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Incapaz de utilizar adecuadamente la envidiada mayoría parlamentaria que trabajosamente ganó en las urnas, ni de alinear a sus hombres detrás de objetivos definidos como prioritarios, ni de controlar a un brazo sindical que solía serle funcional y que ahora tiene vida propia, la izquierda cayó en una trampa de arena movediza. Cuanto más se mueve, más se hunde.
El presidente no manda. Y lo sabe. Se lo hicieron entender a los revolcones. Por eso en algunos temas ya ni se mete. Y de otros se limita a opinar a través de su audición de radio, como si se tratara de cuestiones ajenas.
Las prioridades que fija el Presidente no las respeta nadie. Miremos la educación. El primer mandatario pone el tema como prioridad. Se acuerdan cambios con la oposición. Pero entre el Codicen, la Fenapes y Secundaria hacen lo que se les da la gana, tomando como rehenes a los estudiantes y a los uruguayos todos. ¿Qué hace el Presidente? Les avisa desde México que si no se ponen de acuerdo entre ellos habrá cambios. ¿Así se manda? ¿Así se muestra en quién reside la autoridad? ¿Así se defienden las prioridades? ¿Y si el acuerdo al que llegan estas corporaciones no va en el sentido que el país necesita? ¿Quién manda, entonces?
¿Y qué pasa en la salud? Lo mismo. El gobierno propone, y los sindicatos y las internas frenteamplistas disponen. ¿Y quién fija la política laboral? ¿El gobierno o los sindicatos que hacen lo que quieren, paran cuando quieren y ponen de rodilla a las autoridades cada vez que se lo proponen?
Debajo del presidente, un gabinete que ayuda poco. Tirando a nada. Algunos porque no hacen demasiado en temas clave. Otros porque parecen superados por la tarea asignada. Y de yapa, un ministro que cuestiona al otro líder frenteamplista en un Consejo de Ministros y que, cuando eso se hace público, califica de "traidorzuelo" al funcionario del gobierno (otro ministro, o el secretario de la Presidencia, o el prosecretario) que cometió la "felonía". ¿Esa es la fraternidad y la unidad que tanto se pregona?
A eso se le debe sumar un vicepresidente a quien varios en la izquierda no quieren ver ni en fotos. Un ministro de Economía y Finanzas que tiene más contras dentro de la izquierda que fuera de ella. Una OPP que juega su propio partido, complicando al equipo económico con el aparente visto bueno del Presidente. ¿No es increíble que el equipo económico impulse la rebaja del IVA a quienes paguen con tarjeta de crédito, el MPP se oponga y el Presidente maldiga a las tarjetas de crédito por hacerle gastar dinero a la gente?
La política exterior, para el caso que exista, es tan errática como incomprensible. El impuesto a las grandes concentraciones de tierra va a salir sin que el vicepresidente, el ministro de Economía y Finanzas, el ministro de Ganadería y Agricultura, y el ministro de Transporte y Obras públicas lo apoyen. ¿Eso es normal?
¿Cuánto resiste un país sin un gobierno, o con un gobierno con siete cabezas donde cada quien hace lo que se le da la gana?
elpepepregunton@gmail.com








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