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Ernesto Talvi Director de Ceres
Doctor en Economía de la Universidad de Chicago, es asesor del BID en temas macroeconómicos y dirige Ceres hace 14 años, un centro de investigaciones económicas.
PILAR BESADA
Para su informe anual, este año el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) elaboró dos indicadores en los que Uruguay ocupa los primeros lugares: el Índice Ceres de Exuberancia Económica (ICEE) y el Índice Ceres de Vulnerabilidad Externa (ICVE). El director académico de la organización, Ernesto Talvi, explicó la "nueva geografía global" en la que paradójicamente "todo lo que a Uruguay le jugaba en contra ahora le juega a favor". Más allá de este diagnóstico, Talvi criticó la política fiscal del gobierno, la posible implantación de un impuesto a la tierra y alertó sobre un eventual viraje de la línea económica del gobierno. Lo que sigue es un resumen de la charla que mantuvo con El País.
-En el actual panorama económico en Europa y Estados Unidos, ¿cómo se ha preparado el gobierno uruguayo para una eventual crisis mundial?
-En muchos aspectos muy bien. En materia de liquidez internacional, es decir, de cuántos recursos líquidos en dólares dispone el país para afrontar las obligaciones de vencimientos de deuda, Uruguay se ha preparado muy bien, está muy fuerte. En materia de liquidez bancaria, los bancos tienen una altísima capacidad para afrontar las obligaciones con sus depositantes en los próximos 12 meses. Donde no se hicieron tan bien los deberes es en la parte fiscal. Y la razón fundamental es que no hemos aprovechado la bonanza para generar un fondo de estabilización que se pudiera usar en tiempos de crisis. Entre el 2005 y el 2011, la recaudación total del Estado aumentó US$ 4.000 millones. Y el gasto público aumentó US$ 4.400 millones. No guardamos nada para tiempos de crisis.
-¿Por qué cree que sucedió esto?
-Porque lamentablemente Uruguay no dispone de un sistema institucional que propenda a ahorrar en tiempos de abundancia. Es muy difícil para un ministro de Economía parar el gasto si no tiene los dispositivos institucionales. El proceso presupuestal es muy complejo, involucra a muchos agentes y el ministro de Economía es uno más. Eso es lo que logró Chile, que construyó un dispositivo institucional que le pone límites reales a la cantidad que se puede gastar. Entonces Chile ahorra en tiempos de bonanza y desahorra en tiempos de dificultades, y eso permite que el gasto se mantenga siempre creciendo y estable.
-Me imagino lo difícil que sería aplicar una medida de ese tipo en Uruguay, donde cada votación de presupuesto moviliza a muchos sectores en demanda de más dinero.
-La presión de gasto va a estar siempre, todos precisan más presupuesto. Nadie dice que en Uruguay los sueldos sean altos, ni que los trabajadores públicos estén bien remunerados, tampoco están bien remunerados muchos trabajadores privados. El hecho de que el Uruguay ahora esté exuberante quiere decir que está creciendo a tasas muy elevadas, pero no quiere decir que sea un país rico. Los empleados del Estado van a demandar, pero lo que se puede gastar es lo que uno tiene. Y si hubieramos hecho una regla del estilo de la que tiene Chile, de los US$ 4.000 millones de dólares que aumentó la recaudación podríamos haber gastado US$ 2.700 millones.
-¿Qué sucedería con el gasto si viene una crisis fuerte?
-Si ahora viene un período de dificultad, entonces se abre un boquete fiscal grande, no vamos a tener recursos fiscales para refinanciar el gasto que hemos comprometido, y el país va a tener que salir a endeudarse. Y si los mercados de crédito no prestan plata porque hay un problema global, entonces de vuelta a los ajustes fiscales, que se podrían haber evitado con un fondo de estabilización.
-Si se aprueba un impuesto a la tierra, ¿haría una diferencia en la ecuación fiscal?
-En principio no. Mi opinión es muy contraria a este tipo de impuestos al capital, y me remito a la evidencia. En los países desarrollados no usan este tipo de impuestos porque se los ve esencialmente como una forma de expropiación. El inversor tiene que tener la tranquilidad de que una vez que hace la inversión, no va a ser presa fácil de la voracidad del fisco. Los impuestos al capital, como el impuesto a la tierra o a los ahorros, son impuestos a cosas que son producto de decisiones pasadas. Uno tomó la decisión de ahorrar en un país o de comprar tierras en base a que había ciertas reglas. Una vez que la inversión está hecha, ahora son presa muy fácil del fisco. Pero eso lo que hace es disuadir al que viene. Ven que en este país las reglas pueden cambiar y entonces el país no ofrece garantías para invertir.
-¿Cree que el impuesto puede evitar la concentración de tierras?
-Creo que estas medidas tienen muy poca efectividad. Por ejemplo, si uno tiene un pedazo de tierra demasiado grande y debe pagar demasiados impuestos, entonces le vende una parte a un tío, al hermano la otra parte y ahora son tres campos más chicos pero en realidad es una misma unidad. Es decir, es un impuesto fácil de eludir, de trucar. Pero tampoco es claro que el propósito de evitar la concentración de la tierra sea razonable, porque hay una escala óptima para llevar a cabo una producción más o menos eficiente dependiendo de las líneas de producción: en unos casos es pequeña y en otros casos es muy grande.
-Este impuesto es también una demanda de algunos grupos políticos, como el MPP y el Partido Comunista.
-En todos los gobiernos de coalición hay que hacer concesiones a grupos disímiles. Pero cuidado con las concesiones que uno hace. Que no estemos dando señales de que vamos a empezar a cobrar un tipo de impuestos que son de los que más asustan a la gente que invierte.
-La existencia de dos visiones de la economía dentro del gobierno, ¿cree que perjudica la imagen de Uruguay?
-Se ha hablado mucho de los dos grupos económicos. En la medida en que esto implique una cierta división del trabajo, es decir, que las decisiones en materia monetaria y fiscal queden en el ámbito actual, y el equipo alternativo maneje lo que tiene que ver con los proyectos de infraestructura, eso no generaría demasiados problemas. Ahora, si se lo ve como un posible recambio al equipo económico actual -que creo que por ahora no es-, sería una fuente de incertidumbre que no le haría nada bien al país. Mucho menos en estos tiempos donde hay nubarrones en el horizonte. Si hay algo que el presidente tendría que hacer más que nunca en estos tiempos es fortalecer de una manera decidida e inequívoca al equipo económico actual y su línea económica.
-¿Qué posibilidades existen de que se retraigan las inversiones en Uruguay por una crisis internacional?
-No es un riesgo imaginario, que nace de la imaginación de un académico. Es un riesgo latente, que nos está respirando en la nuca a todos. Y el principal peligro es que haya una crisis de deuda en Europa, que inmediatamente se vincula con la intranquilidad financiera, porque los bancos europeos tienen en sus balances mucha deuda de países que hoy se cree van a tener que reestructurarla, como Grecia, Portugal e Irlanda, con quitas muy importantes. Una quita en la deuda implica daño a los balances de los bancos, desconfianza en el sistema financiero y posibilidad de que se desate un pánico que se pueda expandir globalmente.
-¿Qué medidas cree que tomará Europa en este caso?
-Lo que uno esperaría es que si los líderes políticos de Europa se ven al borde del abismo, manejen de tal forma de evitar caerse por el precipicio. Y cuando se está al borde del abismo es cuando los líderes políticos tienen la legitimidad de ir a sus parlamentos, a sus ciudadanías y pedirles el esfuerzo necesario para resolver los problemas.
-¿Qué significa este panorama internacional para el ciudadano uruguayo? ¿Qué precauciones debe tomar?
-Nosotros decimos muy seriamente que el Uruguay está viviendo hoy una suerte de euforia, y que la definición misma de euforia en el diccionario uruguayo diría: éxito económico más éxito futbolístico, igual, euforia. Y es muy lindo que esto esté pasando. Históricamente no ha habido otro período en la posguerra de exuberancia económica como el actual, solamente entre 1944 y 1954. Yo creo que el optimismo eufórico es peligroso, y hasta diría ciego. Porque no está viendo el término que le falta a la ecuación que es: riesgos globales latentes. Que están allí y son amenazantes. Creo que los uruguayos debemos estar optimistas pero cautelosos.
-El hecho de que el país esté exuberante, además de generar enriquecimiento en algunos sectores, ¿en qué le cambia al ciudadano común?
-El trabajador común lo siente en tres dimensiones. En primer lugar porque tiene trabajo. El país tiene una tasa de desempleo en niveles récord. Y tan importante como tener trabajo para el trabajador es que tiene la certeza de que lo va a seguir teniendo. Hoy en día en Estados Unidos o en Europa la gente que tiene trabajo tiene un pánico terrible a perderlo. Además, el trabajador siente esta bonanza porque los salarios reales han subido. En el sector privado entre 2005 y 2011 crecieron un 32%. ¿Dónde no lo siente? Quizás si uno ganaba $ 10.000 y pasó a ganar $13.000, el aumento es grande en porcentaje, pero en valor absoluto, es un salario que rinde poco para tener un nivel de vida razonablemente digno. Hay un segmento de la población muy importante que gana salarios insuficientes.
-¿Qué camino debería seguir Uruguay para pasar de la exuberancia a ser un país rico?
-Uruguay es un país de clase media a nivel internacional, no somos ni ricos ni pobres, pero tiene grandes desigualdades sociales. Las diferencias de ingreso son de las más altas del mundo. El crecimiento económico continuado en el tiempo hace mejorar los ingresos, pero los mejora para quienes están integrados a la economía formal. Según las últimas pruebas PISA, el 45% de los chiquilines de 15 años no poseen las destrezas mínimas para insertarse en la sociedad del conocimiento, esto significa que van a ser esencialmente inempleables por la economía de mercado, y van a quedar condenados a la economía informal, donde los salarios son mucho peores y la protección social es nula. Por eso, otro de los talones de Aquiles de esta exuberancia es que hay un sector nada menor que va quedando al margen de este progreso, y que va fragmentando crecientemente la sociedad.
-Desde que Ceres planteó el tema de la educación el año pasado, ¿ha visto cambios?
-Lo que me hace ser más optimista es que se habla mucho del tema. Antes creo que no había ni siquiera el reconocimiento de que el sistema público estaba fracasando estrepitosamente allí donde más se lo precisa, que es en los segmentos más frágiles. Creo que hoy por lo menos hay un reconocimiento de la situación. El tema está en el tapete. Pero si me preguntás si veo iniciativas concretas que apunten en la dirección de mejorar esta situación, te diría que a nivel general no veo que se le esté hincando el diente al problema con la fuerza, la firmeza y el liderazgo necesarios para dar vuelta esta situación.
-Volviendo al tema del boom económico, ¿cree que hay una burbuja inmobiliaria?
-Como parte de esta nueva geografía económica global, dado que los países del norte están con grandes dificultades, con consumidores que no quieren gastar, con empresas que no quieren invertir, eso ha liberado un montón de recursos financieros y de capital que buscan dónde colocarse y han venido a raudales a América Latina. Y esos capitales vienen a comprar tierras, propiedades, empresas, a comprar bonos, etc. El boom de la propiedad está relacionado con este fenómeno global. Si todo sigue bien en el mundo, esta nueva geografía global nos sonríe, y estas tendencias se van a mantener en futuro previsible. Ahora, si llega a haber algún contratiempo a nivel global, entonces todos estos capitales que están viniendo se detienen y empieza a pasar lo contrario: sube el dólar y las tasas de interés y bajan los precios de las propiedades.
-¿Qué mide el indicador de exuberancia económica que elaboró Ceres?
-Mide qué tanto cierto grupo de variables económicas están comportándose de manera inusual. Por ejemplo, exuberante es que la actividad productiva esté funcionando por encima de su capacidad potencial, por ejemplo, que las empresas estén trabajando tres turnos. Exuberante es una economía donde los niveles de consumo están creciendo por encima de los ingresos.
-¿Para qué se armó el índice?
-Lo armamos como un dispositivo analítico para analizar cómo se está conformando una nueva geografía global, en donde clasificamos a las economías entre economías dinámicas, que son las que están operando por encima de su capacidad potencial, y las economías anémicas, que están operando por debajo de su capacidad. Y lo que descubrimos es que se ha configurado una nueva geografía económica global, en la que tenemos entre las anémicas a las economías avanzadas, como Europa y Estados Unidos, y un grupo de economías dinámicas, que esencialmente son China, las economías de Asia y buena parte de las economías de Sudamérica, y entre ellas Uruguay.
-Señalaba que la situación de Uruguay es paradójica
-Sí, porque todo lo que antes nos jugaba en contra, el depender mucho de los commodities y de las economías regionales, el estar muy desconectado del mundo rico y desarrollado, todas esas cosas ahora nos juegan a favor. Porque resulta que ahora quedamos conectados con todas las zonas dinámicas del mundo. Y desconectados, de las economías avanzadas que hoy están en un estado de anemia. Y eso explica en buena parte por qué Uruguay está viviendo esta exuberancia inusual, solo comparable a la de los años `50.









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