NUEVA YORK | THE NEW YORK TIMES
Mucha gente en todo el mundo teme que Europa esté a punto de enfrentar un momento Lehman Brothers, una gran bancarrota o repentino cese de pagos que desate una nueva fase de pánico en el continente y más allá.
Sin embargo, el problema para Europa en fechas recientes puede ser que no ha tenido -y pudiera no tener- su propio Lehman Brothers, cuando menos en el sentido que Lehman impactó a los estadounidenses para que asumieran medidas onerosas para reparar el daño. Más bien, ha registrado una fuga de confianza en cámara lenta y una merma constante de credibilidad que ha cobrado un valor enorme y creciente sobre los precios de acciones y bonos, así como sobre las formas de ganarse la vida de sus ciudadanos.
Casi dos años después que empezara la crisis del euro con inquietudes en torno a la solvencia de Grecia, los temores se han extendido a grandes bancos y grandes países como España e Italia, aplastando la recuperación gradual de la recesión de 2008. Sin embargo, Europa aún no ha tenido la respuesta masiva a la emergencia que la administración de George W. Bush y la Reserva Federal de EE.UU. fueron obligadas a emprender tras la caída de Lehman el 15 de septiembre de 2008, y no está claro si incluso ahora la conmoción intensificada del mercado es suficiente para impulsarla.
Un impago griego sin control o una corrida sobre algún importante banco de Europa aún podría echar por tierra expectativas y obligar a Francia, Alemania y el Banco Central Europeo a actuar con mucha mayor urgencia. Pero, por ahora, dirigentes políticos y financieros están haciendo tiempo, apagando incendios uno por uno, haciendo promesas vagas, como hicieron funcionarios europeos respecto a la programación de nuevas reuniones para discutir la recapitalización de bancos europeos.
"Los economistas están entrenados para pensar en resultados con el tiempo y trabajan hacia atrás, y esa también es la manera en que funcionan los mercados financieros", dijo Charles Wyplosz, economista en el Instituto de Graduados de Ginebra. "Eso es una diferencia diametral con respecto a la manera de funcionar de los políticos. Ellos preguntan por mañana o la semana próxima resolviendo problemas como llegan. Así que siempre están a la zaga de los mercados", añadió.