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INCA. Funcionarios denuncian "ambiente feísimo" y carencias en edificio inaugurado en enero
¿Te interesa esta noticia?PAULA BARQUET
El nuevo edificio del Instituto del Cáncer luce brillante, amplio y limpio. Sin embargo, algunas carencias básicas opacan esa apariencia impecable, y la tristeza y el miedo de quienes trabajan allí es inocultable.
"Estamos mal", afirma a El País una funcionaria del área Farmacia. "Trabajamos con nervios, bronca... Venimos todos los días a ver con qué sorpresa nos encontramos", agrega rendida.
Otra funcionaria explica que "han echado compañeros de un día para el otro" y que el ambiente "está feísimo" desde que designaron a Lilián Aristimuño como subdirectora del instituto, y a Andrea Valle como adjunta de dirección. Los funcionarios consultados se quejaron de un mal relacionamiento con ambas jerarcas.
El País ingresó al nuevo hospital, sobre la calle Joanicó, donde funciona el Instituto Nacional del Cáncer (INCA) desde enero. Si bien las instalaciones son nuevas y todavía se respira olor a pintura fresca, varios trabajadores se quejan de que la mudanza fue "a prepo" y "antes de tiempo".
Ponen como ejemplo el mal funcionamiento de las calderas. De las dos que hay, una ya se rompió y la otra "anda cuando quiere". "Cada tanto hace unos ruidos bárbaros, parece que va a explotar", cuentan asustados. Hace poco se le hizo mantenimiento y el hospital se llenó de humo y hollín.
Dicen que nadie en el instituto conoce de calderas, y la dirección del INCA -a cargo de Aristimuño de forma interina, ya que el director Mario Varangot renunció días atrás- no designó un técnico para eso.
Los pacientes confirmaron a El País que han estado hasta una semana y media sin bañarse por falta de agua caliente. Ayer mismo uno comentó que el agua estaba "apenas tibia".
El lugar donde se almacenan los medicamentos del INCA está atravesado por varios caños cloacales. Cada tanto de allí se oye un sonido similar a una cisterna desagotando, y dicen que es justamente eso. Hasta hace unos días, de esos mismos caños caía lo que ellos afirman era orina.
También hay caños que gotean en la cocina. De todos modos, las instalaciones no se usan más que para preparar sopas y gelatinas porque todavía "la cocina no está habilitada", dicen. Los pacientes se alimentan con comida de catering.
En el instituto no hay teléfono. Un funcionario contó que los médicos, cuando se trata de urgencias, recurren a sus celulares personales.
Cada funcionario consultado denuncia una carencia, falla o rotura en el INCA. Hay quienes incluyen en ese paquete el desperfecto eléctrico que causó pérdidas millonarias en medicamentos, primero en febrero y luego en abril. Se animan a afirmar incluso que el edificio "está bárbaro, pero está mal hecho".
"El otro hospital se llovía, y cuando había viento tenías que cerrar las puertas, pero funcionábamos mejor", opina una enfermera. "No sé por qué no esperaron. Ahora tienen que arreglarlo con nosotros adentro".
Con todo, el malestar es solo de los funcionarios. Sin contar la eventual falta de agua caliente, los pacientes no se quejan. Al contrario, hablan de buen trato y excelente atención.
ABANDONO. Después de la mudanza, el ex Instituto de Oncología, en 8 de Octubre y Abreu, fue casi abandonado. Las manchas de humedad invaden las paredes; han robado muebles y electrodomésticos.
En ese entorno aún trabaja Gladys González, jefa de Servicio Social. Ella pidió que la trasladen al nuevo edificio, pero no tuvo respuesta. Afirma que su trabajo ha sido "despreciado" por Aristimuño y Valle, ya que las actividades sociales con pacientes y familiares ya no tienen lugar donde realizarse.
El País entró al viejo edificio, donde una decena de señoras voluntarias deshilvanaban "la bufanda más larga del mundo": una hazaña que el año pasado alcanzó el récord Guinness y surgió del propio INCA.
El objetivo era recaudar fondos para comprar una camioneta para trasladar a los pacientes a actividades recreativas y culturales. Una de las voluntarias sonríe cuando se le pregunta por aquel vehículo: "Con todo esto hay otras prioridades, como que los pacientes reciban una atención digna", responde.
González denuncia que desde la mudanza "los familiares no tienen dónde estar, dónde calentar agua ni dónde dormir". Afirma que se les dejó de servir comida y que por eso "los más pobres no están comiendo".
Todavía no se definió un destino para el viejo edificio. Según pudo saber El País, se maneja la posibilidad de crear un refugio del Mides allí.
En los últimos meses el INCA fue escenario de remociones y adjudicaciones de cargos. La administradora fue cesada sin motivos en marzo; en su lugar ingresó un militante de la Federación de Funcionarios. Hace unos 10 días el director del instituto renunció por "motivos personales". Hubo compras irregulares en la dirección.








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