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Martín Aguirre
"Somos un pueblo de viejos, con peligrosos signos de extinción". Estas palabras de José Mujica, al surgir los primeros datos del censo, tienen dos elementos típicos de las declaraciones del Presidente. Por un lado no hace concesiones a la sutileza idiomática. Por el otro, pone el dedo en la llaga de lo que es, sin dudas, el mayor problema que enfrenta el país a mediano plazo. Uruguay es la nación más envejecida de América, el 19% de los habitantes tiene más de 60 años y 40% de las familias tiene al menos una persona adulta mayor entre sus integrantes, que incluso están a cargo económicamente de un tercio de los hogares.
Esto presenta dos desafíos trascendentes. Primero, la viabilidad a mediano plazo del sistema jubilatorio. Y segundo, en un país en el que conseguir trabajadores calificados se ha vuelto una tarea difícil, cómo aprovechar ese número creciente de personas que desean trabajar, y que aún tienen muchos años productivos por delante, pero a quienes la ley les prohíbe hacerlo por estar jubilados. En referencia a esta cuestión, se viene negociando una reforma legal que habilite a los jubilados a seguir trabajando; uno de esos escasos temas en los que se entrevé un acuerdo entre todos los partidos, pero que no parece de tan simple implementación como debería.
En Uruguay la edad de jubilación es de 60 años, aunque con ciertos "premios" por diferir el retiro. Algo que sorprende cuando se ve la gran polémica que existe en Europa donde se considera que la edad de retiro es muy baja, y allí en promedio es a los 65. Polémica que se da sobre todo porque con los avances en la medicina en las últimas décadas, la esperanza de vida en países como el nuestro llega casi a los 80 años. Esto genera que muchas personas al jubilarse tengan un horizonte de casi 20 años, en los cuales están plenos y con ganas de producir, pero la ley se los impide.
Además es sabido que en Uruguay las jubilaciones son muy bajas, fenómeno que se agrava por el tema de los "topes" que lleva a que las personas al retirarse vean su nivel de vida fuertemente afectado. Se estima que hoy en día una jubilación promedio del BPS ronda los 9.500 pesos, una cifra bastante baja para los costos de vida actual en el país. Y si bien hay sectores como los bancarios, donde una jubilación puede llegar a los 38.000 pesos, hay otros como los rurales donde apenas alcanza a los 5 mil.
Es por esto que miles de jubilados, muchos de los cuales han sido pasados a retiro casi forzadamente debido a los enormes costos que representan para las empresas sus prestaciones sociales, optan por seguir trabajando, ya sea aprovechando algunos "agujeros" que habilita la ley, o directamente en la clandestinidad. Según la Encuesta Continua de Hogares hay casi un 20% de jubilados que trabajan, aunque la cifra probablemente sea bastante mayor. La cuestión a esta altura parece ser cómo modificar la ley para permitir que muchos de esos retirados que se encuentran en condiciones y con ganas de trabajar puedan hacerlo, lo cual permitiría además que la sociedad en general se beneficiara de su experiencia y conocimiento. Por lo que se ha dicho públicamente todos los sectores políticos parecen estar de acuerdo, pero ya han aparecido algunos problemas al respecto. Por un lado existe un proyecto de ley presentado por el diputado blanco Daniel Mañana que nunca ha sido considerado por el gobierno. Sin embargo, el ministro Brenta y las autoridades del BPS anunciaron ahora que en marzo enviarán su propio proyecto para ser tratado en el legislativo. Si todos están de acuerdo, ¿no era más rápido y sencillo tomar el proyecto ya existente y hacerle las modificaciones que se estimaran necesarias?
Por otro, existe la pretensión de parte de los estamentos sindicales de que en caso de adoptar un sistema de jubilación parcial, como busca el gobierno, esto deba ser negociado caso a caso entre gremios y empresas. Los sindicatos temen que una ley de ese tipo sirva para "desregular" las relaciones laborales, pero los empresarios aducen que forzar una negociación así sólo generará más demoras y burocracia. No parecen ser diferencias demasiado trascendentes como para poner en peligro un acuerdo que beneficiará notoriamente a todo el país, además de ser un acto de justicia con uno de los sectores de la población más postergado y discriminado.
"Somos un pueblo de viejos, con peligrosos signos de extinción y en buena medida nuestra existencia depende de que seamos capaces de entender esto". (José Mujica)
"Los países que han ido elevando la edad de retiro, al mismo tiempo buscan fomentar mecanismos de empleo de las personas de mayor edad". (Rodolfo Saldain).
Casi un 20% de los jubilados uruguayos afirma seguir trabajando de alguna forma. La jubilación promedio en el BPS es de unos 9.500 pesos.










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