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Antonio Mercader
Ni militares ni tupamaros salen bien parados del último libro de Leonardo Haberkorn titulado "Milicos y tupas". Se sabía que ambos bandos de la guerra librada en nuestro país hace cuatro décadas cometieron tropelías, pero lo que Haberkorn descubre es que algunas de esas tropelías las cometieron juntos. Por ejemplo, que hubo tupamaros cooperando en la tortura de civiles inocentes e incluso de sus propios compañeros.
Baste ese ejemplo para captar el sentido de un libro que mina la historia oficial contada por los tupamaros, esa historia basada en la idea que la dictadura empezó en 1968 y que, contra ella, se alzaron en armas en defensa de la democracia. Una historia que se quiere transmitir a los jóvenes y que se la tragó hasta el jefe de la ONU, Ban Ki-moon, al describir hace poco a José Mujica como un pertinaz demócrata.
Siguiendo el relato de los tres actores del libro, un oficial del Ejército y dos tupamaros de nivel "medio", Haberkorn indaga hechos cruciales. En ese esfuerzo aporta datos sobre la masacre de los cuatro soldados que ofrecen la verdad sobre ese crimen alevoso y que desmienten la existencia de un montaje fotográfico de parte del Ejército. Otros informes señalan a los tupamaros, aunque lo nieguen, como culpables del asesinato de uno de los suyos, Roque Arteche.
Lo extraordinario de "Milicos y tupas" es que los entrevistados lucen dispuestos a romper esa suerte de pacto de silencio que oscurece los episodios centrales de los años de plomo. Los exguerrilleros, sin renegar de su pasado, reflexionan, se justifican, hacen autocrítica y develan detalles ignorados sobre los manejos domésticos del MLN. A su vez el oficial canta verdades molestas para sus camaradas.
Así, del otro lado se pinta un cuadro de militares mal pagados, resentidos con el gobierno, irritados por las denuncias de corrupción, forzados a combatir "la subversión" y llevados a convenir una tregua con los tupamaros y hasta a asimilar algunas de sus ideas. Impacta saber que un tupamaro le confió a Haberkorn que brindó clases de marxismo a los soldados en tanto se confirma el apego de ciertos oficiales a las ideas de sus detenidos.
Haberkorn, profesional neto del periodismo, apela al recurso de encender el grabador y preguntar. A ello le añade talento para articular testimonios en un relato cuyo interés no decae mientras discurren las peripecias de sus protagonistas. En algunos casos el periodista describe el contexto en que ocurren los hechos, y en otros, para infortunio del lector, no.
A las voces centrales, el autor suma otras, entre ellas la del extupamaro Luis Nieto. Es memorable este comentario de Nieto: "Creo que quienes tuvieron las responsabilidades en el MLN deberían pedir perdón al país como se les ha reclamado, casi lo mismo que se les exige, con justicia, a los militares que mortificaron durante más de una década al pueblo uruguayo. Pero sobre todo, le deben una explicación a los miles de jóvenes que los siguieron luchando por un sueño que parecía real".
Jóvenes que padecieron y murieron por una causa equivocada.










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