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Pablo Galimberti
"Perdonar" recomienda el obispo de Salto ante las situaciones de violencia e inseguridad, y señala la necesidad de "enseñar a manejar los sentimientos oscuros que tenemos dentro". El religioso también habló de la crisis poblacional y de incentivar la maternidad a través de nuevas leyes y subsidios. Dijo que la despenalización del aborto puede afectar la percepción de que "la vida vale menos" y afirmó que el reconocimiento del matrimonio homosexual va en contra de darle estabilidad a la familia y a una "demografía esperanzadora". Además, ante la crisis educativa, apoyó la posibilidad de que el Estado subsidie a los centros educativos privados.
Pilar Besada
-Ante el aumento de la inseguridad en el país muchos plantean endurecer las medidas contra los delincuentes, como bajar la edad de imputabilidad penal. ¿Qué postura tiene la Iglesia en este sentido?
-Creemos que la seguridad ciudadana es un requisito para el desarrollo humano. Creo también que hay factores subjetivos que aumentan la sensación de amenaza, y que en esa sensación de amenaza o de inseguridad entra también la fe o la falta de fe. Esa confianza en uno mismo, o en un Dios que me cuida. Cuando este tema se une con el de la familia, la pregunta es quién educa la violencia innata del hombre. El hombre es lobo y cordero. En mi casa éramos cuatro varones. Una vez, se armó una pelea y un hermano mío tomó un cuchillo. Al rato llegó mi padre del trabajo, y al enterarse llamó a mi hermano, y lo llevó caminando hasta el penal de Miguelete. Y le dijo: "Aquí vas a venir si algún día te domina esa rabia que te hizo tomar el cuchillo". Creo que esto es una muestra de que a la violencia no hay que internarla, que recluirla, hay que educarla. Porque ese cainismo, esa tendencia de Caín de liquidar a su hermano Abel, ese lado oscuro del alma, es un dato que permanentemente amenaza la fraternidad. Necesitamos educadores que enseñen a manejar los sentimientos oscuros, violentos que llevamos dentro.
-¿Qué opina de la justicia por mano propia o de que cada vez más ciudadanos estén armados?
-Ya hemos visto cómo eso ha traído tragedias familiares. A veces hay que responder serenamente y no ubicarnos en un momento de peligro. A menudo la sociedad quiere simplemente castigar al autor de un delito, castigarlo de las formas más severas, motivando la venganza y el desquite, sin embargo, el castigo por sí solo no reconoce el hecho de que el delincuente es también una víctima, y que todos somos parte de la solución. La violencia, el crimen, traen dolor, pe-ro en realidad la única manera de sobrevivir es perdonando. Esto está unido a las soluciones para enfrentar la creciente inseguridad, para que las cárceles no crezcan y se transformen en depósitos de gente rencorosa, arrinconada y sin perspectivas. Creo que se está trabajando, aunque hay que hacer mucho más, y creo que hay que apoyar a los que están poniendo su presencia, su paciencia y su trabajo en eso.
-En cuanto a los datos del último censo, que muestran un muy bajo crecimiento de la población, ¿qué interpretación hace la Iglesia? ¿Creen que la tradicional separación de la Iglesia y el Estado en Uruguay tiene algo que ver?
-Los datos globales habrían confirmado la impresión que todos tenemos a diario, que en Uruguay el crecimiento de la población está estancado. En cuanto a la secularización de la Iglesia y el Estado y este fenómeno, no los vincularía. Creo que el bajo crecimiento demográfico es algo que sucede en muchos países europeos, más allá de la relación entre la Iglesia y el Estado. Pero es cierto que en Uruguay es algo que hoy se ha agravado, y puede estar relacionado con que la maternidad no está suficientemente valorizada. Creo que podría haber nuevas leyes, una puesta al día, con subsidios a estas madres fecundas, que están a veces en las periferias de las ciudades.
-¿Cree que la despenalización del aborto puede agravar la crisis poblacional?
-No, no pienso que pueda incidir. Porque esta tendencia se ha mantenido a pesar de varias legislaciones poco favorables a la familia. Sí creo que tiene una incidencia en cuanto a la percepción que la población va teniendo con respecto a que la vida vale menos, que tiene un valor relativo. En este diario el día lunes leía un editorial de Hebert Gatto, que llama al aborto un "delito sin sustento". Gatto creía que lo que hay en el útero materno es un tejido, que no es persona porque no tiene razonamiento. Ese criterio se puede aplicar a los ancianos que estén en una etapa de decaimiento. Esa cosificación me parece alarmante. Nuestra legislación reconoce la capacidad jurídica de un embrión, cuando dice que un niño en el seno materno es sujeto de derecho, y puede heredar al padre.
-¿Qué acciones tomará la Iglesia este año en relación con la inminente despenalización?
-Antes de determinar qué acciones se van a tomar, creo que el modo y el testimonio de la Iglesia apuntan a tocar los corazones, tocar la inteligencia de las personas. Y hay movilizaciones de cristianos que son movilizaciones libres, atrás no hay siempre un obispo alentando. Uno de los aspectos que me llaman la atención y que he escuchado de algunos de los senadores que apoyaron esta ley es que me parece que se lavan la conciencia diciendo que no hay que mezclar los temas religiosos en este asunto. Creo que es un error porque el artículo 5 de la Constitución dice que hay libertad de culto, y esa libertad no es para guardarnos las creencias en nuestras casas, sino para exponerlas y defenderlas. Por otra parte me parece una falacia decir que lo religioso no cuenta. Creo que el aborto es un tema médico, un tema ético y de derechos humanos. O sea que no es que argumentamos con la Biblia en la mano. Los derechos humanos tienen una fundamentación médica, y si no que escuchen al propio doctor Tabaré Vázquez.
-El matrimonio homosexual también está en la agenda legislativa del Frente Amplio.
-Yo no le llamaría matrimonios sino uniones de personas del mismo sexo. Porque si llamamos matrimonio a cosas distintas se nos confunde el panorama. El matrimonio entendemos que es la unión estable y el vínculo afectivo de un varón y una mujer abiertos a la vida. Si hay otra cosa que se le parece, yo lo llamaría de una forma distinta. Si no creo que desdibujamos los conceptos y los confundimos. La Iglesia está dispuesta, en el caso de personas del mismo sexo que conviven, que quieren defender sus derechos legales y jurídicos, a que tengan su debido respaldo con las garantías que dan las leyes. Pero ello no reúne todas las características de un matrimonio. Creo que esto está unido al tema de qué hacemos para fomentar los hijos, para tener una demografía esperanzadora. Creo que dándole estabilidad y apoyo a la familia formada por mujer y varón en unión estable y abiertos a la vida. Con apoyos, con ventajas, sobre todo a las familias con mayores dificultades económicas.
-Otro de los temas que preocupa a la población es la crisis educativa. ¿Qué acciones propone la Iglesia en este ámbito?
-Los obispos hemos hecho referencia en este sentido al tema de la laicidad, a en qué medida la propuesta educativa debe abrir todos los campos de la experiencia humana, todos los campos del saber, todas las inquietudes. Y a la apertura a los temas artísticos y espirituales que son también los que dan sentido a la vida. Creo que es momento de instalar una laicidad abierta. Como la manifiesta el presidente Sarkozy, de Francia, el país que inventó la laicidad. Acá tenemos muchas veces un concepto de una laicidad cerrada.
-¿Se refiere a la posibilidad de que el Estado subsidie la educación privada?
-Por ejemplo. O para decirlo de otra manera, que el Estado le dé a los padres un dinero, un voucher, y que ellos puedan presentarse a donde quieran. A la escuela de la esquina, o a una escuela católica, o a una escuela evangélica, logosófica o judía. Es decir, que los padres sean los responsables y quienes hagan la elección.
-Una medida así tendría muchas resistencias en Uruguay.
-No digo que sea una batalla para dar este año. Pero creo que el estado actual de la educación pública nos invita a aportar ideas. Esta crisis tie- ne un lado positivo, es una oportunidad. Creo que en los uruguayos está instalado mucho la idea de la tolerancia, esa tolerancia de la que habla Discépolo, donde todo es igual, nada es mejor. El país tiene una rémora, un temor al avance.
Edad: 70 años
Posición: Obispo de Salto
Otros datos: Se ordenó en 1971 y en 1983 fue obispo de San José.
A 12 años de su ordenación como sacerdote, Pablo Galimberti fue nombrado obispo de San José, posición que ocupó entre 1983 y 2006, cuando pasó a ser obispo de Salto. Desde 1980 acompañó la creación del movimiento Dalmanutá, fundado por los sacerdotes Luis Pedro Montes y Ernesto Popelka. Como obispo de San José tuvo una importante participación en el ca-so de Macarena Gelman. A pedido de Juan Gelman, Galimberti fue el primer contacto entre el poeta argentino y su nieta, cuando residía en San José. En ese departamento promovió la creación de Encuentro FM, una emisora católica.
Es el tercero de seis hermanos y estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre los 25 y los 29 años. Trabajó en varias comisiones relacionadas con la vinculación de los católicos con las religiones judías y cristianas. En la Conferencia Episcopal Uruguaya está a cargo de la Comisión de Cultura y Diálogo, y desde el año pasado ocupa un cargo en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).










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