EDUARDO ROLAND
A varios años de que llenara por última vez el Teatro
Solís --cuando vino acompañado por Nando Carneiro,
Jacques Morelenbaum y Zeca Assumpcao-- regresa a
Montevideo Egberto Gismonti, el músico instrumental
latinoamericano más reconocido mundialmente. Se
presentará mañana en el Ballroom del Radisson
Victoria Plaza en formato trío, junto a su hijo Alexander
en guitarra y a su viejo colega Zeca Assumpo, un
contrabajista de primera. Gismonti tocará piano en
algunas composiciones y guitarra en otras, y según
adelantó quizás realizará algún dúo de guitarras con
Alexandre.
Aunque en un principio el músico pensaba interpretar
solamente temas nuevos, luego resolvió, como regalo
para su incondicional público rioplatense, hacer
algunos de sus temas clásicos en los conciertos de
Montevideo y Buenos Aires.
Como sucede en Noruega, Japón o España, en
nuestro país Gismonti tiene gran caudal de seguidores
desde hace unos 15 años, cuando la obra del
guitarrista y pianista brasileño comenzó a difundirse a
través del sello alemán Editions of Contemporary
Music (ECM) auténtico reservorio de la mejor música
contemporánea.
Además de excelente pianista y guitarrista, Gismonti
es un compositor que ha conseguido un idioma propio
y, en parte intransferible, en tanto muchas veces se
adecua a su particularísima manera de abordar la
guitarra, a la que arranca sonidos insospechados.
Artista exigente al extremo y de vasta cultura general,
se ha ganado cierta fama de personalidad algo
engreída e intolerante. Teniendo cabal conocimiento
de ésto, previo al contacto telefónico con su casa de
Río de Janeiro podía temerse que la comunicación
naufragara en las dificultades propias de tener que
abarcar aspectos complejos en unos pocos minutos
plagados de posibles malentendidos
Lo que sigue es la conversación mantenida con un
Gismonti de voz distendida, cuya disposición y buen
ánimo fueron en aumento a medida que avanzaba la
charla a la distancia.
-- ¿Qué recuerda de sus últimas presentaciones en
Uruguay?
-- Recuerdo a una gran amiga uruguaya, la pintora
Berta Luisi, también el grupo de danza Babinca, que
después del concierto me mostró parte de un
espectáculo que estaban preparando, en fin, la entrada
del teatro. Recuerdo bastante a pesar de que ya han
pasado como ocho o nueve años de la última vez que
estuve.
-- ¿Ha cambiado su música desde aquel tiempo?
-- Para responder de una manera superficial diría que
sí. Ahora, para alguien que ha grabado tantos discos y
tanta música para películas esta es una pregunta que
podría ser respondida con más profundidad.
-- Comprendo las dificultades que supone una
explicación más profunda, pero sería de interés que
usted diera algunos elementos más a manera de
ejemplos?
-- Bueno, voy a intentar responder, pero repito: yo no se
qué grado de conocimiento tiene usted de mi música.
-- Le diría que, como un buen número de uruguayos,
no sólo conozco sino que admiro la mayor parte de su
obra.
-- Si usted la conoce, sabe que los cambios no son
solamente aquellos muy evidentes; por ejemplo antes
tal músico tocaba instrumentos acústicos y ahora toca
eléctricos, o antes tocaba sólo y ahora con un grupo.
Estos cambios son ocasionales; si hablamos de
cambios más profundos tendríamos que hacer
referencia a cambios permanentes, donde cada día se
hacen pequeños descubrimientos. Entonces, en este
sentido yo tengo la absoluta certeza de que no sólo mi
música, sino que yo mismo como persona cambié
desde la última vez que estuve en Montevideo. Porque
además, al ser una persona que siempre busca
aprender nuevas cosas es imposible no cambiar.
-- ¿Y algún acontecimiento especial en este período?
-- El haberme reencontrado después de muchos años
con mis amigos los indios Xingú y tocar con seis de
ellos en el Teatro Castro Alves de Salvador, en Bahía.
Fue algo que me hizo pensar mucho y sentirme muy
feliz. Otra buena e importante experiencia que tuve en
estos últimos años fue encontrarme y tocar mucho con
Gilberto Gil, que además es un gran amigo. Con Gil
pude apreciar otro perfil de la música. Pero si usted
conoce mi música verá que en cada uno de los más
de cincuenta discos que he grabado, busco que
siempre haya algún nuevo y pequeño descubrimiento.
-- Para un compositor que, como es su caso, ha
encontrado un lenguaje propio por el que se le
reconoce en el mundo entero, ¿es razonable intentar
cambios radicales o lo adecuado es ir profundizando
en el estilo logrado?
-- Es muy buena su pregunta y voy a tomarla como
respuesta. Un compositor que tiene la experiencia que
tengo y que ya encontró su propio lenguaje, encontró
también la propia felicidad a través del lenguaje
musical. Entonces ahora respondo preguntando: ¿vale
la pena dejar que se pierda la felicidad encontrada?
-- ¿En estos pequeños cambios experimentados
influyó en algo el hecho de haber comenzado a tocar
con sus hijos?
-- Mucho. Influencia muy positivamente. Siendo músico
y teniendo la música como fundamento vital es muy
gratificante que mis dos hijos --que son muy
musicales-- se hayan interesado por ella música y
tengan una buena relación con lo que a mí me gusta.
-- ¿Qué instrumentos tocan? --Bianca toca piano y
Alexandre la guitarra. Hablando de ésto debe aclarar
que tanto para este concierto de Montevideo, como
para los de Chile y Buenos Aires, Bianca no estará, ya
que anda muy complicada con unos trabajos de la
Facultad. El que va a sustituir a Bianca no es tan bonito
pero es Zeca Assumpo. Por lo tanto el trío será con
contrabajo, mi hijo Alexandre en guitarra y yo que voy a
tocar piano y guitarra.
-- ¿Qué le diría a aquella gente que no conoce su
música pero que puede estar interesada en asistir a
su concierto?
-- Es algo muy difícil. Ahora, conociendo un poco la
historia cultural de una ciudad como Montevideo,
podría arriesgar un consejo: puede ser de interés para
quienes sienten la necesidad de una música que no
está en absoluto relacionada con lo que es la que
comercialmente a nivel mundial. Y otra cosa que
podría agregar es que si se gusta de músicos que
tocan muy bien, se puede asistir tranquilo al concierto.
Les podrá gustar o no la música que se haga, pero es
seguro que siempre estará bien tocada.
-- ¿Qué tipo de música escucha en intimidad, en su
casa, en los ratos libres?
-- Oigo muchas cintas que me mandan músicos del
mundo entero que pretenden ser producidos por el
sello que tengo desde hace años, llamado Carmo. Por
eso siempre tengo gran cantidad de música para
escuchar. Ahora, cuando no hago esto, me gusta
escuchar música folclórica de diversos países.
-- ¿Nunca escucha música sinfónica?
-- Cuando más escucho música sinfónica es en los
conciertos en que se hacen mis obras o toco con las
orquestas.
-- ¿Ha escrito mucha música sinfónica últimamente?
-- Sí, tanto para orquesta sinfónica como para
formaciones de cámara. Diría que ya tengo una obra
considerable en ese campo.
-- Parecería que Villa-Lobos tiene asegurado un
sucesor...
-- No, considero que en Brasil hay espacio para
muchos, es un país muy grande. No preciso ser
sucesor ni de Villa-Lobos ni de nadie, hay lugar para
todos.
-- De acuerdo, ¿pero de alguna manera usted
considera que ha continuado con el legado, con ese
fuego que encendió Villa-Lobos?
-- ¡Ah, como fuego sí, es seguro! Como musicalidad,
como personalidad y temperamento, no sé. Ahora,
como ese fuego que yo traduzco de la siguiente forma:
`un amor profundo por la cultura brasileña`, eso sin
duda.
En agosto se presentará Courtney Pine
* Un par de semanas después de la presentación del
genial Egberto Gismonti, llegará a Montevideo una de
las principales figuras del jazz británico: el saxofonista
negro Courtney Pine, quien comenzó a destacarse en
los años 80 mezclando jazz con reggae y soul.
La prensa especializada esperó en su momento que
se convirtiera en un nuevo John Coltrane o Sonny
Rollins ultramarino, pero su condición de músico
abierto a las corrientes estilísticas que van
apareciendo fuera del mundo del jazz (en el rock y el
pop) lo alejó de aquel vaticinio.
Aunque precisamente en las novedosas fusiones que
logra, reside en la actualidad el mayor atractivo de la
música que produce este improvisador nato. En su
último disco (Back in the Day, 2000) retoma algunos
patrones rítmicos del soul de los años 60 a los que
agrega algo de hip hop y por supuesto, jazz.
Su presentación en Montevideo el próximo 7 de agosto,
en el marco del Jazz Tour, representará seguramente
el punto más alto del ciclo, junto con Gismonti. El
singular saxofonista inglés traerá una numerosa
banda integrada por Peter Martin en bajo, Robert
Fordjour en batería, Cameron Pierre en guitarra, Donal
Gamble en percusión, Dennis Rollins en trombón y
Chris Jerome en teclados y máquinas.
A propósito, cabe agregar que tanto parte del concierto
de Gismonti como el de Country Pine serán
reproducidos por Tevé Ciudad, luego de una iniciativa
de cooperación entre los organizadores del Jazz Tour y
el canal codificado de la Intendencia capitalina.