A la izquierda -al menos a la que nos gobierna- no le gusta Punta del Este. Reconozcamos que son coherentes. No les gustó nunca.
La izquierda se opuso con todas sus fuerzas a la construcción del Hotel Conrad. El mismo donde el propio presidente electo José Mujica recibiría años más tarde a más de un millar de empresarios top de la región, a los que tendió la mano, les invitó a venir a invertir y vivir en Uruguay, y les prometió, por ejemplo, no tocar el secreto bancario. ¿Se acuerda?
Para aquellos empresarios fue un gesto. Hoy ya se dieron cuenta que fue "un amague". Un calmante para las ansiedades que cualquiera que hubiera leído Pepe Coloquios en 2009 tendría respecto de lo que se avecinaba.
El empresariado de la región confió. Se olvidó que fue la misma izquierda la que, durante el gobierno del ex presidente Jorge Batlle, fogoneó aquella incomprensible marcha del Pit-Cnt a Punta del Este. No tuvo en cuenta que, cuando el Frente Amplio no era gobierno en Maldonado, sus ediles y los ambientalistas que la izquierda manejaba a control remoto se oponían a cuanto proyecto de inversión se presentaba a la comuna fernandina. No querían más torres en el departamento. Ni autorizar barrios privados. Ni privatizaciones de servicios. Ni aumentar impuestos.
Con el tiempo, les llegó la hora de gobernar Maldonado. ¿Qué pasó? Los impuestos subieron, y ahora dicen que volverán a subir, porque la Intendencia frenteamplista se gastó todo lo que tenía y también lo que no tenía, y ha tenido que pedirle ayuda… ¡a la banca internacional! Entretanto, todo lo que se podía privatizar ha sido privatizado ("concedido a privados", dicen ellos). Las torres, las mismas que fueron mala palabra, ahora han cambiado la fisonomía del balneario para siempre. Y los barrios privados florecen, autorizados por la comuna.
Eso sucede porque la izquierda de Maldonado entendió que Punta del Este y todo lo que en ella se genera, se construye y se invierte es lo que le permite al intendente De los Santos pagar sus programas sociales y contratar empleados de confianza con sueldo alto.
Pero pese a todo, a la izquierda la duele Punta del Este y lo que representa. Por eso Mujica habla de los argentinos que vienen a "lagartear" al balneario en enero (¿se ha puesto a pensar qué pasará con la recaudación de impuestos y el empleo el día que no vengan y del peligro de correrlos?). Por eso se vende, en una señal para la tribuna, la residencia presidencial de Punta del Este.
Por eso, en plena temporada, el subsecretario del Interior, Jorge Vázquez, sale a decir en una publicación "compañera" que Punta del Este "es un gran centro de planificación de la delincuencia". Por eso, si a alguien no le había quedado claro, el propio Vázquez sale a decir en la misma semana que hay organizaciones de narcotraficantes de Brasil que están desplazándose… hacia Punta del Este.
Por eso. Porque no les gusta. Porque nunca les gustó. Y porque algunas cosas nunca cambian.
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