El miércoles 29 Carlos Perciavalle subirá al escenario del Mantra Nogaró, de Punta del Este, para hacer su nuevo espectáculo "Perciavalle@recargado.com". El show irá por todo enero, los miércoles y jueves a las 21.30 horas. Las entradas cuestan 25, 30 y 35 dólares.
Siempre que te ven más flaco te preguntan si no tenés una enfermedad. Es horrible: estoy flaco porque quise estar flaco. Fui a un médico que me recomendó Moria, y hago una dieta especial. No paro de hacer gimnasia, estoy como loco, adelgacé como 24 kilos y me siento mucho mejor. Tenía como un alien en la barriga", comenta el humorista, quien se siente mejor que nunca para subir a un escenario, pese a estar cerca de los 70 años.
Perciavalle@recargado.com es un show muy a su estilo, donde la ficción y la realidad se darán la mano y hasta se confundirán. Tendrá una parte de actualidad, en la que hablará de la realidad mundial, de todo lo que estamos viviendo, y sobre cómo sería la sociedad perfecta en la que todos queremos vivir. Con su ritmo verborrágico, imparable, el humorista promete animar el verano de Punta del Este. En su show aparecerán sus infaltables personajes, que van desde Pinocho hasta Cupido, aunque también hay uno que representa a la clase media, además de un homenaje a China Zorrilla y otro a la Celeste.
Carlos Reyes
-¿Siente usted que los argentinos son más agradecidos con los artistas que los uruguayos?
-Sí, sí, eso es así. Si sos estrella en Argentina, te adoran acá también, pero si no sos estrella en Argentina, acá no pasa mucho. Va Estela Medina caminado por la calle y nadie se da vuelta, y para mí es la actriz más grande que vi en mi vida sobre un escenario. Incluyo a todas las que vi en el mundo entero, a todas, de Geraldine Page a María Casares.
-¿Cree que es ingratitud?
-No es ingratitud, es una forma de ser. Es así, las cosas cuando son de determinada manera, son así y se acabó. Pero me ha pasado, al cruzar por la aduana cuando vengo de Buenos Aires, que me dicen `Carlitos, cómo le vamos a revisar el coche, si usted, China y Forlán son los mejores embajadores que tenemos en el mundo`. Yo no puedo ser desagradecido y decir nada del uruguayo. Conmigo es adorable, pero sé que si me hubiera quedado acá, estaría estacionando autos en la Intendencia.
-¿Piensa retomar los shows en su casa de Laguna del Sauce?
-No, ya fue, las cosas cumplen un ciclo. Aquello surgió porque en un momento sentí la necesidad de agradecerle al público, porque si me pude comprar ese paraíso fue por el público. Yo nunca hice otro tipo de negocios, nunca estuve metido en política: detrás de cada dólar mío hay una carcajada. Por eso se me ocurrió hacer teatro al atardecer. Hice diez temporadas: la gente podía conocer mi casa, no entrar a la casa, porque la casa es para mis amigos. Pero podía recorrer el jardín, disfrutar de artistas como Andrea Tenuta, Maxi de la Cruz, Antonio, Moria, China. Cuando hacíamos teatro ahí recién empezaba José Ignacio. Y ahora todo pasa en José Ignacio... y en el Mantra Nogaró de Punta del Este.
-¿Volvería a trabajar con Gasalla?
- Sí, nunca nos separamos, simplemente no quisimos ser un dúo. Queríamos ser cada uno, uno mismo, y cuando nos venía bien y nos divertía, trabajamos juntos, y cuando no, separados. Seguimos siendo amigos, yo lo admiro profundamente, para mí es el mejor. Somos dos personas distintas: nos parecemos en todo y en nada. En todo, porque a los dos nos gusta hacer reír. Y en nada, porque yo no podría haber hecho un espectáculo como Más respeto que soy tu madre, jamás.
-¿En qué momento sus shows le dejaron más dinero?
-Siempre me dejaron dinero. He trabajado toda mi vida, primero dando clases de matemática y luego en el espectáculo. Como buena serpiente, sé ganar plata, dando clases, o con lo que tenga que hacer. Gasto mucho también, pero gasto según lo que tengo. No creo que haya que ahorrar demasiado. Como dice María Elena Walsh, más que ahorrar, conviene aumentar los ingresos. Ahorrar mucho es al pedo, porque te morís y…
-Ahora está de moda el stand up. ¿Se siente precursor del género?
-Sí, en Buenos Aires también se puso de moda. En aquella época se llamaba café concert, aunque no se servía café ni había conciertos. Simplemente te parabas y empezabas a hablar: fue algo que nació sin que nos diéramos cuenta. Ahora se llama stand up. El otro día unos chicos del Paseo La Plaza querían que yo fuera, para presentarme como el creador del género. Fue algo que surgió cuando estábamos en el conservatorio: me daba alegría, y plata, hacerlo. Los lugares se llenaban. Me acuerdo que Cipe Lincovsky estaba haciendo La reina del cabaret, y como yo estaba al lado, quedó aquello del rey del café concert.
- ¿Le demanda mucho esfuerzo?
-No me cuesta mucho. ¿Viste como soy yo? Me preguntás algo y hablo dos horas y media, debe ser algo genético. Obviamente uno lo va preparando antes, pero después te vas dando cuenta por dónde va más la cosa. Yo tengo formación clásica, sigo tomando clases de actuación, canto, he hecho obras dramáticas, no he parado de trabajar. Soy actor: me gusta decir que soy estrella, porque también me gusta eso de ser estrella, tener brillo propio, ser el forjador de mis propios proyectos, el creador de lo que yo hago.
- ¿Alguna vez sintió que ofendía a alguien con el humor?
- Creo que nunca he hecho nada virulento, si bien a veces, alguna figura, como Chiquita (Legrand), en algún momento se ofendió por lo que decíamos de ella. Pero siempre ha sido en el terreno profesional. Yo soy muy amigo de ella, y lo que es entre amigos no es para hablar en público. Pero con la misma rapidez que se enojaba se desenojaba, porque eran comentarios cómicos sobre su labor profesional, jamás sobre su vida privada.
-Antes usted se presentaba más en Montevideo...
-Sí, yo antes hacía mis shows primero acá, luego en Punta del Este y luego en el Maipo, o en el Grand Splendid. Ahora en Montevideo los impuestos son tan bárbaros, tan grandes, que no conviene venir. Pero antes convenía mucho: era un placer venir a trabajar a Montevideo. De todos modos, los uruguayos van a los teatros. Cuando hay vacaciones de invierno acá, los teatros suben en Buenos Aires. Además de todos los artistas uruguayos que hay trabajando allá: uno cada vez descubre más.
-¿Cambió el público desde que usted empezó a actuar?
-Ahora hay más gente joven, aunque el público es siempre igual, y supongo que lo que hace reír también. Creo que público es caprichoso, es un misterio. Si uno supiera cómo va a reaccionar, sería millonario. Por eso aún hoy, antes de cada función, uno no sabe qué va a pasar, y siempre hay un poco de estrés.
-¿Qué el gusta más de lo que dan en televisión?
-No me gusta mucho la televisión, y eso no quiere decir que no haya cosas brutales. La televisión y el arte tienen muy poco que ver. Es decir, algo tienen que ver: el surgimiento de muchos humoristas no los hubiéramos visto de no ser por la tele, pero en el fondo sigue siendo un gran negocio para vender. Agarro de la televisión lo que me conviene, cosas puntuales, pero no veo el programa de Tinelli. Pero si tenés un éxito en la tele, en una noche te van a ver más que todo lo que te ven en el teatro a lo largo de tu vida.
- ¿Qué le parece Mujica?
- Me da ternura. No lo conozco, pero seguro que si lo conociera le tendría mucha simpatía. Lo vi en el Colón, entrando con su campera y su vaquero, y la gente que estaba de smoking se sentía incómoda. Él tiene ese don. Además, creo que al presidente todos tenemos que respetar, porque de lo contrario le falto el respeto a los que lo votaron, que son mis iguales. Aunque yo no sé nada de política. Porque la misión del político es dividir para reinar, y la del artista es unir para sobrevivir.
Del graf spee hasta bob fosse
"Crecí en Punta del Este, junto a un bosque de pinos. Había muy poca gente: crecí sintiendo la naturaleza en todo su esplendor, en verano, en invierno, en primavera. Me acuerdo que de chico me contaban la batalla del Graf Spee, que había ocurrido allí. En las fiestas hacíamos obras de teatro, pero a mí siempre me daban un rol secundario".
"Soy uno de los pocos sobrevivientes que vio al Uruguay campeón en el 50. Tenía nueve años, me acuerdo de lo que fue esa fiesta. Yo vivía en Punta del Este y nos vinimos con mis padres y mis hermanos, tres días bailando en Montevideo, todos. Fuimos al estadio a esperar al equipo, fue una cosa realmente muy emocionante: ver a la gente feliz es algo que no se paga con nada".
"También tuve la suerte de ver a Argentina campeón del mundo. Me acuerdo que ese día China y yo salimos a la calle, nos subimos a un camión y amanecimos al día siguiente, no sé por dónde, como por Villa Luzuriaga, cantando y abrazándonos. Y no había droga, ni alcohol, ni nada. Era solo alegría, felicidad, amor".
"Yo me hice muy amigo de Bob Fosse. Él vino a la Argentina a buscar plata para terminar "All that jazz". Me acuerdo que se hizo una reunión, con gente del ambiente, que estaba marcada para las siete. Y a las siete menos diez estábamos ahí, los dos solos. La gente empezó a llegar como a las ocho, y estuvimos hablando, y yo le conté que estaba actuando y unos días después vino a verme y le encantó. Después nos encontramos en el Almuerzo de Mirtha, y para no poner un traductor, que iba a cortar todo, traducía yo. Y fue muy divertido. Yo en general no le pido autógrafo a nadie, pero a él sí. Y me escribió, a `Para Carlos, la segunda persona más talentosa del mundo`. Lo tengo en mi casa".