Los obispos del país manifestaron su preocupación por la situación de las cárceles en el Uruguay, y afirmaron que el alto nivel de reincidencia de los presos muestra "el fracaso en el sistema" carcelario.
Este aspecto fue uno de los temas principales tratados en la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Uruguaya, que tuvo lugar la semana pasada en Florida.
Para los obispos son "preocupantes" las cifras de las cárceles uruguayas, donde el 60% de los cerca de 9.000 presos son reincidentes, y el 50% es población "joven".
El obispo de Melo, Monseñor Heriberto Bodeant (vocero de la Conferencia Episcopal), señaló que "esta situación da para pensar que las cárceles que se están proyectando van a estar recluyendo a los que hoy son adolescentes; jóvenes sobre los que quizás no se están realizando -por lo menos eficientemente- algún tipo de acción educativa preventiva".
Bodeant indicó que, aunque "un grado de represión siempre se necesita, la Iglesia siempre va a apostar a lo preventivo y educativo, más que a lo represivo". Para el obispo, se deben "dedicar tiempo y esfuerzos importantes a la prevención".
Los obispos destacaron la labor de la Pastoral Penitenciaria, en la que trabajan cerca de 200 voluntarios en 24 cárceles de casi todos los departamentos. Los servicios que ofrecen son la visita semanal, la misa, escucha, asistencia espiritual, alimentos, ropa, visitas a las familias y apoyo educativo, entre otros.
Según Bodeant, "la pastoral trabaja en todos los aspectos de la persona, no solo en el sentido de mejores condiciones materiales, sino de abrirle a las personas posibilidades de cambio de vida".
Pobreza rural. La Pastoral Social de la Iglesia realizó una consulta sobre las condiciones de vida en el mundo rural, que fue respondida por 279 comunidades rurales de 14 departamentos.
De esta consulta se desprende que, a pesar de los avances en el medio rural, "sigue habiendo pequeños núcleos de población bastante aislados, donde persisten graves problemas en la atención de salud, y donde se concentran los mayores índices de pobreza por la carencia de servicios e infraestructura", señaló Bodeant.
Además, aunque "Mevir cambió enormemente el paisaje y la vivienda para muchísima gente", aún persisten en campaña "viejos ranchitos de techo de paja, paredes de adobe y piso de tierra".
A pesar de los esfuerzos que ha hecho el Ministerio de Desarrollo Social de llegar a los sectores más pobres de la sociedad, según Bodeant, en campaña "sigue habiendo gente indocumentada y personas que no saben que existen las asignaciones familiares o los beneficios que pueden obtener a través de ellas".