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Luis E. González
Para los uruguayos, la inseguridad y la educación son los principales problemas del Uruguay y en ambos casos la percepción es que el gobierno ha hecho poco o no le ha encontrado una solución. El director de Cifra, el politólogo Luis Eduardo González, habla de estos asuntos, de cómo están impactando en el gobierno de José Mujica y qué consecuencias le puede traer en un futuro cercano. Además, analiza las diferencias entre el MPP que responde al presidente y el Frente Líber Seregni que sigue al vicepresidente Danilo Astori, la incidencia de los sectores radicales en el Frente Amplio y la acción de algunos sindicatos, en particular los de la educación.
Carlos Ríos
-La última encuesta de Cifra marca una mejora en la imagen y en la gestión del presidente José Mujica, luego de una caída importante a mediados de año. ¿A qué se debe este cambio?
-Probablemente el punto más importante de la caída fueron las idas y venidas con la ley de Caducidad. Acá es importante tener presente que es probable que la parte más importante del problema ya no se refiriese tanto a las instancias de la ley de Caducidad sino a los problemas de formas y procedimientos. Me consta que a muchos votantes frentistas no les parecía apropiado desautorizar de semejante manera dos plebiscitos. Por otro lado, ya estamos muy cerca de las fiestas de fin de año, de las vacaciones y, aunque los efectos son variables, hay mucha evidencia acumulada a lo largo de muchos años de cierta estacionalidad de las opiniones. Cuando se acerca un tiempo lindo, los humores mejoran. No creo que esto sea un argumento decisivo. El otro punto es que las iniciativas del presidente tal vez han sido mejor recibidas por los frentistas. Ahí estaría una explicación de la mejoría de la evaluación de la gestión. Aparte de esto, el presidente ha estado haciendo bien, sobre todo para los frentistas, algunas cosas. Ese hacer bien esas cosas le ha permitido recuperar parte del terreno perdido.
-Sin embargo Mujica ha estado este año en medio de problemas que han provocado varias crisis en el gobierno, como los choques con Danilo Astori sobre temas tributarios (impuesto a la tierra, rebaja del IVA).
-Todos estos problemas son recibidos como importantes por parte del público o buena parte de las elites, pero no por toda la población, ni siquiera por la mayoría. En lo del IVA se está discutiendo una rebaja. Entonces no perdamos el punto. Para el bolsillo de la gente cualquier rebaja, venga como venga, está bien. El impuesto a las grandes propiedades, bueno, este es un país ferozmente urbano, tiene viejísimas tradiciones, leyendas urbanas de que los grandes propietarios son malos. Y bueno, cargarles más impuesto por qué estaría mal. En todo caso, cuántos son los grandes propietarios. A la enorme mayoría de la población le importa un rábano el asunto y probablemente le parece razonable. Al público lo que le puede preocupar son las consecuencias.
-También hay diferencias en el tema educativo y con respecto a la seguridad pública.
-Esos son los dos grandes temas. En cuanto a la seguridad, hay un consenso nacional al respecto: las cosas están mal, algo hay que hacer, o bien se está haciendo poco o lo que se está haciendo no tiene las consecuencias esperadas. En esto piensan de la misma manera la enorme mayoría, tanto de los votantes del Frente como blancos y colorados. Y la problemática de la educación en unos pocos meses se ha instalado sólidamente como el segundo gran problema nacional. En eso hay algunos matices, pero incluso una pequeña mayoría de los frentistas cree que la educación está funcionando mal, y una robusta mayoría, muy robusta, de los votantes blancos y colorados. Ahora, ese acuerdo está en la opinión pública, falta ver cómo se concreta.
-¿Qué consecuencias tendría para el gobierno que no se alcance un acuerdo en educación?
-Los problemas serios deben ser encarados, primera cosa. Segunda cosa, la gente debe percibir claramente que se está avanzando al respecto. En materia de seguridad, hay un cambio de discurso. El actual ministro es una persona más pragmática en muchos aspectos. Ahora, la gente no está satisfecha, esto es clarísimo. Y en materia de educación hay un cambio limitado del discurso, el presidente parece acompañar ciertas preocupaciones que son mucho más fuertes en la oposición y en parte del Frente. Pero el problema es que tal como está armado el paquete, esos cambios están todavía en proceso de discusión. Ya llevamos bastante tiempo discutiendo. De modo que el gobierno se está acercando a un momento de definiciones, y probablemente defina lo que defina le va a costar algo. Si decide acompañar las acciones, por ejemplo del vicepresidente Astori, algunos ministros y el grueso de la oposición en el sentido de que hay que hacer cambios relevantes en la enseñanza, se va a granjear la oposición de parte del Frente y de buena parte de los sindicatos. Peor si se queda en el molde, la gente lo que va a percibir es inacción. Así que haga lo que haga tendrá problemas.
-¿Cree que el tema de la seguridad puede ser el Talón de Aquiles para el Frente Amplio en 2014?
-Talón de Aquiles es una imagen muy útil en bípedos. Si usted tiene dos piernas y pierde una, sonamos, tiene que andar a los saltitos. Si usted es un ciempiés y le estropean un Talón de Aquiles, no importa mucho. Yo creo que más bien la situación se parece a la del ciempiés. No va a haber un Talón de Aquiles, va a haber más de uno, el problema es cuántos. Si se acumula una masa crítica en temas genuinos, y el de la seguridad es de los más importantes, el FA va a tener problemas serios, no importa quién sea el candidato. Ahora, no es el único, no hay que despreciar el problema de la educación. También existe una percepción creciente de un nivel de conflictividad que a la gente la molesta. Diría que ahí hay tres potenciales talones de Aquiles.
-¿Y la economía?
-Podría llegar a serlo. La gran caída de la evaluación de la gestión de Mujica ocurrió entre fines del año pasado y mediados de este, paralelamente a lo largo de un período en el cual cada vez más la gente creía que la situación económica del país era buena. La economía sola no agota las cosas. Ahora, si la economía empeorase drásticamente, es otro cantar. Porque podría pasarle lo que le pasó a Jorge Batlle.
-Este año se acentuaron las diferencias entre el MPP y el Frente Líber Seregni. ¿Cómo cree que evolucionará esa pulseada?
-Por un lado el astorismo tiene razón cuando dice que ha dado muestras de paciencia, porque está defendiendo cosas que le parecen principios muy básicos. Los otros también defienden cosas que desde su punto de vista son principios muy básicos. Durante la administración Vázquez el que hizo repliegue táctico fue el ala más radical. La expectativa es si vuelve a hacer lo mismo. En realidad lo que está pasando desde hace algunos meses, es que esa visión más de izquierda está siendo menos pragmática de lo que fue en la administración pasada. Hay un conflicto político abierto y en marcha. El ala más radical, más de izquierda, sintetiza la situación diciendo: `bueno, en todo caso si tenemos problemas es porque no hemos ido suficientemente a la izquierda`. Y los otros dicen: `no, ese es el diagnóstico exactamente equivocado, o nos mantenemos en el trillo o vamos a tener problemas`. Me temo que este segundo diagnóstico está mucho más cerca de la verdad, porque la gente no quiere ir más a la izquierda.
-¿En qué área cree usted que la oposición se ha desempeñado con más eficacia?
-La oposición no se plantea como la promotora de un obstruccionismo permanente. Al contrario, es propositiva en aspectos importantes. Es un cambio de tono que cae bien en la mayoría de la población. La administración anterior no supo encarar ni siquiera en el plano del discurso la problemática de la inseguridad. Aunque hay cambios genuinos con este ministro del Interior, las señales políticas son confusas, no hay un discurso que verdaderamente reemplace al anterior. La oposición ha salido de manera limpia a capitalizar eso. Acá las cosas se ganan o se pierden por puntos. Y en esta situación la que ha estado ganando puntos es la oposición.
-¿Han ganado más los blancos o los colorados?
-Los dos creo. En términos personales, claramente la figura de Bordaberry. Ahora, si los colorados se llevan más que los blancos, tal vez. Después está el otro gran tema que es la educación, que puede ocurrir exactamente lo mismo, solo que con una opinión frentista favorable a los cambios, pero más moderados. Estamos en lo que hablamos antes: si se concretan en algún sentido es un triunfo político para la oposición; y si se tranca y no pasa nada también es un triunfo político de la oposición. Es una situación de ganar o ganar.
-La mayoría de los uruguayos desaprueba la forma en que se están desempeñando los sindicatos. ¿Es bueno o malo que los sindicatos integren organismos de gobierno con voz y voto?
-La gente percibe que cada vez más los métodos de los sindicatos erran mucho, más de lo razonable. Y en algunos casos, como en el de la educación, se empiezan a acercar al punto en el cual la gente puede comenzar a pensar que los sindicatos no están defendiendo los intereses de la población ni de los trabajadores, sino de una cúpula sindical, que se defiende para no perder posiciones de poder. En la medida que eso se establezca como una visión predominante es un golpe muy duro, por más buena imagen de fondo que puedan tener los sindicatos. Las cosas se están encaminando en esa dirección. Es un cerramiento muy limitado, muy provinciano. Bueno, si esa gente tiene capacidad de veto, al diablo. En la medida que se sigan manteniendo rutinas de conflicto duras, desaprobadas en principio por la población e insostenible en el plano de las razones, eso le va a generar cada vez más problemas.
-En el caso de la educación, la oposición a los cambios no solo viene del lado de los sindicatos, sino también del Consejo de Secundaria.
-Las elites del FA experimentaron un proceso de cambio muy importante, que empezó con el primer gobierno de Vázquez en Montevideo. Ese aprendizaje fue malo para los sectores más radicales, porque creen que los socialdemocratizó. En un sentido importante, tienen razón, los volvió socialistas a la europea. Esa socialdemocratización nunca fue explicitada, declarada abiertamente, defendida y expuesta al público y a los votantes frentistas. En buena parte porque hay un sector muy amplio, mayoritario entre activistas y cuadros medios que no creen en esa socialdemocratización, creen que es un error, que hay que ir más a la izquierda. Y más aun, creen que la victoria de Mujica les dio la razón. La famosa discusión: ¿quién ganó, el Pepe o el MPP? Yo creo que ganó el Pepe, pero los radicales creen que ganó el MPP. Entonces, allí donde tienen influencia política real, todos estos sectores son una fuente inevitable de problemas, como los que se ven en el Consejo de Secundaria.
-¿Cree que Vázquez retomará la actividad política activa?
-Si él realmente quiere ser candidato, no veo de qué manera se puede frenar eso, salvo literalmente partiendo al Frente. Ahí es donde creo que el ala más radical va a ceder. ¿Por qué? Por la razón del artillero: porque es lo que la gente quiere. ¿Por qué fue Mujica el candidato y llegó a presidente? No por maniobras copulares, sino porque en el fondo los votantes frentistas lo preferían. Ahora es lo mismo, la gente prefiere a Vázquez. Bloquear o vetar eso tiene un costo alto.
-¿Cuáles son las posibilidades del FA sin Vázquez candidato?
-Vázquez hoy es el mejor candidato posible del FA. Era prácticamente imposible que el FA perdiera en 2004 y era francamente difícil que perdiera en 2009. Eso ahora cambió. Con Vázquez candidato, el FA está en mejores condiciones de ganar, pero tampoco lo tiene garantizado.










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