WASHINGTON BELTRÁN STORACE
El último bastión marxista-leninista que quedaba en el mundo ya está entonando la retirada. Los hermanos Castro han comprobado que aferrarse a esta doctrina solo conduce al inexorable fracaso y han comenzado a desandar el camino de la utópica socialización de los medios de producción. Antes había hecho implosión la Unión Soviética; sobre los escombros del muro de Berlín numerosos países sojuzgados por la fuerza de los tanques rojos recuperaron su independencia; China la ha reducido al campesinado porque en las ciudades reina un pujante empresariado vinculado al Partido. Una ideología que conquistó medio mundo en las décadas del 60 y 70 -aunque a un costo estimado de 100 millones de muertos-, se desmorona definitivamente.
Sin embargo en nuestro país se mantienen rémoras de ese pasado pisado. Se dirá que el Partido Comunista nunca tuvo un número significativo en el escenario político nacional. Es cierto, pero también es cierto que siempre se dieron cuenta de su inferioridad a nivel ciudadano y buscaron extender por otros vericuetos su prédica tan inicua como inflexible de enfrentamiento y lucha de clases. El rictus amargo en lugar de la sonrisa, como si un país pudiera caminar hacia delante por la confrontación y no por la solidaridad, la complementación y el sentimiento común de pertenencia. Y junto a la acumulación ideológica del rencor, el oportunismo y la aplicación a rajatabla del principio de que "el fin justifica los medios". Con esas herramientas ha logrado tener el manejo del aparato sindical y desempeñar un rol importante en la interna del Frente Amplio, obviamente son sus lógicas consecuencias.
Apoyó a Mujica a la hora de las candidaturas y recibió en compensación la Intendencia de Montevideo, pese a su magro 5% de votantes y que hubo que defenestrar primero al socialista Daniel Martínez. Además logró una buena representación, con ministerio incluido, en el nuevo gobierno.
Tanta generosidad presidencial estuvo a punto de complicarle la vida cuando se desató la áspera movida sindical por el Presupuesto. Muchos lo veían por esos antecedentes, como un apéndice de Mujica y su MPP; perdía protagonismo en el aparato sindical a manos de los radicales; su verdadera fuente de poder corría riesgo de desaparecer: sin respaldo popular (llámense votos, que nunca los tuvo), sin existencia en el mundo, su identificación con el gobierno amenazaba con eliminarlo de su último reducto. Así que, sin avisar a nadie, en forma sorpresiva, hizo una cabriola en el aire y arremetió contra todo el Frente Amplio que de alguna manera, aunque más no fuera por lealtad partidaria, apoyaba al Presidente. En el mes de setiembre, el Partido Comunista demostró todas sus condiciones de "buen compañero".
Se dieron a luz las "Bases de discusión del XXIX Congreso del PCU". Hay allí duras críticas a la administración Vázquez por su política económica, de salud e internacional. Y a renglón seguido también para la incipiente administración Mujica por su política económica y su "viraje ético, político y moral". Que haya recibido a representantes de la disidencia cubana es una ofensa imperdonable, por la cual el Presidente se ha ganado el fuego eterno. Allí está la sublime ordinariez de la caricatura donde el Presidente Mujica con pantalones bajos, aparece recibiendo a los disidentes cubanos con forma de gusanos.
Su único senador, Eduardo Lorier, ironizó con Astori y sus esfuerzos por firmar una TLC con Estados Unidos: "nos hubiéramos unido al Titanic", sin precisar el nombre del buque de la hoz y el martillo que se hundió junto con estatuas de Lenin, Stalin y alguna de Ceaucescu, derribadas como muñecos. Y, trascartón, la dirigencia del Partido Comunista que alega otros compromisos para rechazar una invitación del Presidente a dialogar y lo deja plantado.
La señales era claras, los comunistas marcaban su diferencia con el gobierno anterior y con éste, mientras crecía la movida sindical a impulsos de los radicales. El paso siguiente fue retomar la ofensiva sindical y desde el camarada Pit-Cnt arremeter contra el Presupuesto y la anunciada reforma del Estado al reclamar la eliminación de todo un capítulo con 70 artículos que contienen disposiciones en la materia.
Otra vez una minoría queriendo torcer la voluntad de un Presidente elegido por la mayoría de los ciudadanos uruguayos. Se dirá que la historia gusta de repeticiones; puede ser, pero llega un momento que aburre.