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GUSTAVO PENADÉS
En los últimos días el Presidente de la República lanzó otro tema a la consideración pública. Esta vez se trata de unas ideas para modificar el sistema tributario, aumentando la tributación del sector agropecuario.
No se conocen los detalles, sí que se pretende gravar las explotaciones que superen determinada cantidad de hectáreas; refiriéndose en algunos casos a 2.000 y en otros a 2.500 hectáreas.
El Presidente Mujica, continúa la práctica del Dr. Vázquez de realizar anuncios genéricos, sobre los que no se proporcionan detalles, para que, sobre ellos, el país se lance a debatir. Luego, son concretados en iniciativas legislativas que, en la mayoría de los casos, no tienen mucho que ver con la idea original.
En este caso, si bien no se conocen los detalles, es posible formular algunos comentarios que tienen que ver con la fundamentación de la propuesta y con las circunstancias políticas en que ella se verifica.
Vemos que la idea de modificar la tributación agropecuaria aparece pocos días después de que el gobierno y el Frente Amplio protagonizaran los bochornosos y antidemocráticos episodios relacionados con la ley interpretativa de la ley de Caducidad.
La reforma impositiva surge claramente, entonces, como un instrumento potencialmente unificador del Frente Amplio, constituyendo también una señal hacia los grupos más radicales desencantados por la dubitativa y contradictoria actitud exhibida por el Presidente en torno a la ley de Caducidad. En aras de esos propósitos, la propuesta es útil para llevar adelante la vieja práctica de polarizar la opinión pública y de generar amigos y enemigos.
En el seno del gobierno los criterios se van unificando. Así, tanto el vicepresidente como el ministro de Economía se sumaron a la propuesta de Mujica, aunque el de Ganadería se llamó a silencio.
Por lo que se viene percibiendo, las contradicciones que se estarían generando serían la de "grandes productores" versus "los chicos", y la del "campo" versus "la ciudad". A ello se le suma la oposición entre los que se estarían beneficiando -a la vez que destrozando- la infraestructura y quienes deberían pagarla sin obtener beneficios de la misma. En referencia a esto último, es curioso que Mujica en algunos momentos sostenga que los mayores impuestos obedecen al interés nacional de evitar la concentración de la tierra, mientras que en otros, sostiene que el propósito es solventar la infraestructura y comprar tierras para colonizar. Todo ello con el telón de fondo de una supuesta justicia tributaria: que paguen más ellos a los que les va fenómeno.
Nuevamente el país se está embarcando en una discusión que no tiene nada de seria ni de positiva. Pero, por sobre todo, se pierden oportunidades de formular análisis y propuestas serias y de largo aliento. Se sigue gobernando en base a eslóganes y frases hechas, sin ambientar un debate nacional y constructivo acerca de cómo transformar en permanente el excelente momento económico que vivimos y que encuentra, en gran medida fundamento, en factores externos y ajenos a nuestra voluntad y decisión.






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