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PABLO DA SILVEIRA
La izquierda uruguaya se viene hundiendo en el ejercicio de un macaneo sin fisuras. Si en algún tiempo creyó ser un modelo de inteligencia y de rigor, hoy parece haberlo olvidado.
La discusión sobre la anulación de la Ley de Caducidad puso en evidencia una pérdida de pudor argumental pocas veces vista. Tal vez eso era inevitable, ya que no había manera elegante y rigurosa de justificar el desconocimiento de dos consultas populares. Pero lo peor es que la dirigencia frentista parece haberse habituado a ignorar la lógica y la verdad histórica. El último ejemplo lo dio el presidente de Ancap, Raúl Sendic, en una entrevista concedida a este diario.
Al ser consultado sobre su ideología, Sendic se definió como marxista y guevarista. Y al desarrollar este último punto mencionó "esa etapa tan fructífera que tuvo el Che de ministro de industria, de administrador, de líder en el ejemplo de la transformación de la sociedad. Muchas veces es más conocido por su etapa guerrillera, pero fue un gran administrador público, un hombre de gobierno, e hizo cosas importantísimas".
No es raro escuchar falsedades sobre el "Che" Guevara. Por ejemplo, que tenía un buen corazón (fue el comandante revolucionario que ejecutó a un mayor número de sus propios hombres) o que fue un gran estratega militar (no logró ninguna victoria importante). Casi todo lo que se dice de él es un mito. Todo eso es sabido y puede explicarse en función de intereses políticos y casualidades históricas. Un par de fotos formidables (una vivo y otra muerto) golpearon de lleno en una sensibilidad influida por siglos de iconografía cristiana y ayudaron a fabricar una imagen redentora. Pero, aun en este contexto de mitificación, es muy raro que alguien diga que Guevara fue un buen gobernante. Tanto amigos como enemigos admiten que fue un desastre.
Tras el triunfo de la revolución, Guevara ejerció una serie de cargos (presidente del Instituto de Reforma Agraria y del Banco Nacional en 1959, ministro de economía en 1960 y de industria en 1961) para los que no tenía formación ni experiencia. Las políticas que impul- só (una ideologizada reforma agraria, un ingenuo intento de diversificación de cultivos) fueron calamitosas. Entre 1961 y 1963, la cosecha de azúcar cayó de 6,8 a 3,8 millones. En 1962 hubo que congelar precios e introducir el racionamiento. Un intento de industrialización con tecnología checa fue abandonado.
Mientras sumaba fracasos, el Che fijaba objetivos delirantes. En 1961 anunció que la economía cubana alcanzaría en dos décadas a la estadounidense. Y como se negaba a usar incentivos económicos por considerarlos impropios del "hombre nuevo", utilizaba métodos cada vez más represivos que incluían la internación en campos de trabajo como castigo a la baja productividad. En 1965, Fidel Castro escuchó a sus asesores soviéticos y dejó a Guevara sin cargos. Esa es una de las razones que explica su retorno al combate.
La descripción que hace Sendic contradice todos los hechos conocidos, excepto uno: el Che vivió más tiempo como funcionario que como guerrillero.



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