"Cuando el presidente uruguayo Tabaré Vázquez no respondió positivamente a la insistencia de Kirchner para que Uruguay detuviera la construcción de dos plantas de celulosa en la frontera con Argentina y se hicieran estudios ambientales adicionales, la retórica de Kirchner alentó a los residentes de las provincias afectadas a intensificar su bloqueo en los puentes que conectan los dos países, resultando en millones de dólares de pérdidas comerciales y de turismo para Uruguay". Ese es un fragmento incluido en un cable que el embajador de Estados Unidos en Argentina, Lino Gutiérrez, transmitió en junio de 2006 a Washington, en el que analizó lo que denominó "Estilo-K" y que fue filtrado por WikiLeaks.
El diplomático enmarcó esa actitud de Kirchner en cómo se enfrenta a las dificultades. Señaló que cuando el presidente argentino confrontaba un problema, su primer instinto era ir a la ofensiva en lugar de negociar, subiendo la apuesta si sus esfuerzos iniciales no le daban los resultados que pretendía.
En otro de los pasajes de la evaluación Gutiérrez señaló que la política exterior de Kirchner estaba siempre subordinada a la política doméstica. "Kirchner, al menos al principio, tomó una línea dura en el conflicto de Uruguay por las plantas de celulosa -a pesar del daño al Mercosur y a las relaciones regionales- porque el público argentino tenía una fuerte preocupación por las plantas de celulosa, particularmente en la provincia de Entre Ríos, gobernada por el partido oficialista", opinó.
Además, consideró que tradicionalmente Kirchner había usado las disputas internacionales, como el conflicto por las papeleras, para ganar apoyo interno.
En ese cable, que ya había sido filtrado en diciembre, Gutiérrez señaló que Kirchner tenía la necesidad de tener siempre el control, tomar decisiones importantes rápido y mantener la pelea constante contra los que consideraba enemigos.