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Calamidades en el mundo. Las tasas de mortalidad por los desastres de la naturaleza, pese a lo que parece, están disminuyendo Los daños alrededor del planeta costaron US$ 378.000 millones | La verdad sobre las calamidades. El 20% de la ayuda humanitaria que se brinda en el mundo, se usa para responder a desastres En tanto, solo el 0,7% se utiliza para llevar adelante medidas preventivas | w Incentivos llevan a reconstruir en áreas de catástrofes
ROTTERDAM | THE ECONOMIST
Las cadenas de abastecimiento industrial del mundo apenas se estaban recuperando del sismo y tsunami en Japón, en marzo, cuando un desastre natural las dañó nuevamente en octubre.
Una inusualmente fuerte temporada de monzones desbordó ríos y abrumó a reservorios en el Norte de Tailandia. Las inundaciones llegaron a Bangkok, la capital tailandesa, y causaron pérdidas económicas más al Norte, en la provincia de Ayutthaya, un centro de manufactura. Las aguas superaron los diques de seis metros alrededor del predio industrial de Rojana. Los trabajadores de Honda rescataron los vehículos ensamblados, conduciéndolos a colinas cercanas. La planta industrial terminó bajo dos metros de agua y continúa cerrada. Honda no estuvo a solas: los parques industriales que derivan a Bangkok son sede de muchos eslabones de las cadenas de abastecimiento automotor y tecnológico. Western Digital, fabricante de unidades de discos duros de computadoras que tienen el 60% de su producción en Tailandia, sufrió el cierre de dos de sus fábricas lo que hizo disparar el precio global de los discos duros.
Las inundaciones no son nuevas para Tailandia, pero pocas veces causaron tanto daño económico. Las inundaciones de octubre costaron US$ 40.000 millones, el desastre más caro de la historia del país. J.P. Morgan estima que hizo retroceder la producción industrial 2,5%.
Los desastres por miles de millones de dólares se hacen comunes. Cinco de los diez más costosos, en términos de dinero y no de vidas, ocurrieron en los últimos cuatro años. La reaseguradora Munich Re, calcula que los costos económicos fueron de US$ 378.000 millones el año pasado, superando el récord anterior de US$ 262.000 millones en 2005 (a dólares constantes de 2011). Además de las calamidades japonesa y tailandesa, Nueva Zelanda sufrió un terremoto, Australia y China inundaciones y Estados Unidos un cóctel de huracanes, tornados, incendios de campos e inundaciones. Barack Obama emitió un récord de 99 "declaraciones de desastre mayor", en 2011.
Si los terremotos letales rara vez son atribuidos a la actividad humana, está de moda culpar de los desastres al calentamiento global. Parece plausible: el aire caliente empeora las secas y permite que el aire tropical contenga más humedad, que es el combustible de los ciclones. Sin embargo, un estudio reciente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, que representa el consenso entre miles de científicos, expresó poca confianza en la existencia de vínculos entre el cambio climático y los ciclones.
El mundo ha tenido éxito al lograr que los desastres naturales resulten menos letales, a través de mejores sistemas de detección temprana de tsunamis, mejor información pública sobre planes de evacuación, normas de construcción más severas en áreas proclives a los sismos y el estímulo a los propietarios de viviendas para que adopten precauciones simples como instalar ambientes a prueba de tornados. El número de muertos anuales está fuertemente influenciado por hechos periféricos como el sismo en Haití, en 2010 (causó más de 200.000 muertos) o los ciclones en Bangladesh, en 1970 (300.000 muertos). Pero, ajustada a la creciente población de la Tierra, la tendencia de la tasa de mortalidad es descendente.
Los incendios del "Sábado Negro" de Australia, que mataron a 173 personas y destruyeron 2.298 viviendas, en 2009, son considerados el peor desastre natural del país. Pero, un estudio de Ryan Crompton, de la Universidad Macquarie, descubrió que el 25% de las construcciones destruidas estaba en zonas de arbustos y el 60% a diez metros de éstas, por lo que estaban expuestas al riesgo del fuego. El estudio concluyó que si los incendios anteriores hubieran ocurrido con personas viviendo tan cerca como hoy, un estallido de incendios como el de 1939, habría sido el más mortal, en tanto el Sábado Negro se situaría en segundo lugar y en cuarto si cuenta el número de viviendas destruidas.
ESTRAGOS. Las costas de Estados Unidos pueden ser un microcosmos de la dirección en que se encamina el mundo. La población de Florida creció de 2,8 millones en 1950 a 19 millones en la actualidad. Howard Kunreuther y Erwann Michel-Kerjan, expertos en desastres, que se desempeñan en la Wharton Business School, en Pennsylvania, estiman que en la actualidad están asegurados alrededor de un billón de los US$ 10 billones en bienes propensos a ser afectados por huracanes a lo largo de la costa desde Maine, alrededor de la península de Florida y hasta Texas. Roger Pielke, de la Universidad de Colorado, en Boulder, admite que el gran huracán de Miami de 1926, que tuvo un costo de US$ 1.000 millones, en US$ de 2011, ahora causaría daños por US$ 188.000 millones.
No resulta claro si los estragos económicos de los desastres crecen más rápido que el PIB global, debido a que un mundo más rico tiene más riqueza en riesgo. De cualquier manera, la incidencia es espectacular y las catástrofes por miles de millones de dólares parecen tener suba segura. Un estudio de 2007 liderado por la OCDE, estimó que para 2070, siete de las diez mayores concentraciones de bienes económicos (edificios, infraestructura y otros elementos similares) que están expuestas a las inundaciones, estarán en el mundo en vías de desarrollo; ninguna lo estaba en 2005. En ese tiempo, los bienes expuestos a inundaciones crecerán del 5% al 9% del PIB mundial. Un estudio del BM dirigido por Apurva Sanghi, estimó que entre 2000 y 2050 las poblaciones urbanas expuestas a ciclones o sismos aumentarán más del doble, subiendo de 11% a 16% de la población mundial.
PELIGRO. El desarrollo, por su naturaleza, también agrava los riesgos. A medida que las ciudades avanzan sobre las costas, los humedales y los ríos, las barreras naturales como los manglares y las dunas son destruidas y se erigen estructuras artificiales --diques y muros de contención del mar- para mantener el agua a distancia. El resultado es que se pone a más personas y propiedades en riesgo si esas barreras fallan.
A medida que las ciudades en los deltas de los ríos extraen agua del suelo para la industria, el saneamiento y para beber, el suelo cede, y queda en nivel más inferior aún del nivel del mar, lo que requiere diques cada vez más altos. Desde 1980, la población de Jakarta, Indonesia, creció más del doble a 24 millones y debería llegar a los 35 millones para 2020. Las tierras que en otros tiempos absorbían los desbordes de los 13 ríos de la ciudad, han sido desarrolladas y ahora están cediendo: 40% de la ciudad se encuentra ahora debajo del nivel del mar.
Si la naturaleza humana no puede ser cambiada, las políticas de los gobiernos pueden serlo. Eso puede significar gastar más en la prevención de desastres para cortar costos. Alrededor del 20% de la ayuda humanitaria se destina a responder a los desastres, en tanto un 0,7% (aunque en aumento) se gasta en medidas preventivas tomadas para mitigar sus consecuencias, según el BM.
Holanda, cuya existencia ha estado por mucho tiempo a merced de la naturaleza, puede estar en la vanguardia para repensar cómo abordar el problema. El 60% del país está bajo el nivel del mar o en riesgo de inundaciones habituales del Mar del Norte o de sus tributarios, los ríos Rhin, Meuse y Schelt. En 1953, una combinación de marea alta de primavera y una fuerte tormenta sobre el Mar del Norte desbordó los diques e inundó el 9% de las tierras cultivables, causando la muerte de 1.800 personas.
En 1993 y nuevamente en 1995, grandes desbordes de ríos inundaron las zonas rurales y casi crecen por encima de los diques en los centros poblados, obligando a la evacuación de más de 250.000 personas. El huracán Katrina (provocó enormes destrozos en Nueva Orleans, Estados Unidos) fue la alerta final, e hizo que los holandeses enfrentaran la poca confiabilidad de los pronósticos de eventos que ocurrirían una vez en un siglo y la imposibilidad de repetir la hazaña estadounidense de evacuar a un millón de personas.
ESTRATEGIA. La filosofía del país sobre control de inundaciones ha virado, como resultado, de construir diques cada vez más altos a hacer que las ciudades y las zonas rurales sean más resilientes a las aguas. En 2007, lanzó su proyecto de US$ 2.960 millones "Lugar para el Río". En 39 lugares a lo largo de los ríos Meuse, Rhin, Ijssel y Waal, los diques son movidos tierra adentro, los lechos de los ríos son profundizados y los campos, que ahora están ocupados por granjas y hogares, están deliberadamente expuestos a las inundaciones.
Hacer que las ciudades tengan más resiliencia involucra cambios más duros en al mundo en vías de desarrollo. Por un lado, la urbanización priva a las ciudades de sus defensas naturales contra el desastre y expone a más personas a la pérdida de vida y propiedades cuando son golpeadas por un sismo o un ciclón. Por otro lado, la urbanización hace que las personas más pobres tengan más riqueza. La densidad e infraestructura de las ciudades hace que la gente sea más productiva y tenga mayor capacidad para darse las medidas necesarias para mantenerse segura. Por tanto, las medidas para mitigar no deben desalentar a la gente a amontonarse en las ciudades vulnerables, sino a establecer los incentivos para que las ciudades y sus habitantes puedan protegerse mejor.
16% Es el porcentaje de la población mundial que estará expuesta a ciclones y tsunamis antes del año 2050; aumentará más del doble.
10 Son los billones de dólares en bienes que están propensos a ser afectados por huracanes; solo 1 billón de dólares está asegurado.
Santiago | La fiscal chilena que investigó la responsabilidad en la falta de alerta de un devastador tsunami en febrero de 2010, dijo que los inculpados serán funcionarios de un organismo naval y de la Oficina de Emergencia del gobierno, descartando virtualmente la responsabilidad de autoridades del gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet.
La fiscal Solange Huerta dijo que la imputación ante un tribunal que hará próximamente, entre febrero y marzo, será por responsabilidad al incumplir reglamentos.
Agregó que la confirmación del maremoto se produjo cuando el fenómeno había arrasado muchas localidades costeras del centro- sur del país la madrugada del 27 de febrero.
El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada, encargado de entregar la alerta a la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) dio versiones confusas y contradictorias al organismo estatal, lo que impidió alertar a las poblaciones costeras. Y autoridades de gobierno, basadas en esa información técnica, llamaron a la tranquilidad por cuanto no existían antecedentes para presumir un tsunami, mientras devastadoras olas destruían localidades costeras.
El sismo y posterior tsunami dejaron un saldo de 525 víctimas y 125 desaparecidos. Los daños fueron calculados en 30.000 millones de dólares. AP
Originalmente, la gente se estableció en los deltas de los ríos porque las inundaciones habituales hicieron que la tierra fuera muy fértil. Esas ciudades continuaron creciendo, debido a las ventajas económicas naturales que esas concentraciones de talento humano tienen para modernizar las sociedades. Aún cuando la gente pobre que se muda a las ciudades sabe que aumenta su riesgo de morir en un deslizamiento de tierra o una inundación, eso es más que compensado por el trabajo mejor remunerado. En los países ricos, las costas ganan población porque a la gente le gusta vivir cerca del agua.
También funcionan incentivos perversos. Los propietarios de viviendas en planicies inundables en EE.UU. deben tener un seguro contra inundaciones para obtener una hipoteca respaldada por las autoridades federales. Pero, el seguro federal, con frecuencia es subsidiado y muchas personas quedan exoneradas de la norma o viven en lugares donde el riesgo de inundaciones no ha sido debidamente definido. Algunos no compran seguros contra desastres, presumiendo que pueden contar con la ayuda federal si su vivienda fuera destruida. Una vez que el gobierno declara un desastre, paga entre 75% y 100% de los costos de respuesta. A los presidentes les ha sido cada vez más difícil rechazar los pedidos de los líderes locales para obtener asistencia, especialmente en años electorales. Matt Mayer, de la Fundación Heritage, un centro de análisis conservador, dice que el gobierno incluso se hace cargo de los desastres que puede cubrir el Estado.
Como consecuencia de estos incentivos, la gente rutinariamente reconstruye las áreas que ya han sido devastadas. Bob Meyer, de la Wahrton School, pone el ejemplo de Pass Christian, una ciudad balneario en Mississippi, donde un complejo de apartamentos fue destruido por el huracán Camille, en 1969, causando la muerte de 21 personas. Un centro comercial y condominios fueron construidos después en la misma zona, y terminaron arrasados por Katrina, en 2005. Nuevos condominios han sido construidos en las cercanías.










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