JOSÉ IGNACIO | DÉBORAH FRIEDMANN
Hace una década Ricardo Preve se enamoró del cine, un amor inesperado pero hasta ahora duradero y exitoso: se convirtió en un reconocido realizador de proyectos propios y para National Geographic. Su próxima miniserie se grabará en Garzón.
A los 18 años Ricardo Preve se escapó de su casa en Argentina. Junto con otros cinco jóvenes se embarcó hacia Estados Unidos. "Estuvimos dos meses en el mar, casi nos morimos, volcamos y ahí decidí no volver más. En otro barco a vela logré llegar", cuenta a El País en su casa de José Ignacio, donde pasa la mayor parte del año.
La acogida en Estados Unidos fue, en aquel 1976, "mejor" a lo que sería hoy. En la Universidad le dijeron que no se preocupara por la visa, que fuera cuando pudiera a la embajada de Argentina a tramitarla.
En Virginia se recibió de ingeniero agrónomo y luego hizo una maestría en ingeniería forestal. Y en ese país nacieron sus tres hijos: Kristin (24), Erika (23) y Alex (18).
Allí estuvo dos décadas. Luego regresó a Buenos Aires. Era presidente de la International Paper Company, que en 2001 despidió a todo su personal. "No sabía qué hacer. Un amigo, Fernando Spiner, en ese momento estaba empezando la producción de Adiós querida luna, una película de ciencia ficción argentina. Como yo tenía conocimientos de marketing, administración y finanzas trabajé con él como productor asociado", recuerda Preve. Fue en ese film donde se enamoró del cine, la televisión y el teatro.
-¿Ese amor venía de antes?
-Para nada, fue como cuando entrás a un bar, ves a una mujer que no viste nunca y te enamorás en el acto. Yo iba al cine, me gustaba, pero te voy a ser honesto: no soy de esas personas que dicen: `Toda mi vida quise hacer cine y un día se me dio`. La verdad es que se me dio sin darme cuenta.
-¿Qué le enamoró?
-La locura. Esa película Adiós querida Luna se trataba de la primera expedición argentina a la Luna. Nos reíamos de que si el día de mañana Argentina lanzara una misión espacial a la Luna nos contratarían como asesores porque habíamos resuelto un montón de temas, desde las radios que no funcionaban hasta los visores de los astronautas que se empañaban. Esa locura y esa ficción me divirtió.
A partir de allí no se detuvo. Coprodujo con Mercedes García Guevara Tango, un giro extraño (2003), un largometraje que cuenta historias de jóvenes tangueros, que ganó tres nominaciones a los premios Cóndor.
Después vino Mondovino (2004), que define como "un testimonio contra la globalización del gusto". La película tuvo éxito: fue el documental que vendió ese año más entradas en Francia, resultó elegido para la selección oficial de Cannes, nominado a los premios César y se vendió a más de 30 países.
"Me abrió muchas puertas", dice Preve. Y pasó a otra etapa: la de dirigir. En 2006 lo hizo con La noche antes -un cortometraje sobre la última noche en la vida del héroe argentino Martín Miguel de Güemes- y un año más tarde estuvo al frente de La notte prima, también sobre una última noche de vida, esta vez de Anita Garibaldi, la mujer del prócer Giuseppe Garibaldi. A la vez, continuó con los documentales - Chagas, un mal escondido y Esperanza means hope- e hizo su primer largometraje de ficción: José Ignacio.
A esos proyectos personales, se sumó hace tres años su labor para National Geographic: ya concretó ocho productos.
El último de ellos Machu Pichu, que codirigió, se verá el próximo 19 de enero a las 20 horas por NatGeo.
-¿Qué le brindó trabajar para National Geographic?
-En el campo documental implica que tenés mucha credibilidad. Te abre puertas en distintos lugares y es un trabajo super exigente.
-¿La exigencia es específicamente en torno a qué?
- National Geographic tiene un departamento interno que se llama estándares y prácticas. Cada vez que uno hace un documental te asignan un investigador externo, un experto en el tema que estás hablando. Y tiene la exigencia adicional de que a veces vas teniendo que seguir el trabajo de un historiador o un arqueólogo que no sabés dónde va a terminar.
Preve trabaja paralelamente en sus proyectos. Ahora termina de adaptar el guión de una serie de televisión que filmará en siete capítulos. Garzón iba a ser inicialmente un largometraje pero no consiguieron la financiación, así que será una miniserie. "Es una adaptación de Don Quijote y Sancho Panza al siglo XXI", resume.
Los protagonistas son dos hombres que tienen un taller mecánico en el pueblo uruguayo, les llevan a reparar una Mehari, que es el auto en el que uno de ellos conoció a su primer amor. Y la salen a buscar. El capítulo cero se rodará entre marzo y abril.
EXPONDRÁ FOTOGRAFÍAS
Ricardo Preve conoce José Ignacio desde niño, pero fue a partir de su regreso a Argentina en 1996 que comenzó a orientar su vida hacia el pueblo uruguayo, donde desde 2006 pasa la mayor parte del año. "Somos 20 en invierno y 20.000 en el verano. A veces sueño con irme más lejos, pero sigo queriendo mucho a este lugar. Tenemos temas que no se hablan, que tienen que ver con la falta de servicios en muchos casos, falta de control de medio ambiente, polución visual". Respecto a la falta de servicios señaló que no son acordes a la cantidad de gente. "No tenemos una protección como debería ser de las lagunas Garzón y José Ignacio", sostuvo. Más allá de eso, Preve disfruta al máximo del lugar. Y es allí donde el miércoles 12 de enero se inaugurará en la galería Los Caracoles su muestra fotográfica People and places. America, Asia, Oceanía.
Preve se acercó a la fotografía a través de su trabajo de documentalista.
"Hice una serie de Iemanjá y tuve la suerte de que la Unesco me esponsorizó como fotógrafo de ellos y estuvimos en cuatro lugares: Punta del Este, Montevideo, San José y Brasilia, en la reunión general del organismo", cuenta. Ese primer éxito lo impulsó para seguir adelante y continuar con la fotografía en sus viajes. "Es una fotografía bastante dura y bastante fuerte", resume. Luego de José Ignacio, expondrá en Estados Unidos.