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En Montevideo. El legendario actor italiano llegó para filmar una miniserie: "Tierra rebelde 2"
MATÍAS CASTRO
Hay un personaje suelto en Montevideo. Es el legendario actor italiano Lando Buzzanca, que estará aquí filmando la miniserie "Tierra rebelde" hasta marzo. Su peculiar actitud ya se nota cuando abre la puerta de su habitación de hotel.
Tiene setenta y seis años y hace poco cumplió exactamente cinco décadas del primer papel que hizo en cine, junto a Marcelo Mastroiani en la comedia Divorcio a la italiana. Su actitud entusiasta y desinhibida es propia de lo que se puede imaginar tras verlo en sus viejas comedias picarescas, rodeado de mujeres, siempre metido en enredos y haciendo alarde de su masculinidad en clave paródica. Películas como Homo Eroticus y El mirlo macho son claros ejemplos de esto.
Sobre el escritorio en su habitación del hotel hay gruesos volúmenes con los guiones para sus capítulos en la segunda temporada de Tierra rebelde, una producción italiana de televisión en la que también trabaja Rodrigo Guirao Díaz y que en parte se ha filmado en Italia. Lo que rueda aquí se ha hecho en el castillo de Piria y en Pueblo Andaluz, el escenario que Sancho Gracia montó para la segunda etapa de Curro Giménez, entre otras locaciones.
Tierra rebelde es una serie ambientada a comienzos del siglo XX en la que Buzzanca interpreta a un oficial borbónico que es enviado desde Italia hasta Argentina con la misión de hacerse cargo de un territorio. "Una historia dramática, para que sea fuerte, debe ser hecha con humor y con una sonrisa" dice para explicar que su personaje es malo pero que actúa de tal forma que genera cierto humor al decir cosas muy crueles.
En América, su personaje comienza a explotar una mina en la que trabajan indios y a enriquecerse ilícitamente con lo que extrae de allí. En el camino adopta a una niña que le recuerda a su hermana, muerta de chica a causa de la tuberculosis. La relación se interrumpe cuando el gobierno de su país descubre que está robando las ganancias de la mina y lo condena a pasar por las armas. Una aparición sorpresiva lo salva a último momento ante el pelotón de fusilamiento y por esto es exiliado en Rusia en 1917, cuando cae el zar. En el tren rumbo a su destino, derrotado y ya lejos de sus tiempos de esplendor en América, su personaje sostiene una foto de la niña y dice "Hasta siempre, princesa".
Cuando recrea esta escena para explicar lo que hace su personaje en la serie, actúa la última frase y reproduce el tono con el que diría las palabras para la filmación. Con tal expresividad no es difícil imaginarlo vestido como su personaje y en el tren con la escena ya completa.
Cambios. Buzzanca no reniega de su pasado ni de su tiempo de esplendor, interpretando al estereotipo del macho mujeriego italiano en muchísimas películas de gran éxito. En la década del setenta y hasta mediados de los ochenta, su presencia en el cine italiano, o al menos en cierta clase de películas, era casi hegemónica. "Era una cosa increíble", dice con su entusiasmo casi juvenil y su expresividad italiana.
Eran tiempos en que una comedia como El mirlo macho, en la que el humor estaba marcado por la manera en que su personaje no podía evitar exhibir a su mujer cada vez más, podía ser un éxito en cines de todo el mundo. O que Homo Eroticus, una comedia que hoy parece inocentona, era un atrevimiento pícaro e irresistible para el público masivo. "Debes pensar que los setenta era un período en Italia en que las mujeres se estaban emancipando día a día. El hombre quedaba igual. Ahora pasa lo mismo que en 1920 con los hombres. El hombre no ha cambiado nada, siempre ha sido atraído por el sexo. La mujer se ha hecho más culta, el hombre quedó como animal atraído por la parte física de la mujer", explica y parece que no es una reflexión improvisada.
Su voz es algo rasposa, aunque no mucho. Respira un poco agitado por momentos, pero siempre con una gran sonrisa y un entusiasmo que refuerzan su habilidad como buen contador de anécdotas. A esto, además, se suma un tono amigable en su actitud y una disposición a conocer y descubrir que sorprenden. Y, además, es frontal con sus ideas. Yo soy un hombre de derecha en Italia y por eso estoy borrado. Me importa un comino", dice. Y lo importante acá no es lo que dice sino el tono, porque se nota que no hay lamento en eso de sentirse borrado en su país.
En la televisión no se puede decir que esté fuera, sino todo lo contrario, porque después de algunos años de pausa volvió con muchos trabajos a la vez en el 2010. Ese año filmó un corto, Achille, una película televisiva, Lo scandalo della Banca Romana, y tres miniseries: Il restauratore, Io e mio figlio y Capri.
Io e mio figlio representó la vuelta de un personaje que ya había interpretado, el comisario Vivaldi. La primera aparición había sido en la película televisiva Mio figlio. "Me presenté en un canal con una idea a partir de que notaba que en mi país había mucha película sobre los gays pero no sobre las familias de los gays. No hay nada sobre los padres. ¿Qué pasa con el padre?". Así que se interesó por interpretar un personaje inteligente, abierto y conocedor de la vida, características que para él se sintetizan en un comisario de policía. En esta historia el protagonista hacía una investigación y descubría que su hijo era gay, cosa que lo llevaba a preguntarse por qué estaba con otro hombre. "Descubre que es amor, no vicio, amor verdadero", dice con énfasis y pasión, para luego rematar con el dato de que tuvo nueve millones de espectadores.
Hay bastante de descubrimiento en su historia personal, desde que a los dieciocho años dejó Sicilia para rebuscársela como actor en Roma. Su primer trabajo en cine fue como extra en Ben Hur. Tres años más tarde hizo su primer papel reconocido, en Divorcio a la italiana, cosa que no lo instaló del todo en el mundo del cine porque siguieron varios años de papeles secundarios. En ese tiempo aprendió más que actuación en el instituto donde estudió con un discípulo de Stanislavsky. "La experiencia más seria no es la del trabajo. Antes de ser actor mi vida fue terrible. Cuando tenía dieciocho años no era todavía mayor de edad. Fui a Roma en 1953 y fue un momento terrible, sin nada. Solo con unas monedas, la ropa puesta y nada más. En esa época usaba ropa interior, al menos, pero ahora no uso más. Esos tres años me dieron mucha experiencia y en ese tramo uno comienza a entender al hombre... La academia sirve, pero si no tienes nada dentro, no pasa nada".
Y si se le pregunta cuáles son las que más recuerda de las cien películas que filmó en cine, responde que hay muchas. Entre ellas nombra a El cura casado, Homo Eroticus, El mirlo macho, El sindicalista, sobre la que aclara: "Yo, de derecha, hice de un sindicalista de izquierda. Nunca uno de izquierda haría de alguien de derecha". También nombra La esclava, L`arbitro, Sexo a la italiana (Don Giovanni in Sicilia dirigida por Alberto Latuada).
No nombra otras que se estrenaron en Uruguay con nombres como La idea fija, El refugio del placer, Cuando las mujeres perdieron la cola, Mejor viuda que…, El superdotado tiene un complejo, El supermacho entre cornelios, Super eroticus en la Edad Media, El ejecutivo erótico, El diputado erótico, El supermacho se quiere casar y Préstame tu mujer. Con una lista así, algo tiene para decir con respecto a la relación de sexos y lo hace con sonrisa cómplice de alguien que hace un apunte astuto: "El hombre tiene un cerebro increíble. El hombre es poeta; la mujer menos. El hombre es genio; la mujer menos. Pero la mujer es la naturaleza, espontánea y verdadera. Y la naturaleza es Dios. Por eso son fuertísimas. La mujer es madre, hermana, amante, esposa, madre… es todo. El hombre sigue siendo solamente hombre, con genio para un trabajo y siempre con la idea de mejorar. También la mujer piensa en eso, pero primero son los hijos. Puede haber excepciones, pero en general esto es así".
Esta conclusión no le llegó luego de tantas películas como "supermacho", sino a los dieciocho años, cuando salió a buscar la vida, explica. De este modo, hoy, después de todos esos años y trabajos, puede agregar una reflexión más sobre lo que ha filmado: "Si uno compara, en mis películas se ve al hombre que se queda y la mujer que sube. En Homo Eroticus, mi personaje es un hombre muy macho, bien dotado, que es barbero. Con sus dotes físicas tiene gran éxito entre las mujeres, pero al final vuelve a ser barbero. ¿Por qué? ¡Porque es el cerebro lo que te hace avanzar, no el sexo! Esta es la idea del Homo Eroticus. Si no hay cerebro no se puede hacer nada en la vida".
Divorcio a la italiana
1961
Aunque el protagonista aquí es Marcelo Mastroiani, esta película de Pietro Germi representó la primera oportunidad para Buzzanca en el mundo del cine. Ganó el Oscar al guión original y Mastroiani fue nominado como Mejor Actor. Es una cruza en clave realista de humor negro y drama.
Homo Eroticus
1971
Aunque El mirlo macho le dio gran fama, fue esta comedia la que el mismo año le dio repercusión internacional. Es un ejemplo de comedia picaresca italiana, subida de tono para su época pero liviana para la actualidad. El protagonista es un barbero que nación con tres testículos y es perseguido por las mujeres.
Io e mio figlio
2010
En esta miniserie de televisión Buzzanca volvió a interpretar al comisario Vivaldi. El personaje apareció por primera vez en la miniserie "Mio figlio", 2005, en la que el comisario se enteraba que su hijo era homosexual. Además de esta segunda parte Buzzanca hizo otras series en 2010.









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