JAVIER GARCÍA
Ni estudian ni trabajan y son más de cien mil personas entre 18 y 24 años de edad. No son niños. Las causas de esta situación son varias y hablan de fracasos también múltiples. Fracaso familiar, fracaso del sistema educativo y fracaso de valores en nuestra sociedad. Aquí no se incluyen a los que no trabajan, aunque quieren hacerlo pero no lo consiguen. Hay muchos en Uruguay, a pesar de las estadísticas de empleo, que están sin él o en una situación de empleo precario. Quizás figuren como empleados pero hacen changas. Están aquellos que no trabajan pero estudian y se preparan para ingresar al mercado laboral.
Acá hablamos no del que tiene mala suerte, sino del que no tiene trabajo ni se preocupa en tenerlo. Ni tampoco del que quiere estudiar pero tuvo que abandonar para trabajar y sustentar a su familia. No, es otra cosa, es hasta una cultura alejada de aquellas cosas en las que el resto se formó. "Hay que ganarse la vida", así nos enseñaron desde chicos a todos, o a casi todos. La cultura del trabajo no se aprende en la escuela, se aprende antes: en la casa. El sistema educativo complementa y da herramientas, pero la cadena de transmisión de valores tiene un primer eslabón que está en el hogar. Ganarse la vida en forma honesta, trabajando, es entender que uno recibió en préstamo lo que tiene que devolver a las generaciones que siguen, es solidaridad con nuestros mayores y con la sociedad.
Sin embargo hay miles de compatriotas que están en otro circuito. Estos uruguayos pasaron por el sistema educativo alguna vez y abandonaron. El sistema falló, no los pudo retener. No le agregó tampoco valores que quizás no recibieron en su casa. Una mala educación no es solo la que enseña mal, sino la que no genera interés ni retiene. Estos uruguayos ni aparecen en las prueba PISA. Ahí se ve lo mal que enseñamos, aquí están los que ni les enseñamos.
Para enfrentar este tema el gobierno plantea medidas y destinará 80 millones de dólares. Una es descabellada, porque además va en línea no con atacar la cultura del ni-ni, sino de fomentarla. Según se informa se plantean otorgar becas, es decir subsidios, a este sector de la población. Es un error profundo y tremenda injusticia. Las políticas asistencialistas y los subsidios directos no son malos por definición, lo son cuando se cree que por el solo hecho de repartir plata se solucionan problemas. Pero además no hay derecho a que el resto de los uruguayos que estudian o trabajan o trabajan para estudiar y se levantan temprano, o se acuestan tarde, o pasan la noche trabajando subsidien a quienes hicieron la opción de quedarse en casa o no hacer nada.
Dar sin retorno es una manía que tienen los gobiernos que se dicen de izquierda, que subsidian lo que no corresponde haciendo clientelismo puro. No son situaciones de indigencia ni de carencia social, sino de valores.
¿Porqué una muchacha o un muchacho que se rompen el lomo estudiando y trabajando y de repente criando a un niño deben subsidiar a quien no hace esfuerzo ninguno? ¿Por qué un jubilado debe hacer lo mismo, o cualquier trabajador?