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THE NEW YORK TIMES | JON PARELES
Leonard Cohen suele tomarse su tiempo. Canta, habla, escribe y graba según su propio y medido ritmo. Los conciertos para su reciente gira mundial se han estirado hasta tres horas.
Su nuevo disco, Old Ideas (o Viejas ideas) es el primero que graba en un estudio desde Dear Heather, del año 2004. Sin embargo, durante una entrevista este mes y cuando un periodista mencionó la cuestión de la escritura bajo plazos estrictos, el músico respondió: "Tenés un plazo de entrega. Bueno, yo también lo tengo: la muerte". Y sonrió. "Tiende a insertarse por sí sola entre nuestras consideraciones".
Cohen, de setenta y siete años, estaba haciendo entrevistas promocionales de prensa para el lanzamiento de Old ideas (Columbia), y también oficiando como anfitrión durante una reunión de escucha celebrada en un pub de Manhattan. Delgado y urbano, vistiendo un traje gris y una gorra, con postura impecable, instó a los invitados del evento a seguir bebiendo mientras escuchaban y se excusó a sí mismo mientras sonaba el disco: "Ya lo he escuchado" dijo para luego volver y dar lugar a algunas preguntas.
¿Dónde estaba él cuando escribió la canción que abre el disco y que se llama Going home o Yendo a casa? "En problemas", responde.
Si se le pide que analice el disco responde: "Probablemente no es una buena idea hacer una autopsia de algo que está vivo".
Luego de eso, en el vestuario, Cohen dijo que la mortalidad estaba muy presente en su mente y en sus canciones. "Pienso en todo eso ahora", asegura. "Creo que se manifiesta a sí misma como una falta de voluntad para hacerse el vago y como una falta de voluntad también para mostrarse con mano dura. No quieres hacer eso porque creo que hay algo con cierto encanto y dignidad que está indicado ahí".
De vuelta. Old Ideas es un disco otoñal, que disfruta con las memorias y los encuentros finales, pero que también tiene cierto brillo en el ojo. Y nuevamente lidia con temas que Cohen ha manejado en toda su carrera, como el amor, el deseo, la fe, la traición, la redención. Parte de la dicción es bíblica y parte es secamente sardónica.
"Son viejas ideas, en el sentido de que son viejas ideas sin resolver, viejas cuestiones morales", dice en ese vestuario. "Son ideas que han estado dando vuelta por el inconsciente de la cultura durante un tiempo muy largo".
En muchas de las canciones, que son fieles a viejas tradiciones de poesía mística, el cantante puede hablar tanto a un Dios como a un amante. Las letras, construidas a menudo sobre asociaciones y repeticiones de frases. En Amen, una lenta mezcla con un banjo sonando en sus límites, Cohen canta: "Dime otra vez/Cuándo fui al río/Y me he llevado mi sed al límite/Dime otra vez/Estamos solos y escucho/Escucho tan duro que duele". Escribió y grabó parte de Old ideas con un socio inesperado, Patrick Leonard, más conocido como el productor de temas de Madonna como Like a prayer y Ray of Light. Se conoció con Cohen mientras producía un disco para su hijo, Adam Cohen y ahí se pusieron a hablar sobre música. Leonard atisbó mucho potencial en un poema que luego se convertiría en la canción Going home, cosa que facilitó la futura colaboración. Going Home comienza el disco cono una melodía tipo himno y un giro: es cantada por un narrador sin nombre, ¿un administrador? ¿Dios? ¿Satán?, que utiliza a alguien llamado Leonard como títere. "Es un bastardo vago que vive en un traje".
A diferencia de Dear Heather, un álbum con poco trabajo de producción lleno de sonoros teclados, este Old ideas incluye instrumentos acústicos como violín, guitarra, trompeta y percusión muy leve, casi acariciada. La música es una adaptación en cámara lenta del blues, himnos y valses, interpretados con un silencioso y casi subrepticio toque. Para una canción, Anyhow, que dice "Sé que no puedes perdonarme/Pero igual perdóname", se marcó un ritmo golpeando sobre el gorro.
Muchas de las canciones son más habladas que cantadas, sus melodías son suplicas por fantasmales coros femeninos. La voz de Cohen, siempre sepulcral, se ha sumergido incluso más. "Mi voz se vuelve más y más lenta porque dejé de fumar", dice. "Esperaba que subiera pero se fue para el otro lado. Me gustaría volver a fumar otra vez cuando tenga ochenta. Tal vez siga en la ruta para ese entonces y es una de las cosas que siempre me invita a volver a la ruta: fumar en el camino".
HACIA EL FINAL. "Debido a ciertas razones financieras me vi forzado a volver a la ruta para reparar las fortunas de mi familia y de mí mismo. Esta fue una circunstancia bastante afortunada porque pude conectarme, por alguna razón, con los músicos vivos. Estaba trabajando en casa solo con los teclados y con mi guitarra. De repente estaba lidiando con músicos vivos y también con público vivo y sí, todo esto tuvo un gran efecto sobre mí. Creo que calentó algunas partes de mi corazón que se habían enfriado parcialmente".
Cohen no mencionó el retiro. El dijo que ha escrito, pero no grabado, suficientes canciones para un nuevo disco. Algunas canciones de Old ideas claramente sugieren que ha estado escuchando largamente el blues: la música que forcejea, tersa y elocuentemente con "la pérdida y la muerte" dijo. Reflejando su plazo final, invocó una canción de Memphis Slim: "Cuando todo cierra, tienes que volver con la Madre Tierra".
Hay camaradería en la música que Cohen dice haber hecho en los últimos años de giras como consecuencia inesperada de lo que él creyó que era la ruina financiera. En 1996 y en 2001, preparándose para el retiro, Cohen vendió los derechos de sus canciones a Sony Music, embolsándose unos diez millones para colocar en fondos de inversión. Pero hacia 2004 aprendió que esos dineros, controlados por quien era su manager en ese entonces, casi habían desaparecido. Una demanda de 2009 le dio 9 millones que no pudo recibir. Su solución fue volver a la ruta y en su cumpleaños número 75, en 2009, volvía a subir a escena en Barcelona. Las devoluciones de impuestos, los seguros y un contrato renegociado con Sony, más un CD y un DVD en vivo en Londres le ayudaron para restaurar sus finanzas. Pero volver a la ruta lo transformó. "Vivía la vida de un ermitaño, que no es del todo desdeñable, durante diez o quince años", comenta. "No sabía si volvería o no a la ruta. Y además se había desarrollado cierta distancia entre yo y mi trabajo, aunque nunca paré de trabajar. Nunca paré de escribir. Pero creo que la escritura implicó una veta más teológica, más filosófica. Se volvió algo más distante del pulso".





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