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Pablo Fabregat
Esta noche a las 23.45 horas en la sala del Undermovie, en el Montevideo Shopping Center, sube a escena Pablo Fabregat para ofrecer una temporada de verano de "Tío Aldo 2.0". Luego de haber convocado unos 12 mil espectadores entre en 2010 y 2011, el famoso personaje regresa a evangelizar con la palabra, para tratar temas que van desde esa pandemia llamada stand up, hasta la historia profunda del Uruguay y los vicios, defectos y limitaciones de su gente. En entrevista con El País, el actor habló de su personaje, de sus diferencias con él, del público juvenil del Undermovie, y de la nueva versión que prepara para este año.
Carlos Reyes
-¿En qué cambia este show para la temporada de verano?
-En realidad es el mismo show de la temporada 2011 que va a tener mínimos cambios, porque el año pasado era el año del Bicentenario y el show empezaba haciendo referencia a ese episodio, y ahora tendrá algún comentario de lo que va del verano. Pero básicamente es el mismo show con mínimos cambios.
-¿Cómo es el público del Undermovie?
-Lleva bastante gente joven: no sé si eso es bueno o malo. Gente que no está en el circuito teatral sino que la sala incorporó de otros palos. En mi caso va mucha gente que es oyente de Océano FM, porque el personaje siempre estuvo ahí. Y es un público muy juvenil pero también va gente más grande. Van de 15 a 40 años, van abundantes parejas, y también van grupos de amigos. Y es un público más masculino, por el estilo del personaje.
-¿Y es un público de risa fácil?
-Sí, es un público de risa fácil: como la gente paga una entrada, va predispuesta a reírse. Entonces, es un panorama más sencillo que el que yo pueda tener cuando, por ejemplo, voy a un cumpleaños o a un casamiento, donde tenés que ganarte a la gente, que mucha ni te conoce. En la sala entrás con el pie derecho, porque está afín que reírse, porque conoce al personaje y le gusta su tipo de humor.
-¿Qué diferencias hay entre hacer al Tío Aldo en televisión y en teatro?
-En televisión, como lo he hecho en Consentidas, por ejemplo, tiene diferencias notorias, porque el personaje tiene menos tiempo para expresarse: hay que entrar e intentar hacer un gol. En el escenario es distinto porque tenés más tiempo para desarrollarlo. Y también, un show de una hora y cuarto permite demostrar que el personaje no tiene un humor solo, sino varios tipos de humor. Porque se lo podría encasillar como que es guarango y en realidad el show que hago en el MovieCenter son shows para todas las edades. Hay mínimas malas palabras que no asustan a nadie: más bien se habla de cosas de costumbrismo uruguayo.
-¿Esa crítica hacia lo uruguayo busca ser ligera o exacerbada?
-No, no, no es una crítica dura: en algunos momentos sí, por ejemplo, con el tema del servicio, porque el personaje se basa en la crítica, aunque en realidad es desde el absurdo, más que una crítica despiadada de pegarle al Uruguay. En realidad se bromea con cosas de la uruguayez, en algunos casos diciendo que es excelente sobre cosas que son malas, y en otras diciendo que son malas y en realidad son excelentes. Es como un doble juego de interpretación, que cada uno lo entienda como lo quiera entender. Pero ninguna crítica es fuerte o violenta: alguna gente lo ha interpretado así, como que es una crítica a la cultura del Uruguay, pero eso va en cada uno. Yo no lo veo así.
-También incorpora diapositivas al espectáculo...
-Sí, como el show tiene muchas referencias a las características de la uruguayez, el cierre es con las diapositivas para mostrar imágenes de características típicas del Uruguay, desde personalidades a episodios, y algún invento uruguayo. Y hasta algún chiste gráfico aparece. Son 20 y pico de imágenes de cosas de la uruguayez, del costumbrismo, que uno sabe que existen, y que están puestas en desorden, ya que no tienen ninguna lectura ni lineal ni cronológica, pero sirven para hacer un cierre del espectáculo.
-¿Cómo es Tío Aldo?
-Es un veterano perdedor que se cree ganador. Un terraja que se cree fino, que maneja mucho el absurdo, que está como perdido en el tiempo pero también maneja la actualidad. Creo que el absurdo y lo bizarro podrían ser sus dos características más claras.
-¿Le debe mucho a Calabró?
-A Calabró yo lo miraba de niño, pero casi sin tener uso de conciencia. Me han dicho que tiene que ver son su personaje, por los tapados de piel y esas cosas. Pero el desarrollo de mi personaje fue como un desarrollo mental que yo fui haciendo en mi juventud, de cosas que me parecían terrajas y que yo nunca me animaría a hacer, como por ejemplo, vestirme de traje blanco. Aunque tiene influencia de varios personajes, creo que los que más me han influido pueden ser Luis Rubio y Gillespi. Me acuerdo que los vi de joven y cosas de sus personajes y, sin querer o queriendo, las incorporé.
-¿Tío Aldo se parece a usted?
-Sí, tiene muchos puntos en contacto y otros son opuestos. Es como un juego: el personaje es hijo único y yo tengo tres hermanos, pero es hincha de Nacional, igual que yo. En unos aspectos busqué que fuera similar, para basarme en la experiencia personal y en cosas creíbles. Y en otros que fuera opuesto, cosa que se hace mucho en el humor. Yo soy muy introvertido y tímido, y el personaje es lo opuesto, pero en lo que más se parece a mí es que le gustan las cosas viejas, que le gusta la reunión social, el tema de la amistad, y el fútbol, abundante. Son como los grandes temas: después en la cortita, no, porque yo no escucho a Raphael y El Puma, como escucha Tío Aldo. A mí me gusta más otro tipo de música, más el rock inglés y esas cosas.
-¿Y ahora va a preparar otra versión de Tío Aldo?
-Sí, supongo que va a arrancar como para mayo. Mi idea es que se basara un poco en los medios de comunicación uruguayos. Tengo esa idea vaga, pero no me he puesto a escribir, ni a pensarlo, ni a definir nada.
Tío Aldo surgió en la radio allá por 2003, en el programa Caras y más caras, y luego pasó a la televisión, con su participación en La culpa es nuestra. El personaje es como un "quedado en los años 80", a tal punto que viste siempre traje y mocasines blancos al estilo Miami Vice y muere con canciones de Julio Iglesias o Cacho Castaña. Sobre cómo escribe sus guiones, Fabregat sostiene que "el show lo planteo como una estructura temática, con algunos chistes escritos y otros que voy planteando, porque en realidad yo tampoco tengo educación actoral. No tengo la costumbre de escribir un texto y aprenderlo. Tampoco hay un director que me diga cómo salir a escena. Esto se va haciendo y cada función en teatro se va modificando según lo que funciona más".





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