Sebastián Da Silva
La resolución 125 de hace unos años en Argentina, demostró como la torpeza de las decisiones políticas pueden en forma artificial deteriorar la confianza en un país donde la economía está con el viento a favor. La tozudez kirchnerista llevó a un enfrentamiento sin precedentes con todo el sector agropecuario que dividió el país en dos, y lo paralizó en el momento de mayor auge productivo.
Asimismo el voto "no positivo", de vicepresidente Cobos hizo que se transformara de un grisáceo mendocino a un presidenciable en potencia.
Aunque no sean comparables, de este lado del charco podemos ingresar en un espiral de cosas sin sentido que nos lleven a una situación parecida.
El Uruguay anda volando, no hay parámetro que no indique que estamos en una etapa historia única y quizás irrepetible. Baja la pobreza, suben las exportaciones, baja el desempleo, los salarios mejoran, el mundo implora por nuestros productos etc. Si la inseguridad no fuera tan tremenda, y se lograra equilibrar los indicadores educativos estaríamos en el país de las maravillas. De todas formas, la izquierda no lo entiende, y por algunas actitudes hasta parece que les molesta que todo vaya tan bien.
En el año más importante para un gobierno como es el primero, donde depende básicamente toda la planificación, la generación de confianza y la previsión de dificultades, aparecen día tras otro, titulares donde la única temática son los conflictos y problemas adentro del Frente Amplio.
Si los blancos pensáramos como ellos, estaríamos contentos, aplicaríamos la lógica tan arraigada en la izquierda, del "cuanto peor, mejor" y saldríamos con acciones para captar votos. Como somos positivos no alarma tan patética incapacidad de aprovechar las buenas oportunidades.
Ejemplos, sobran, y el propio presidente promociona este estado de situación cuando tilda de oligarcas a todo aquel que aprovecho una fenomenal oportunidad de descuentos para comprar los regalos de navidad. También cuando elige con quien pelearse, darle prensa a Ernesto Talvi es justamente lo que no indica el manual. Es un outsider, tiene una inimputabilidad verborrágica y su solidez y confiabilidad lo transforma en un generador de opinión que puede en el fragor del debate erosionar la confianza en el país.
Un gobierno manda, para eso pidió el voto, no es un estado de asamblea, ni tampoco una redondilla de boliche. Para gobernar hay un sacramento principal que es tener capacidad de mando. Si esto no se logra transmitir pasa la ridícula situación que muchos de los desconocidos legisladores del gubernismo, tengan el tupé de salir públicamente a cuestionar a quien le dio una beca de 5 años en el palacio.
Alertamos que de seguir así las cosas, vamos camino a una crispación artificial como la llevada adelante por Cristina Fernández de Kirchner. Si hay crisis es auto promovida por la izquierda, tanto de lo político como por la intolerancia sindical. Ellos serán los responsables, de perder el tiempo, de no atender lo importante y de que Uruguay no aproveche en envión único de poder pasar a ser un mejor país.