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Paquito D`Rivera. Toca el saxo y el clarinete, compone y dirige conjuntos y orquestas de todo tipo, además del Festival de El Sosiego, en Punta Ballena Defiende la hibridación y fusiones en el jazz
PUNTA DEL ESTE | XIMENA ALEMAN
"Son 57 años tratando de soplar la cosa esa", dice Paquito D`Rivera. La cosa esa es un saxofón, y Paquito lo sopla muy bien. Con 63 años, es uno de los jazzistas cubanos más respetados y además es programador del Festival de Jazz de Punta del Este.
"Hay días que no suenan tan bien como otros. Pero esa es la historia de mi vida. Me canso a veces y paro. A veces, por unos días, y me pongo a escribir sobre algo que quiera comentar. Pero siempre regreso".
La de Paquito es una historia de regresos al saxo, instrumento que toca desde los seis años. Es una elección que nunca ha reconsiderado. "No se me ha pasado nunca por la cabeza cambiar de trabajo. Me ha pasado pensar en dejar de trabajar, pero muy poco. Pero no creo que ya lo deje, esto es una condena. Soplando perpetuamente. Me gusta mi trabajo".
Su padre era saxofonista también y le inculcó el amor por la música. "Le doy las gracias a mi padre por darme esta profesión", dice él, y cuenta que en su casa se escuchaba música de todos los estilos. Así surgieron sus dos pasiones: el jazz y la música clásica. Entre ellas oscila Paquito y en las dos se ha destacado.
"Nunca pensé que sería un compositor serio", admite, pero ahora sus obras son comisionadas. Ese es el caso de su último concierto de contrabajo o su último ballet, llamado Damas de blanco, solicitado por la compañía de danza José Limón Dance Company. El nombre no es una coincidencia, Paquito no cree en el arte abstracto y desde que dejó Cuba y se exilió en Estados Unidos en 1981, sueña con tocar de nuevo en su país.
-¿Cuál es la diferencia entre el jazz y la música clásica?
-Para mí son como dos conceptos totalmente distintos. Yo crecí rodeado de música, para mí es como ir a la playa o a la montaña. Son cosas distintas, pero es tan linda la montaña como el mar, aunque Martí decía que "el arroyo de la tierra le complace más que el mar"; todo tiene su encanto. Casi toda la música que escribo tiene algo de jazz o música popular y eso me trae problemas con los músicos clásicos. Pero son sensaciones distintas; se supone que cuando uno encuentra una forma de tocar música clásica debe tocarla siempre así y en eso consiste tu estilo, en tocar siempre igual y así los especialistas te conocen. En el jazz es todo lo contrario. Es tocar la misma cosa siempre de forma diferente. Son conceptos tan distintos como la montaña y el mar. En el mar, en el jazz me siento más cómodo. Me gusta mucho la música clásica, pero si tengo que hacer un concierto completo y no improviso me siento muy extraño y puedo llegar deprimido a casa.
-¿Qué le permite transmitir el jazz que no le permite la música clásica?
-La improvisación. En la música clásica debes tocar lo que está ahí, lo que puso el autor. Debes interpretar lo que quiso decir y en el jazz no. Allí a veces no tocas ni la melodía que escribió el autor. Es la belleza de esa música sin la que yo no puedo vivir, no me gusta vivir sin improvisar.
-¿No le da miedo?
-Sí, es como el terror de la página en blanco. Pero no puedes hacer nada con respecto a eso. Bueno, hay un mecanismo profesional también. Casi nunca pasa que se te queda la mente en blanco, pero a veces no se te ocurren cosas buenas. El otro día toqué con mi quinteto, que es una maravilla. Hacía un poco de frío y una serie de cosas y tocamos horrible. Yo soplaba y no me salía nada, salía lo que tengo en la gaveta, nada más. A mí me da terror cada vez que tengo que subir al escenario. Es como la montaña rusa. Cuando me ponen el chaleco digo: "¿quien me habrá mandado a hacer esto?". Pero cuando baja el carro, me encanta. Lo mismo me pasa en el escenario.
-¿Siempre se siente así?
-No, al mismo tiempo en el escenario es cuando mejor me siento. Me siento realizado. Me transporto, el escenario es como estar en otro planeta. Me gusta el sonido alrededor de mí, no solo escucharme a mí mismo, sino como suena otra gente, es maravilloso. Es como estar casado con una mujer de la que estás muy enamorado, cuanto más años pasan más te gusta. Es un disparate, pero esas cosas pasan. Lo mío es un romance con esta profesión.
-¿Qué le aporta lo latino al jazz?
-Tantas cosas. Jelly Roll Morton habló de lo que llamó "La pizca hispánica en la música americana". Pero realmente se refería a toda la música latinoamericana y especialmente a la música del caribe. El jazz tiene gran influencia de Cuba y Santo Domingo, New Orleáns tiene influencia de Cuba y de México. Y la contribución de los músicos de origen hispánico al jazz ha sido tremenda desde el principio. Louis Armstrong grabó El manisero y desde entonces el mismo Edward Morton grabó algunas cosas que suenan co-mo sones cubanos. Mucho después vinieron Machito, Dizzy Gillespie, Mario Bauzá, Tito Puente. Y después los brasileños con Jobim y todos esos bandidos cariocas. Y obviamente Piazzolla. Últimamente está entrando el flamenco. Lo bonito del jazz es que acepta influencias de todos lados, nace en un país multicultural y multinacional y la gracia de esa música es que es un híbrido de todo el mundo. Todo el que llega pone ahí algo, es la gracia del país ese y la belleza de su cultura. Quien habla de pureza en el jazz está jodido, es ridículo.
SÁBADO 7 Dmitry Baevsky Quartet: David Wong (bajo), Joe Strasser (batería), Jeb Patton (piano), Dmitry Baevsky (saxo alto) a la hora 20. Richie Goods Quartet: Helen Sung (piano), Mike Clark (batería), Seamus Blake (saxo tenor) y Richie Goods (bajo, en la foto), a las 21.30. A última hora: Paquito D`Rivera presenta Clarinet Summit: Renee Rosnes (piano), Adam Nussbaum (batería), Todd Coolman (bajo), Dr. Michael White (clarinete), Victor Goines (clarinete), Anat Cohen (clarinete) y el anfitrión y director musical del festival Paquito D`Rivera, también en clarinete.
DOMINGO 8 Richie Goods Quartet: Helen Sung (piano), Mike Clark (batería), Seamus Blake (saxo tenor) y Richie Goods (bajo). A las 20. Grant Stewart/ Eric Alexander Quintet: Philip Stewart (batería), David Wong (bajo), Grant Stewart y Eric Alexander (saxo tenor) y Harold Mabern, como invitado especial al piano. A las 21.30. El cierre del festival será con el Tributo a James Moody: se presentarán los integrantes de su último cuarteto la pianista Renee Rosnes, Adam Nussbaum (batería) y Todd Coolman en bajo junto a los trompetistas Diego Urcola y Valery Ponomarev, y a Paquito D`Rivera.










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