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Este viernes se estrena "Caballo de guerra", el film que convirtió al director en candidato al Oscar
THE NEW YORK TIMES
CINDY PEARLMAN
"Siento la misma emoción al hacer películas ahora que cuando de niño, en los años `60, hacía películas en formato 8 milímetros", afirma Steven Spielberg.
"No quiero analizar demasiado el por qué, pero la emoción de hacer películas nunca desaparece. Se redefine pero nunca envejece ni se desgasta. Siempre es igual de embriagadora. Me iría a rodar una película hoy mismo si pudiera", agrega. "Denme una cámara y un actor y ya estoy dirigiendo".
Es temprano en una mañana dominical y Spielberg está hablando desde su casa -en el fondo se escuchan las voces de sus hijos y de su esposa, la actriz Kate Capshaw- sobre su más reciente película. Más bien de sus dos películas, pues a los 65 años, una edad en la que muchos están bajando el ritmo para retirarse, este director tiene dos películas en los cines: Las aventuras de Tintín y Caballo de guerra.
Con un historial como el suyo, Spielberg debería estar confiado, incluso satisfecho de sí mismo. Pero dice que está preocupado. "Creo que los nervios nos conservan lo humano", explica. "Y a quienes piensen que alguna vez me echo a dormir en mis laureles, déjeme decirles que sudo tanto al hacer una película como cuando hago ejercicio en la caminadora que tengo en la habitación de al lado".
Parecería que Las aventuras de Tintín, basada en la célebre tira cómica del dibujante belga Hergé, sería el más problemático de los dos trabajos. Sin embargo, Caballo de guerra también le presentó obstáculos, empezando con el material de origen: está basada en una audaz obra de teatro conceptual, que tuviera gran éxito tanto en el West End como en Broadway y en la que los caballos están representados por títeres. La fuerza emocional de la obra le valió un premio Tony, pero no fue nada sencillo llevar a la pantalla grande su atractivo tan característico. "En el teatro hay una transición asombrosa que tiene Joey el caballo, de potro a adulto", señala el cineasta. "Nunca olvidaré cuando vi la obra en Londres y lloré en esa parte".
En la pantalla, por supuesto, Joey está encarnado en una serie de caballos de verdad, pero para Spielberg eso estaba prácticamente fuera de la cuestión.
"Lo que más me interesó fue la historia", señala. "En el centro de todo está la historia de una familia de campesinos que sólo tratan de sobrevivir. Necesitan un caballo de tiro para trabajar la tierra y pagarle la renta al dueño. El padre, que se emborracha muy seguido, compra un caballo que no debía. En lugar de un caballo de tiro, compra una maravillosa criatura, elegante y de sangre caliente, llamada Joey. El hijo, Albert (Jeremy Irvine), entrena ese caballo para arar la tierra. Pero lo importante es que eso es el inicio de una hermosa amistad entre Albert y Joey.``
Lo que al principio parece un reconfortante drama familiar se vuelve oscuro con el estallido de la Primera Guerra Mundial. "La caballería británica llega en busca de monturas", explica Spielberg, "y el padre vende el caballo. El chico se entera de eso demasiado tarde y jura seguir al caballo, que es llevado al combate".
Como hijo de los suburbios, Spielberg admite que él no creció con ningún lazo especial con los caballos. No obstante, aprendió a apreciarlos. "Vivo en una finca con mis hijos, mi esposa y diez caballos", precisa riendo. "Mi esposa sale a montar, al igual que mi hija. Viéndolo ahora, me doy cuenta que he convivido con caballos desde hace quince años. Despierto en la mañana, abro la puerta del frente y veo caballos. Los oigo y los huelo el día entero ... ¡y me gusta! Así que creo que tengo cierta afinidad en ese sentido", continúa Spielberg. "Me doy cuenta de que son criaturas nobles.``
Como sería de esperarse del hombre que dirigió las desgarradoras recreaciones de la Segunda Guerra Mundial en Rescatando al soldado Ryan, Spielberg no reparó en gastos al reproducir el ambiente de la gran guerra, por muy duro que eso fuera para el elenco y el equipo técnico. "La cuestión es que una película de la Primera Guerra Mundial requiere construir un sistema de trincheras, que es como se libraban las batallas en esa guerra", explica. "También rodamos durante meses en el campo inglés, donde nunca deja de llover, así que esas trincheras estaban muy lodosas. Y ahí estábamos el elenco, el equipo técnico, los caballos y yo sudando tinta negra en ese lodazal durante semanas interminables, que es algo que nunca olvidaré".
Se apresura a aclarar que, aunque los actores hicieron algunas piruetas peligrosas en las escenas de batalla, los caballos nunca corrieron peligro. "Teníamos expertos en caballos por todas partes", indica Spielberg, "y la Sociedad Humanitaria estuvo presente todos los días. A los caballos se les trató muy bien en las escenas de acción. Teníamos guías para que los caballos estuvieran a salvo incluso en las escenas en las que el espectador podría pensar que ciertamente corrían peligro. Ellos nos daban su sello de aprobación en todo momento.``
Spielberg ha dirigido a todo el mundo, desde Joan Crawford y Audrey Hepburn hasta Tom Hanks y Dakota Fanning. Pero, ¿cómo puede dirigir a un caballo?
"No podía creer cómo el caballo principal que interpretaba a Joey escuchaba al actor durante la escena ... y respondía", afirma. "Quedé pasmado por la inteligencia y sensibilidad que vi en los animales. Era algo casi fuera de este mundo. La verdad sí creo que los caballos vienen del mismo lugar que las ballenas y los delfines".
"No puedo creer que haya podido hacer Caballo de guerra mientras estaba en pleno trabajo con Tintín".
"Pero para mí siempre es bueno trabajar en una película mientras estoy pensando en otra", continúa. "Tengo mucha claridad en las dos películas cuando por un momento a una la pongo a un lado para concentrarme en la otra. Lo más importante que un cineasta debe conservar es su objetividad. Como grupo, nos cuesta trabajo ver el bosque a causa de los árboles. Trabajar en más de una película me da mucha claridad". Su programa doble más renombrado fue en 1993, cuando estrenó La lista de Schindler, ganadora del Oscar a la Mejor Película, y la campeona de la taquilla, Jurassic Park.
Spielberg es una de las pocas personas en Hollywood que básicamente puede hacer cualquier película que elija, pero él asegura que no tiene reglas para seleccionar sus proyectos. "Yo no elijo el proyecto", dice simplemente. "El proyecto me elige y siempre me ha elegido. El trabajo es el que me escoge".
Reconoce que tiene una aguda consciencia del público que se ha ido forjando en más de 35 años como director. "Espero que mi público no sólo siga confiando en mí, sino que siempre sepa más que yo", declara.







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