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Dos hechos de esta semana alertan sobre el grado de radicalización del movimiento sindical. Primero la amenaza de tres empresas asiáticas con inversiones en Uruguay que analizan retirarse ante el permanente clima de conflicto y la pésima performance productiva de sus empleados. O dicho más claramente, mucho reclamo y poco trabajo. El segundo es el incomprensible conflicto en la bebida, sector que paga de los sueldos más generosos de la actividad privada, y donde de un día para otro el sindicato amenaza ocupar las plantas, para lograr la firma del acuerdo colectivo. Un exceso que solo se explica por la desesperación de algún dirigente para mostrarse como "duro" de cara al próximo congreso del Pit-Cnt. Nuevamente, el país rehén de los excesos de algunos sectores gremiales.










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