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Acto. Será el miércoles en el Museo Figari, inaugurándose una muestra
JORGE ABBONDANZA
El próximo miércoles al mediodía se entregará el Premio Figari al artista Oscar Larroca. Esa distinción es otorgada por el Banco Central del Uruguay. El acto será en el Museo Figari (J.C. Gómez 1427), acompañada por una muestra del artista.
El Premio Pedro Figari fue creado en 1995 para recompensar la trayectoria de plásticos uruguayos de largo prestigio y extensa carrera, como culminación de esa actividad, procurando que el reconocimiento que este país debe al talento de sus artistas no se limite a glorificaciones póstumas y en este caso sea un estímulo y un acto de justicia en vida del elegido. En 2011, el Banco Central delegó en el Museo Figari y en su director Pablo Thiago Rocca la función de seleccionar al jurado encargado de conceder ese premio. Integrado por la artista Agueda Dicancro, la crítica Tatiana Oroño y este cronista, ese tribunal optó por la figura de Oscar Larroca en mérito a la notable calidad de su obra y al desarrollo que la misma ha tenido durante los últimos treinta años, hasta configurar un universo expresivo formulado a través de su virtuosismo como dibujante y luego por medio de su espléndido manejo de la pintura y las técnicas mixtas, donde se abordan numerosas ideas sobre la condición humana y el papel que juega en este mundo.
Se tuvo en cuenta asimismo la incidencia de su trabajo en el ámbito local, la trascendencia de su nombre y su producción fuera de las fronteras nacionales, su desempeño docente como maestro de artes visuales, el interés de su labor teórica volcada en un par de libros que acreditan el respaldo intelectual que ampara a su tarea, así como el valor de sus incursión editorial al publicar regularmente una revista especializada de distribución gratuita. A juicio del jurado, todo ello redondea una personalidad en pleno uso de sus variadas posibilidades de lenguaje, que ha alcanzado a esta altura un plano de definitiva madurez.
FUSIONES. Nacido en Montevideo en 1962, Larroca recurre a la multiplicidad de técnicas (tinta, lápices policromos, pastel, grabado, fotografía, medios digitales) para simular la realidad de los cuerpos y objetos que representa, hasta conseguir la sorprendente fusión entre esas herramientas y jugar con la desaparición de toda frontera entre ellas, logrando que el resultado se unifique en la ilusión de una verdad (la figura humana, los animales, las plantas) de la que apenas es un simulacro plano. Ese acto de apropiación de los modelos a través de una portentosa fidelidad de la imagen que los reproduce, es un alarde únicamente posible cuando interviene la capacidad de un artífice. Y ese privilegio, guiado por la generosidad recicladora del arte, produce otro: el del observador cuando se enfrenta al formidable despliegue que puede presentarle un pintor. Porque antes de ingresar al territorio de los significados que se abren en el trabajo de Larroca, con su caleidoscópica manipulación de signos, sus referencias a las otras artes y su alusión al espectro visual y sonoro que pasa a través del hombre y lo enlaza con el mundo, conviene detenerse en el umbral de ese viaje, que es el simple asombro de recorrer su obra. Allí Larroca exige no sólo un detenimiento fuera de lo común, sino además un cuidadoso manejo de las distancias, porque a partir del esplendor que sus piezas vuelcan sobre el recién llegado, un gradual acercamiento va revelando los universos que componen ese impacto, las estampas minúsculas que se descubren en la exploración visual, aplicando una suerte de mirada telescópica que el artista proyecta con la elaboración de esas constelaciones, donde no faltan guiñadas a distintas esferas de los íconos contemporáneos -del cine, por ejemplo- ni la ilustración de un inagotable jardín de las delicias.
TODOS LOS DETALLES. En esa observación surge ante todo la precisión del dibujante, un extremo de virtuosismo que es también una hazaña de igualación con el modelo real. Esa obsesión es tan notable que impone al público el riesgo de confundir la obra con un registro mecánico como la fotografía, pero lleva luego a detenerse sobre el misterio de congelar la realidad en ese espejo que la duplica, donde un cuerpo vivo se paraliza sobre el papel. Allí el ojo del artista avanza y dilata su visión hasta desembocar en la imagen de un microcosmos: los poros y pliegues de la piel humana, la fibra de una nervadura vegetal. Ese cristal de aumento puede operar en sentido contrario y minimizar la escala de la imagen, como si el ojo en cambio retrocediera hasta perderla de vista. Todo crece o se reduce, todo avanza o retrocede, todo es relativo en el campo de las apariencias que es también el terreno propio del arte que las ilustra y del pintor que las controla.
Con los años, el artista ha pasado del blanco, gris y negro del dibujo en grafito hacia el radiante cromatismo de los últimos tiempos. La riqueza también ha crecido mientras el pintor multiplicaba sus puntos de referencia e ingresaba a un área de investigación que lo ha llevado a eruditas indagaciones del lenguaje artístico. En esa faena, que en el fondo es una búsqueda de las fuentes generadoras de su abanico expresivo, Larroca desemboca en otra destreza personal como estudioso y teórico en torno a la cultura contemporánea y al arte visual. En esas áreas, pero también en su obra artística, enhebra numerosos temas, desde la sensación de detener sobre una superficie blanca el movimiento vital, hasta facetas del arte como desdoblamiento del objeto real. Allí se filtra una ecuménica curiosidad por otros medios como el teatro, las letras, la arquitectura, la música o el cine, en los que el tiempo no se detiene sino que en cambio corre. Y en esa amplia escala de valores gráficos no falta la caligrafía, que llena como un fondo de palabras en miniatura los espacios entre las estampas y atrae la mirada con un alcance a veces hipnótico, logrado a través de un devorador trabajo manual que roza la maravilla, aunque no quiera delatarse como tal.
En el pasado, la obra de Larroca no iba más allá de la envoltura de la figura humana. Comenzó por desnudarla y luego la vendó, la amordazó y la embolsó, como metáfora de tantas otras opresiones que pesan sobre la libertad individual, recubriéndola con un invasor erotismo. Ahora, la visión del transgresor (que en 1986 hasta mereció la censura municipal sobre una de sus muestras) ha dado paso a una mirada radiográfica, sugiriendo que el ojo del observador de los cuerpos termina por atravesarlos mediante sensaciones auditivas y oculares, buscando que el arte atrape los sentidos a través de imágenes que intentan transparentar lo impalpable. En ese extremo, ni siquiera lo visible es de confiar, porque el efecto de un trampantojo (eso que los franceses definen como "engaño de la mirada") brota de las figuras de Larroca y provoca al contemplador para que no sepa dónde termina la pintura y comienza la fotografía, dónde hay una reproducción automática de la imagen y dónde hay en cambio un laborioso quehacer del pintor, dónde se produce un registro instantáneo y dónde interviene la paciente artesanía del lápiz o el pincel. Ahí queda en evidencia el otro perfil del artista, el de su placer inagotable en la tarea realizada, que es una variante de la sensualidad, algo que solo se siente con el debido aplomo y el mayor gozo cuando el ejecutante es consciente del resultado final que obtendrá.
Después de las etapas en que Larroca trepaba un repecho hacia ciertas plenitudes de lenguaje, su estado actual parece haber llegado a una meseta donde se estabilizan los recursos expresivos y su consumada modalidad está en condiciones de expandirse cuanto quiera. Ese dominio del instrumental confiere al resultado -treinta años después de la primera exposición individual que hizo- la solidez bastante apacible que suelen tener los clásicos, la relativa frialdad que envuelve la maestría de sus propuestas, el depurado geometrismo que ordena sus diagramas, el aire de religiosidad que flota sobre unas imágenes casi inmaculadas, serenas, a salvo de toda turbulencia inesperada, como sucede con una obra que confía en su sentido y en su perduración.









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