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ANÍBAL DURÁN HONTOU
Estuve en el Salón Inmobiliario de Punta del Este, evento patrocinado por la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (Appcu), que reúne sustancialmente a los principales promotores compatriotas y de la Argentina, donde exponen sus proyectos inmobiliarios que construirán (o están construyendo) en nuestro país.
Se expusieron 900.000 metros cuadrados lo que supone una inversión de 1.300 millones de dólares (similar a Botnia). Datos de la gremial indican además que esos metros cuadrados de edificación implican 4.000.000 de jornales directos e indirectos por más de US$ 250 millones con US$ 180.000.000 de Aporte Unificado de la Construcción, US$ 110.000.000 por concepto de IRAE, US$ 170.000.000 por IVA ventas, US$ 35.000.000 de Impuesto al Patrimonio y cerca de US$ 50.000.000 por Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales. Y además razonemos así: cuando esos edificios concluyan, generarán trabajo en su derredor sin perjuicio de los impuestos que recaudarán las Intendencias respectivas. Un verdadero círculo virtuoso.
Quiero detenerme en algunos aspectos referidos a conversaciones que mantuve con promotores inmobiliarios compatriotas y sobre todo, argentinos. Estos, que confían en Uruguay, no vieron con ojos optimistas el nuevo impuesto que recayó sobre el agro observándolo como un indicio poco serio. Me lo transmitieron; desconfían del poder sindical que luce desbordante (será o no), pero así lo parece. Están al tanto de la ley de negociación colectiva y de los reparos que sobre la misma ha hecho el sector empresarial ante la Organización Internacional del Trabajo. Conocen la parte impositiva del sector y refutan lo costoso que resulta, desde el aporte unificado por cada 100 pesos al obrero, 70 van al BPS), pasando por dos impuestos que coexisten como son el IVA a la primera venta del inmueble y el Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales que también debe pagarse por el bien, como asimismo inquieren respecto a que no pueden descontar el 100% del precio que pagan por el terreno que compran para el pago del IRAE.
Preocupa además la subvaluación del dólar, lo que hace (entre otras razones) que los precios de las viviendas "luzcan" como onerosos… ¿lo son en realidad? Porque, acotemos, no solo aumentan los inmuebles; aumentan los bienes y servicios expresados en dólares aun más que los inmuebles.
Otra perla de un azaroso collar: un proyecto de ley remitido el 27 de diciembre pasado pretende legislar obligando a todas las personas jurídicas que presenten declaraciones juradas anuales a revelar los nombres de sus titulares (se termina el anonimato de las acciones al portador). La OCDE que marca la cancha. ¿Qué pasará con las personas jurídicas extranjeras que invierten en el sector inmobiliario?
A todo ello se agrega el intercambio de información tributaria con la Argentina, tema que se está procesando y por el cual los promotores argentinos muestran su encono.
Y hay además una queja universal de promotores compatriotas y extranjeros: la productividad de la mano de obra. Nos consta que la construcción viene trabajando en la capacitación de la gente con el Fondo de Capacitación del sector y el Inefop. Pero los resultados por ahora no son alentadores. El bajo crecimiento de la productividad es la raíz del deficiente crecimiento económico de América Latina, pese a que por otras razones hemos gozado de varios años de bonanza.
Se menciona también a la burbuja inmobiliaria, pero esta adviene cuando entre otras razones, los precios de los inmuebles crecen más que los de la población y sucede lo inverso; o cuando el crédito hipotecario crece el 100% del producto bruto y aquí está rondando el 4%.
En fin; tengo la sensación de que el inversor argentino (inmobiliario), sigue creyendo en el país, sabe que no existe corrupción, mantiene la confianza. No obstante, son pequeñas luces amarillas que no podrán paliar ni las mejores vistas de Punta del Este, ni las transparentes aguas del Atlántico, ni la Casa Pueblo de Páez Vilaró. Debemos seguir trasuntando seriedad, previsibilidad, credibilidad. El partido se juega todos los días y el resultado positivo es efímero. Atizar la imaginación y el esfuerzo en pos de seguir captando inversión, es una tarea perenne.
La "lealtad" de los inversores extranjeros a nuestro país está imbuida de constancia, fidelidad y confianza. En la vida personal, la lealtad es una virtud menos equívoca donde prima la fidelidad por encima de todo. Pero en estos temas, erosionada la confianza, se evaporan la constancia y la fidelidad y con ellos, el dinero huye inmisericorde y sin remordimiento alguno.
Los que confían en Uruguay, no vieron con ojos optimistas el impuesto que cayó sobre el agro.










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