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Juan Martín Posadas
En el ámbito de la educación, además del desastre de los resultados, se está poniendo de manifiesto una alteración institucional que merece atención porque se multiplica en otros ámbitos. El Consejo de Secundaria desconoce la autoridad del Codicen y no acata sus directivas; omito los detalles que son conocidos y voy a lo esencial. Constituye, a mi manera de ver, uno de los problemas más actuales en nuestro país. Se trata del poder, la sede del poder, el poder en los hechos, no en teoría.
La izquierda, en todas partes del mundo y en todas las épocas, ha elaborado un discurso contra los poderosos. No solo se considera la dueña de ese discurso sino que asocia a él parte de su identidad y pone allí su justificación. Cuando, después de mucha brega y años de lucha, las izquierdas llegan al poder se encuentran con que no pueden olvidar ni desmentir ese discurso.
En nuestro país el proceso de la izquierda hacia el poder se desarrolló del modo siguiente. Habiendo procurado sin éxito entrar en el ámbito del poder político (que en el Uruguay, por suerte, estaba en los partidos políticos y no en los estancieros, los militares o la Iglesia) la izquierda buscó meterse en otros ámbitos con poder en la sociedad como, por ejemplo, los gremios, la educación o la cultura. Y, con el tiempo, lo consiguió: allí manda la izquierda.
Más tarde la izquierda fabricó una fórmula de articulación partidaria (el Frente Amplio) y se aplicó a sí misma un tratamiento rejuvenecedor de reformas y reformulaciones, todo lo cual le permitió entrar a competir con fuerza por el poder político, es decir, el poder que proviene del voto. Con el tiempo, lo consiguió: ganó el gobierno y hoy es mayoría absoluta.
Pero la izquierda es una abstracción, una definición teórica; lo que existe en la calle y en la sociedad es gente de izquierda. Parte de esa gente de izquierda tiene el poder político obtenido mediante el voto y otra parte de esa gente tiene ese otro poder, formalmente indirecto pero igualmente efectivo sobre la sociedad.
De esta situación se desprenden numerosas consecuencias que el Uruguay debería estudiar y analizar. La primera investigación sería sobre el efecto que sobre la autenticidad del producto pueda causar un discurso fundacional contra los poderosos cuando los poderosos ahora son ellos. Linda pregunta para los estudiosos. Como la mayoría de nuestros intelectuales son de izquierda no creo que se vayan a meter con eso. Pero, no se puede negar que es una pregunta interesante.
La segunda investigación es cómo hace para gobernar una fuerza política que comparte poder con otra fuerza de su misma definición pero que no es política y no ha tenido necesidad de renovarse ni reformarse (sigue tan estalinista como siempre, con una sinceridad peligrosísima). Pero más aun: esa otra fuerza no política ha sido legitimada (entronizada, en un sentido casi literal) por la fuerza política.
Esta pregunta que no se plantean los académicos, se la debe estar planteando Mujica, rascándose la cabeza y preguntándose: ¿che, esto fue lo que hicimos nosotros? Los uruguayos que votaron al Frente sin ser muy izquierdistas también enfrentan la misma pregunta.










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