múltiples
aprovechamientos del poder lo que alimenta desde
hace muchos años el alto grado de insatisfacción que
expresan sectores de la ciudadanía ante tanto abuso,
privilegio e injusticia".
Vendo silencio
El segundo extra que trajo consigo el "caso Noachas"
fue la comprobación del grado de corrupción existente
en ciertos sectores de la prensa uruguaya.
Al asumir Batlle había anunciado su intención de
terminar con los manejos espurios de la publicidad
oficial (Gianelli se preguntó en su columna: "¿Cuántas
candidaturas han sido promovidas desde algunas de
las poderosas empresas públicas monopólicas que
han actuado con evidente generosidad en la
asignación de publicidad oficial?"). Pero la corrupción
periodística ha llegado a niveles todavía más groseros.
Noachas dijo que su caso llegó al Parlamento porque
no accedió a un chantaje periodístico. No dijo de quién,
pero fuentes de su sector político dijeron al diario El
Observador que dicho chantaje provino de la revista
Posdata, la primera publicación en denunciar los
repartos familiares del ex presidente del Banco
Hipotecario.
La cosa no quedó ahí. Días después, el periodista
Enrique Alonso Fernández, quien durante ocho años
ocupó cargos de alta responsabilidad en el diario La
República (fue subdirector y editor general) dijo en una
entrevista radial que Fasano había extorsionado a
Noachas y a otros políticos, haciéndoles pagar para
que su diario no publicara información que los podía
perjudicar.
Según Alonso, La República tuvo toda la información
sobre los apartamentos otorgados por Noachas pero
no la publicó porque el Banco Hipotecario pagó 50.000
dólares en publicidad para comprar el silencio del
diario.
Aunque Posdata, Fasano y todos los políticos
señalados desmintieron tales versiones (Fasano dijo
que su ex lugarteniente Alonso Fernández "perdió el
control de sus esfínteres morales"), hace ya
demasiado tiempo que políticos, empresarios y
periodistas conocen que en Uruguay hay periodistas
deshonestos que realizan chantajes, muchas veces
aceptados y nunca denunciados.
Por lo pronto, que se sepa, nadie le ha iniciado un
juicio por difamación a Alonso Fernández.
Fútbol y contrabando
Pero la mentira, el engaño, el doble discurso y la
corrupción no son patrimonio exclusivo de políticos,
periodistas y empresarios.
"Este es un país muy hipócrita, cotidianamente
corrupto. No sólo en lo político, también en lo
académico, en lo financiero, en todos los ámbitos de la
vida cotidiana", afirmó Bayce.
Seguramente habrá quienes piensan que el sociólogo
peca de un excesivo negativismo, pero en las noticias
de cada día sobran los hechos que apuntan a favor de
su visión.
En Uruguay hay automovilistas que manejan con
libretas falsificadas, señoras y señores que cobran
jubilaciones truchas, comedores infantiles falsos, se
vende whisky adulterado y los sandwiches de jamón y
queso tienen cualquier cosa menos jamón. Miles de
"ciudadanos honestos" van a la feria a comprar
barato... las cosas que le robaron al vecino media hora
antes. Algunos futbolistas uruguayos van a Europa con
pasaporte falso y muchos más estudiantes de la
Universidad recorren el mundo mostrando con orgullo
su carnet de periodista apócrifo.
Por supuesto que para cada una de estas mentiras y
deshonestidades existe una justificación.
Cuando el gobierno comenzó la campaña contra el
contrabando no faltaron quienes argumentaron que el
"contrabando pequeño" estaba justificado por la falta
de oportunidades existentes en la frontera y por la
histórica impunidad de los grandes contrabandistas.
Batlle volvió a la carga con sus argumentos: "lo del
contrabando también es un asunto moral, y en un tema
de índole moral, nosotros tenemos que ser firmes (...)
No somos de los que creen que porque una persona
sea pobre tenga que salir a delinquir. No conozco esa
clase de actitud ante la pobreza. La pobreza es un acto
de dignidad y un acto de trabajo. No se puede permitir
que porque yo soy pobre, o porque soy rico, puedo
infringir la ley".
Pero, más allá del tema del contrabando, los
uruguayos ven pocas ventajas en eso de respetar la
ley. En una reciente entrevista, Paolo Montero, el
futbolista uruguayo más laureado en Europa, mostró
cuáles son los códigos que hoy rigen en buena parte
de nuestra sociedad:
"No es pecado engañar al árbitro para ganar", dijo
Montero. "A la cancha se va solo para ganar. No hay
mal alguno en usar los engaños para lograrlo",
agregó. "En el fútbol robar no es pecado", concluyó.
Para dejar en claro su código ético dejó en claro su
admiración por el gol que Diego Maradona anotó con
la mano en el Mundial de 1986. "La mano de Dios, un
fenómeno, un mito", señaló.
Las agencias internacionales de noticias se
encargaron de mostrarle a todo el mundo cómo piensa
el capitán de la selección uruguaya.
Mala receta
Bayce, que además de sociólogo es director técnico
diplomado, tiene bien estudiado a Paolo Montero.
"Tiene el dudoso honor de ser el jugador más
expulsado en la historia del fútbol italiano, lo han
echado 13 veces. Es un gran jugador, pero es de una
deslealtad limítrofe con lo criminal. Todo el tiempo,
como sistema, comete todas las deslealtades que
puede cometer contra todos los rivales. Escupe,
insulta, pega, golpea y como premio es nombrado
capitán de las selección uruguaya. Es el modelo para
el resto de los jugadores. Le estamos diciendo a todos
los jóvenes que se inician en el fútbol: este es el
modelo, queremos jugadores desleales, inmorales e
inescrupulosos, que hacen cualquier cosa con tal de
ganar".
Para Bayce, Montero transmite "una lección terrible,
mucho peor que agarrarse a las piñas después de un
partido, aunque Montero no vaya preso". El sociólogo
cree que las declaraciones de Montero ameritan una
sanción de la Asociación Uruguaya de Fútbol y de la
Mutual de jugadores. De todos modos, sabe que eso
no sucederá. "Hay que preguntarse hasta qué punto la
manera de pensar y actuar de Paolo Montero no se ha
ido haciendo un rasgo distintivo nacional".
También el filósofo Pablo Da Silveira cree que hay algo
en la "receta Paolo Montero" que no cierra.
"Una sociedad, para poder funcionar, necesita de una
caudal de honestidad muy grande. La propuesta de la
falta de ética como receta para el éxito, como programa
y como idea se autodestruye: si todos se plegaran a
esta receta, la vida en sociedad sería imposible".
Da Silveira explicó que "las sociedades andan mejor
cuando mayor es la confianza de la gente. Cualquiera
sabe lo fácil que es abrir una cuenta de banco o
comprar por correo en algunos países desarrollados.
Y eso es así porque la expectativa general es que la
persona que hace esos trámites lo va a hacer
honestamente. En cambio, aquí la expectativa es otra".
Para el filósofo "efectivamente, en Uruguay la
honestidad está con las acciones en baja y eso es un
problema. El esfuerzo y la disciplina para lograr las
cosas cada vez son menos valorados por los
uruguayos. En cambio, se prefiere la picardía o la
trampa para abusar de los demás".
Según Da Silveira, especialista en temas de
educación, "la escuela tiene mucho que hacer en este
tema. Hoy el mensaje que se le da a los estudiantes
es que el esfuerzo no vale la pena. Es mucho más
popular el que saca una buena nota porque hizo un
cambiazo que el que la consigue con disciplina y
esfuerzo. Estudiar, esforzarse, ya no tiene gracia. Son
valores que se están transmitiendo todo el tiempo. No
se lo hace deliberadamente, pero está pasando y es
algo que debería preocuparnos".
Bayce también cree que la falta de honestidad
uruguaya es un problema de educación, pero no lo
vincula al sistema de enseñanza formal. "El problema
no está en la escuela, donde todos recibimos la
grandilocuencia de las frases éticas. El uruguayo
aprende la corrupción en la vida cotidiana, aprende
que en Uruguay no se sale adelante sin violar
determinadas leyes, normas o principios. Aprende que
la empresa que paga todos los impuestos se funde.
Para salvarse hay que evadir, conseguir una
exoneración o traer algo de contrabando".
El bien y el mal
El 70% de los uruguayos cree que la mitad o un
porcentaje aún mayor del país es deshonesto, según
una encuesta realizada para este informe por la
Consultora Datos. Entre los menores de 30 años, el
porcentaje de los que creen que los honestos son
minoría en Uruguay sube al 87%.
Para el vicepresidente Luis Hierro este tema es una de
las principales preocupaciones del gobierno. "Es hora
de entender, en el gobierno y en toda la sociedad, que
se terminó el tiempo de la viveza criolla, del
clientelismo, del intercambio de favores. Asumirlo nos
dará más fuerza para superar nuestros problemas
porque podremos generar confiabilidad en serio".
"El presidente está realizando un gran énfasis y yo
hago mi contribución. Pretendemos que exista una
clara actitud ética en todas las cuestiones de la vida
pública y que quienes se desempeñan en el gobierno
y la administración lleven una vida pública de servicio,
de honestidad y de absoluta prescindencia de
intereses económicos que a veces influyen".
Al igual que Da Silveira, Hierro cree que la educación
tiene un importante rol a jugar en este aspecto, pero
también tiene confianza en que el camino marcado
desde el gobierno ayude en la tarea. "Esperemos que
el ejemplo de estos cuatro años sirva: que la gente vea
que el gobierno actúa honestamente, que la gente
sepa lo que está bien y lo que está mal, que el contexto
sea claro".
El vicepresidente dijo estar "profundamente dolido" por
el "caso Noachas" y aseguró que el gobierno buscará
dictar nuevas leyes y normas que reduzcan el margen
"de arbitrariedad" que pueden tener los gobernantes y
funcionarios.
"En el Banco Hipotecario se van a eliminar las
adjudicaciones a través del directorio y se va a pasar a
un sistema objetivo de puntajes. El que llega al puntaje
obtiene la vivienda y a otra cosa".
Respecto a las afirmaciones de Correa Freitas, Hierro
afirmó que "no todos los legisladores han colocado
gente en el Parlamento. Yo lo que puedo decir es que
en estos cinco años no habrá designaciones, salvo
que se necesiten en el área informática, en cuyo caso
se llenarán por concurso".
Para el vicepresidente, más allá de los llamativos
argumentos usados por Correa Freitas en defensa de
Noachas, "lo más importante es que el senador
también votó la resolución que declaró inconveniente
lo actuado por el ex presidente del Banco Hipotecario".
Por su parte, Correa Freitas tampoco advierte ninguna
contradicción entre su pensamiento y la línea marcada
desde el gobierno. "Mi discurso va en la misma
dirección que la esgrimida por el presidente Batlle
respecto a darle sentido ético y moral a la función
pública. Yo sueño con un sistema en el cual todos los
nombramientos se realicen por concurso".
Aftosa y después
La propuesta de transparencia pregonada por Batlle
tuvo su mayor éxito con la rápida superación de las
consecuencias del brote de aftosa. Los organismos
internacionales valoraron en su justa medida la
transparencia con la que Uruguay atacó el problema y
el país rápidamente reconquistó su condición de libre
del mal.
Aunque más modestos, también en el contrabando se
han logrado éxitos. Pero todo parece indicar que
todavía queda mucho por hacer, si es que se puede
hacer algo. Según la encuesta de la Consultora Datos
un 25% de los uruguayos cree que la campaña
moralizadora no tendrá ningún efecto y un 55% sólo
cree que tendrá éxitos parciales.
"La condición humana es muy jodida y para peor hoy
las tentaciones son muy grandes. La corrupción no
existe sólo acá, es un problema mundial. Hoy en día la
gente se quiere enriquecer rápidamente. La civilización
del consumo nos dice a través de la televisión que
compremos esto y lo otro ya. Y para hacerlo
necesitamos dinero ya", sostuvo Daniel Vidart.
Sin embargo, el antropólogo tiene esperanzas
respecto a lo que puede hacer el presidente. "Jorge
está en una lucha formidable, casi parece el Quijote.
Yo soy optimista en lo que pueda lograr, siempre
confié en sus dotes excepcionales y en su honradez
que es muy grande, a pesar que la gente no creía en
ella".
Días atrás, Vidart concurrió a una reunión académica y
sus colegas comenzaron a cuestionar a Batlle. "Tuve
que pedir la palabra y les dije: todo lo que ustedes
dicen está muy bien, pero ¿quién está luchando contra
el contrabando? ¿quién le ha puesto el pecho a las
balas? Porque Jorge está arriesgando incluso su vida,
en cualquier momento le pueden pegar un tiro".
Bayce, en cambio, no cree en Batlle. El sociólogo cree
que las apelaciones a la honestidad administrativa del
presidente son sólo parte de un juego político. "Las
apelaciones de Batlle son propias de una retórica
populista, tendientes a manejar a la opinión pública en
un sentido favorable a su imagen personal. Batlle ha
conseguido manejar a los medios, lanzando fuegos
artificiales sobre temas que tienen importancia en la
cabeza de la opinión pública. Con ello pretende
neutralizar a la izquierda (lo ha conseguido con la
comisión que formó sobre los desaparecidos), afirmar
la coalición con el Partido Nacional y vengarse del Foro
Batllista, fortaleciendo a la lista 15 dentro del Partido
Colorado para las elecciones del 2004".
"Lo de Batlle es lo opuesto a lo de Paolo Montero, que
muestra con una gran honestidad su absoluta
inconciencia sobre la ética y la moral. Batlle tiene tres o
cuatro grandes objetivos y hace discursos sobre la
moral y la ética para despistar, para que la gente mire
para otro lado", agregó el sociólogo.
No opina igual Da Silveira. El filósofo cree que estos
meses de gobierno de Batlle han dejado una lección
fundamental.
"Cada uno puede hacer la evaluación política del
gobierno de Batlle que le parezca. Pero es claro que en
estos meses se ha demostrado que muchas cosas
negativas que parecían imposibles de enfrentar se
pueden atacar con éxito. Se ha demostrado que una
sociedad puede recuperar su vigor moral. Es un
mensaje importante que se ha logrado pasar: no
tenemos por qué acostumbrarnos a vivir con lo que
sabemos que está mal".