MATÍAS CASTRO
A diario hay decenas de noticias oscuras sobre tragedias en el mundo. Pero si en una de ellas aparece asociada una celebridad, el hecho se destacará inmediatamente por encima de los demás. Y, tal como se decía ayer, no siempre esos gestos de buena voluntad están dirigidos al público en general. La celebridad en cuestión, sea Bono reunido con un político, Madonna en África, Angelina Jolie en Medio Oriente o Sean Penn en Haití, usa básicamente su capacidad de influencia y fama como forma de llamar la atención hacia las Instituciones y personas poderosas que realmente pueden ayudar con una causa.
Saben que atraerán muchos medios y eso tiene dos efectos. Por un lado ayudarán a divulgar situaciones que, desde su punto de vista, necesitan una solución más urgente que cualquier otra cosa. Y por otra parte saben que se arriesgan a ser vistos por el público en general como ególatras superficiales que no hacen más que tomarse fotos con niños desnutridos.
Según el artículo de la periodista Barbara Celis que se citaba en la columna de ayer, las acciones de Angelina Jolie en conjunto con la ONU han contribuido a aumentar notoriamente las ayudas a Pakistán. Lo mismo pasó con los trabajos de Brad Pitt y Sean Penn para asistir a la reconstrucción de Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Son todos ejemplos de repercusión mundial, que no deben ser confundidos con los de escala local. Los famosos o conocidos locales y la Telethón, por ejemplo, operan distinto. El objetivo es sumar todo tipo de ayuda, incluso la del público.
Vale la pena mirar los distintos ejemplos y no aceptarlos tal como nos llegan.