Guillermo Zapiola
Habría que consultar con un historiador del arte antes de hacer afirmaciones categóricas acerca de la autenticidad de muchos detalles que se cuentan en "Lautrec", film francés dirigido por Roger Planchon que ha salido en DVD.
Espectadores memoriosos y un tanto vetustos recordarán sin duda que la vida de Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa Tapie de Celeyran, conde de Toulouse-Lautrec-Monfa, había sido contada, con bastantes libertades con respecto a los hechos y una refinado manejo del color, en Moulin Rouge, del maestro John Huston.
Para quien no sabe mucho de la vida de Lautrec (por ejemplo, el autor de esta nota), las grandes líneas parecen más o menos ciertas. La enfermedad genética interrumpió su crecimiento impidió que este hijo de aristócratas (Regis Royer) cumpliera con las expectativas de su familia, y eligió la vida de un artista bohemio en París. La película sigue sus estudios de arte, su trabajo como creador de afiches para diversas empresas (notoriamente el Moulin Rouge, claro), el romance con su colega Suzanne Valadon (Elza Zylberstein), su relación con la notoria bailarina La Goulue (Hélene Babu), su progresivo hundimiento en el alcoholismo y la enfermedad mental.
El director y libretista Roger Planchon se esmera, previsiblemente, en lograr una película que luzca, en lo posible, tan colorida y "pictórica" como la obra de su biografiado. Un ojo entrenado va a descubrir en mucho encuadre el estilo de aquél y también de algunos de sus contemporáneos impresionistas: escenas diurnas que parecen derivar de Seurat o Monet, interiores del Moulin Rouge que remiten a la propia obra de Lautrec. El resultado es ciertamente vistoso, y llena el ojo. También ayuda cierto enérgico ritmo narrativo que igualmente se solapa con la propia vida del pintor y la manera en que ésta se reflejó en su obra.
Pero si la recreación del París de la Belle Époque resulta satisfactoria y por momentos impresionante, en términos dramáticos, el resultado es menos convincente. El retrato de personajes es superficial y esquemático, atenido a los convencionalismos de las biografías de época con gente "bien vestida". Hay sin duda una agradable excepción, y es la labor protagónica de Régis Royer, que otorga a su Lautrec los rasgos de humanidad, vulnerabilidad, irritación, emoción y hasta humor que el libreto y el director le pedían.
Sin embargo, ni siquiera esa espléndida labor central disimula del todo que la película está más interesada en la elaboración de cuidadosas imágenes que en explorar las profundidades de la psicología de un artista genial y torturado. Y en torno a Lautrec, los demás personajes aparecen trazados en un par de brochazos, un rasgo que duele en las "apariciones especiales" de artistas famosos como Vincent Van Gogh (Karel Vingerhoets), Auguste Renoir (Philipppe Clay) y Edgar Degas (Victor Garrivier). En la vida real, esos personajes debieron ser más interesantes de lo que se ve en esta apretada biografía.
Queda en pie, de todos modos, un sentido del espectáculo y la solvencia de los actores. El elenco incluye también a otros famosos (Anémone, Claude Rich) como los padres del conflictivo protagonista.