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Anne Sinclair
Ella fue uno de los personajes más analizados y fotografiados de 2011. El 15 de mayo, su vida "quedó suspendida", según recuerda ahora. Su marido, el economista Dominique Strauss-Kahn (DSK), fue detenido en Nueva York después de que una camarera del Hotel Sofitel le denunciara por violación. Strauss-Kahn era entonces director ejecutivo del FMI y el gran favorito de la izquierda francesa para suceder a Nicolás Sarkozy en las presidenciales de esta primavera. De repente, Sinclair, que fue una gran estrella de la televisión de los años ochenta y noventa, pasó al otro lado del espejo y se convirtió en la noticia del año, o al menos en la mitad de ella.
París | El País de Madrid
Hoy, la vida de Anne Sinclair (Nueva York, 1948) parece haber vuelto a la calma. Hace unos días, ha presentado en París la edición francesa de The Huffington Post, el diario digital del que es máxima responsable editorial.
La cita es en un café de la maravillosa plaza de los Vosgos, cerca de la casa donde vive con su marido DSK. Llega puntual. Sigue siendo una mujer muy atractiva, de verbo fácil y rápido, un buen humor afilado, y pasa con soltura del francés al inglés. Cuenta que está feliz con volver al trabajo ("al fin la normalidad"), aunque sigue dolida por la `violencia` con que a su juicio los medios trataron su vida privada. "Entiendo bien que debían informar porque mi marido es un personaje público, pero algunos rompieron todos los diques y contaron muchas novelas. Medios teóricamente serios se convirtieron en tabloides metiéndose en mi vida personal, incluso en mi alma, diciendo lo que yo pensaba sin saberlo. Nadie salvo yo y mi familia debe saber lo que tengo en mente", precisa.
-En la Universidad estudió Derecho. ¿Cuándo sintió la llamada del periodismo?
-Desde los 10 años quise ser periodista, y creo que para mí significaba ayudar a los demás a entender el mundo. Pero estudié Derecho y Ciencias Políticas, y nunca hice reportajes o investigación. De repente, me encontré casi por un azar en la radio, y luego en televisión, donde tuve la suerte de hacerme un sitio en una época en la que no había mujeres dirigiendo programas políticos.
-Siendo la única heredera de su abuelo- Paul Rosenberg, el gran marchante judío del arte de las vanguardias, que se exilió a Nueva York cuando los nazis tomaron Francia-, sería más fácil... Por cierto, ¿el salario le importaba?
-Nunca me he considerado la heredera de mi familia, y por eso traté de ignorar la historia de mi abuelo. Hice mi carrera sola y siempre estuve orgullosa de ganarme, muy bien, la vida. Nunca desdeñé mi salario, y no contaba con otros recursos.
-¿Y la colección?
-Han dicho que tengo cientos de cuadros, pero no es verdad. Solo recibí una pequeña parte cuando murió mi madre hace pocos años. Mis padres me educaron siempre en la idea de que tenía que ganarme la vida sola.
-Dejó la televisión cuando su marido fue nombrado ministro. ¿Fue solo para no incurrir en conflicto de intereses?
-No lo hice por ser "la mujer de", si hubiera sido "la hermana de" habría hecho lo mismo. Pero consideré que suponía un conflicto de intereses. Siempre había mantenido un tono muy libre, hacía las preguntas que quería, y no quise perder esa libertad arriesgándome a ser vista como "la mujer del ministro de Economía". Además llevaba 13 años haciendo el programa y estaba un poco aburrida.
- Se marchó a Washington siendo un símbolo feminista, pero cuando regresó las feministas le acusaron de traición, indignadas porque no hubiera abandonado a su marido. ¿Le dolió?
-Soy tan feminista como las que lo proclaman. He contribuido a hacer que las mujeres puedan ejercer un oficio de hombres. Me batí y me sigo batiendo por la igualdad de salarios y responsabilidades, y creo ser tan feminista como la que más. En lo que concierne a mi vida privada, solo nos importa a mi marido y a mi familia, y a nadie más. Yo no me permitiría juzgar la vida de nadie, y reivindico mi derecho a manejar la mía como quiero y sin que nadie se entrometa.
-Se ha dicho que animó a DSK a ser candidato a las presidenciales porque su sueño era que Francia tuviera el primer presidente judío desde Leon Blum. ¿Es cierto?
-Se ha dicho casi de todo (risas). Yo nunca deseé que mi marido fuera candidato, pero le dije que si se decidía, me adaptaría y le ayudaría. Al final, no llegó a ser oficial... Mire, he conocido el poder muy de cerca. Y no me atrapa en lo más mínimo, no me impresiona nada. Al contrario que los creadores y los pensadores, por los que siento verdadera admiración. Entiendo que alguien tenga ganas de dirigir un país, pero ser la mujer del presidente de la República... ¡Eso no es una ambición! Además, en Francia, la primera dama no tiene el menor papel, y está muy bien que sea así. Solo los cargos electos, tienen un papel.
-¿El antisemitismo en Francia es un handicap?
-Sigue existiendo, sí, pero mucho menos que otras veces. Y no creo que sea un gran obstáculo para que haya un presidente judío. Estamos, al revés, mucho más lejos de aceptar a un musulmán. Al final, los americanos, al elegir a Barack Obama, han transgredido más tabúes que nosotros...
-El 15 de mayo recibió la peor noticia posible. ¿Cómo se sintió al convertirse en la primera página del mundo entero?
-Fue violento sentirse espiada, escudriñada, acosada. No poder salir sin que vengan detrás los paparazzi, tener las cámaras apostadas en las ventanas de tu habitación. Creo que se han traspasado algunos límites y es urgente restablecer las fronteras entre la vida pública y la privada.
-Pero imagino que entiende que el caso fuera noticia...
-Sí, lo entiendo muy bien. Pero una cosa es controlar a los personajes que tienen poder y otra meterse de una forma obscena en tu interior, mirar detrás de las cortinas...
-Su llegada a The Huffington Post fue casi un secreto. Se dijo que se iba a ir a Israel a vivir. ¿Pensó en dejar el país?
-Hasta que un proyecto no tiene el acuerdo de las dos partes no puede anunciarse. Cuando los accionistas cerraron el acuerdo, lo pusimos en marcha lo antes posible y anunciamos al mismo tiempo los términos del pacto entre AOL-Huffington y los accionistas franceses y la composición del equipo. No hemos querido dar un golpe de efecto, sino poner en marcha la web lo antes posible para que los internautas pudieran juzgar con conocimiento de causa. En cuanto a lo del traslado a Israel, le digo lo mismo sobre las ganas de novelar de algunos periódicos. No hemos barajado nunca irnos a vivir fuera de Francia.
-¿Tomarán partido de cara a las elecciones francesas?
-Tomamos partido por los valores que defendemos. Todas las opiniones serán bienvenidas, siempre que sean republicanas y democráticas.
-¿Hollande ofrece mejores recetas para la crisis que Sarkozy?
-No voy a responderle (sonríe). Soy una ciudadana que vota, como todo el mundo, y aunque mis opiniones son conocidas, separo la vida profesional de la personal, en esto y en lo demás.










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