DIEGO CASTRO
Un vecino del barrio Palermo mató ayer a un delincuente que sorprendió en su casa con el botín pronto para escapar. Es el segundo caso en 48 horas que las víctimas se defienden y el ladrón resulta muerto.
El anterior ocurrió el sábado, cuando un comerciante de la zona de Manga disparó contra dos menores que huían luego de cometer una rapiña en su local, matando a uno de 17 años.
Estos dos casos y el asesinato cometido por El Pelón, un menor de 17 años que hace una semana terminó con la vida de un repartidor de cigarrillos -Nelson Juani, de 55 años- en Paso Carrasco, reavivó el debate político sobre la legítima defensa y la imputabilidad penal de los menores de edad. (Ver página A6).
Ayer, unos minutos antes de la hora 17, Marcelo Rodríguez, de 22 años y con cuatro antecedentes penales -tres por hurto y uno por rapiña-, entró por una ventaja a una vivienda en Andrés Martínez Trueba y Maldonado, mientras su propietario, E.V.F.P., de 58 años, dormía la siesta. Los ruidos de Rodríguez lo despertaron.
"Al principio pensé que era uno de mis empleados -la casa está en obras-, pero después vi a este tipo sacando mis cosas", dijo E.V.F.P.
Según relataron los vecinos de la zona, el delincuente caminaba por Martínez Trueba, cuando sorpresivamente cruzó la vereda y comenzó a trepar por las ventanas de una casa de dos plantas.
Allí, ante la aparente soledad de la casa, ingresó a la misma y comenzó a guardar objetos de valor en una mochila, cuando apareció el dueño pidiendo que dejara los efectos que había tomado. Ante la negativa, el hombre extrajo de entre sus ropas un revolver con el cual le efectuó dos disparos. Aún herido, Rodríguez se tiró desde la ventana, cayendo al pavimento desde una altura aproximada a los cinco metros. Además corrió los 50 metros que separaba la casa donde fue a robar de la calle Maldonado y de allí corrió otra media cuadra más, cayendo sobre el capó de un automóvil que estaba estacionado en el lugar.
Dicho automóvil pertenecía a una emergencia móvil, la cual le prestó los primeros auxilios, trasladándolo después hacia una mutualista donde se constató su fallecimiento.
El propietario de la vivienda quedó detenido en dependencias de la Seccional 2ª y en la misma tarde de ayer fue puesto a disposición del Juzgado penal de 20º Turno, que realizará las actuaciones pertinentes.
Vecinos de la zona manifestaron sentir dos detonaciones de arma de fuego y ver luego a Rodríguez corriendo, mientras sangraba en forma abundante.
Además, afirmaron que detrás de Rodríguez, vieron a su vecino corriendo con el arma en la mano, quien buscaba controlar la situación, según narró a El País el propietario de un comercio, en la esquina de Maldonado y Martínez Trueba.
Otro vecino, Horacio, dijo que el hombre asaltado es "muy buen vecino", al tiempo que afirmó que ya van varias veces que le roban, tanto así que se compró un par de perros policías para que vigilen".
Por su parte, Pedro, el chofer del coche donde Rodríguez cayó, dijo a El País que "estaba esperando que saliera la doctora para hacer una recorrida cuando se me aparece este muchacho todo ensangrentado y se tira arriba del auto. Obviamente salí corriendo a buscar a la doctora".
Mercedes. En tanto, un adolescente de 15 años resultó ayer herido de bala cuando junto a otro joven de su edad, aparentemente habían ingresado a robar a una finca.
Un vecino alertado por otro de que había dos adolescentes sospechosos en la zona, efectuó dos disparos intimidatorios, uno de los cuales impactó en el joven, quien alcanzó a llegar a su hogar, desde donde fue trasladado a un hospital de la ciudad, donde le diagnosticaron herida de arma de fuego en dorso con orificio de entrada a nivel de hemitórax derecho.
Ingresado para su valoración, personal médico decidió darle el alta en la tarde de ayer.
Sin embargo, en declaraciones brindadas a la policía, el hombre dijo que pasaba con su camión por el lugar y al ver a los jóvenes salir de una finca con varios objetos en la mano intentó preguntarles algo, pero, según sus propias declaraciones, fue agredido por los adolescentes.
Acto seguido, extrajo un revólver calibre 32, efectuando los dos disparos, uno al aire y el otro directamente a los jóvenes
El joven herido y su cómplice debían presentarse a declarar ante el juez de menores ayer mismo, pero ninguno fue. El conductor del camión deberá presentarse esta mañana, ante el juez penal. (Producción: Juan Correa Verde, Mercedes).
"Lamentablemente, me siento más seguro con un arma"
FEDERICO CASTILLO
Los detalles precisos se le escapan de su memoria. Se le nublan y "enredan" las acciones que tuvo que hacer para defenderse de un robo más a su comercio. Sabe que todo empezó cuando alguien fue a avisarle a su casa que había "dos caras raras" y que estaban robando a la "Negra", su mujer, que es quien atiende la caja en el supermercado que ya fue asaltado 16 veces.
"Fue todo. Agarré un arma que tengo arriba de la heladera y me fui por el costado. Ahí los veo que iban saliendo y nos encontramos. Nos quedamos viendo. Uno de ellos tenía un arma, le grité que la tirara. Me disparó y respondí. Ahí se produjo el tiroteo y eso fue todo", recuerda Rosario Pifano (58), el comerciante que en defensa propia mató el sábado a un delincuente de 17 años.
Después, cuando por fin terminó esa escena que le parecía la de una película, vio que los dos ladrones salieron corriendo. También observó que tras andar una cuadra uno de ellos cayó al piso, herido. "No recuerdo haberlo herido yo, en ese momento no lo pensé, pero en la balacera le pegué", dice Pifano y se apura a aclarar que lo que pasó es algo que no es fácil de asumir, pero sugiere que no tuvo opción. Y que hoy tampoco queda otra que estar armado para defenderse.
"Yo soy comerciante, yo no estoy preparado para esto. Yo me preparo para vender más, no para un asalto. Ni psicológica ni físicamente. No me gustan las armas. No soy un tipo de tener armas. Lamentablemente me siento más seguro con un arma. La tengo como la tiene cualquiera en su casa. Yo tengo un comercio y estoy más expuesto. Son las reglas del juego. Es así. Cualquiera que está atrás de un mostrador está expuesto", afirma.
Mientras habla, su mujer y su hija lo observan en silencio entre las góndolas del supermercado vacío. A Pifano no se le nota arrepentido. Y cuando se le pregunta si volvería a actuar de la misma manera, responde: "Creo que volvería a defender a mi familia. La pregunta es ¿volverías a defender a tu familia? 20 mil veces. De qué forma, no sé. ¿Igual? No sé". Las dudas son sobre la manera, sobre cómo podría reaccionar ante un nuevo asalto, pero tiene claro que volvería a actuar para defender a su familia en peligro, aún sabiendo que el costo a pagar puede ser muy alto.
"Más bien que me siento mal por haber lastimado a una persona. Siento angustia. No me siento cómodo. Me molesta que vengan a hacerme una nota porque lastimé a una persona. No me produce nada de orgullo, jamás. Me siento mal, angustiado", afirma una y otra vez e insiste: "Nosotros no estamos preparados para esto. Es lo que sale en el momento. Estoy preparado para vender un comestible, no para una autodefensa"
Ayer el supermercado ubicado en el barrio Manga abrió otra vez, pero Pifano y su familia no saben si seguir al frente del negocio que construyeron hace 23 años. "Esto trastoca todo. Estamos viviendo un momento muy especial, nos preguntamos ¿qué hacemos? ¿seguimos, no seguimos?" Su mujer, Marta, es contundente. Está cansada y con miedo. Harta de verse encañonada por delincuentes.
"Miro a cada rato para afuera, siento el ruido de una moto y me paralizo. Ya no quiero trabajar más. Cuando los asaltos no son con armas cortas, son con armas largas. Ya no puedo más", dice antes de largarse a llorar.
Pifano la entiende, pero baja a la realidad. "Vivimos de esto, no tenemos otra cosa. Es lo que sabemos hacer y lo que tenemos que seguir haciendo. No puede ser que haya personas que te digan cómo es que tenés que vivir".
Artículo 26: legítima defensa
El artículo 26 del Código Penal establece la legítima defensa. Está exento de responsabilidad "el que obra en defensa de su persona o derechos, o de la persona o derechos de otros", si se cumplan las siguientes condiciones: agresión ilegítima, "necesidad racional del medio empleado para impedir el daño", así como "falta de provocación suficiente por parte del que se defiende". Se entienden que se dan estas tres circunstancias para quien "durante la noche defiende la entrada de una casa habitada o sus dependencias, o emplea violencia contra el individuo extraño a ella, que es sorprendido dentro de la casa". El defensor no puede ser impulsado "por venganza, resentimiento u otro motivo ilegítimo".