El instante, el gesto, el sonido, pero captados por una cámara que se volvió invisible a los protagonistas. Así es Un instante preciso, el documental sobre Jorge Drexler que se exhibirá desde este viernes y hasta el jueves 23 en el cine Alfabeta.
Esta realización del cineasta catalán Manuel Huerga es el registro audiovisual de un singular proyecto musical de Drexler, con el que recorrió durante ocho días, en noviembre de 2007, varias localidades muy próximas a Barcelona (Viladecans, Hospitalet, El Prat de Llobregat, Gavà, Santa Coloma, Sabadell y Torelló).
Para Drexler, esta primera experiencia como protagonista de un film, y además como co productor, "fue maravillosamente agotadora". Antes de iniciar el rodaje, explicó a El País, "acordamos muy pocas cosas con Manuel (Huerga). Y la película es su versión sobre esta experiencia musical. Yo lo que hice fue abrirle las puertas de los conciertos". El resultado "fue excelente. Con Un instante preciso ganamos el premio del público en el Festival de Málaga, un festival muy prestigioso aquí en España; fue seleccionada para el London film festival, para la muestra de cine de San Pablo, para el festival de cine de la Habana. Fue, la verdad, una alegría súper grande".
La idea de hacer un documental, agregó, ya la venía madurando desde tiempo antes. Y en este caso, una vez que se eligió un nombre para la dirección, todo el proyecto quedó en sus manos. "Lo que acordamos previamente con Manuel fue, en principio, que no se hiciera una retransmisión mecánica de un concierto". Después, que no se realizaría ninguna entrevista, que sería filmada en blanco y negro ("esa fue una idea de Manuel", subrayó).
Y lo último, "que no se trabajaría con un guión, en el sentido que no me iba a decir tal día tal cosa, o tal otro día tal otra, lo cual implicaba que la cámara iba a ser un testigo subjetivo. Lo que ve y selecciona Manuel es de él, que no es exactamente lo que veo yo en los shows".
Durante los primeros días de gira y rodaje, recordó, la cámara estaba como omnipresente. Pero al tercer o cuarto día la situación cambió: Drexler y su equipo de músicos y técnicos integraron cómodamente a la cámara en su dinámica cotidiana, gracias "a ese don de Manuel de hacerse invisible". A él "le gusta mucho observar el mundo que lo rodea. Muy voyeur en sus propios términos: le gusta ver sin ser visto". Un talento que es difícil imaginar en Huerga, "porque es grandísimo; mide 1.90 y es ancho, y si no está rodando es un tipo con el que es un placer hablar, que gesticula mucho, y se nota mucho su presencia. Pero cuando está rodando está como ausente, desaparece".
En esta breve pero intensa gira por Cataluña, Drexler manejó un concepto nuevo, "en el que la sala, el público, escribían el guión, como dijo Manuel (Huerga)", y se integraban, junto a los sonidos que grababan en la calle, aeropuertos, bares, a las performances de las canciones. "Íbamos caminando y, lo van a ver en la película, porque todo lo que pasa ahí es de verdad, y, por ejemplo, aparecía una banda de pueblo tocando y la grabábamos. Y al día siguiente la invitábamos a tocar en el show, que era en el pueblo de al lado".
Esta idea, agregó, "se me ocurrió antes de empezar la gira, pero hacía tiempo que tenía ganas de hacerlo: a partir de los samplers, y toda la tecnología digital para procesar el sonido, se me ocurrió manipularlos como si fueran de plasticina. Agarrar el golpe de una puerta, un `ring` de una bicicleta, y hacer que parezca una campana tubular, y convertirlo en un elemento de percusión en una canción". Esos registros luego se ampliaron a los sonidos del público en la sala, "a la megafonía de un aeropuerto. Todo era grabado y utilizado como si la gira hubiese sido un evento sonoro".
Del lado de la "Cara B"
Esta experiencia creativa de Drexler, registrada por Huerga en Un instante preciso, también dio forma a lo que hoy es su penúltimo disco: Cara B, editado en 2008. Aquí quedaron registradas "unas 32 canciones", señaló Drexler, "pero es un repertorio completamente distinto al que quedó para documental". Ambas ediciones, subrayó, muestran un proyecto que "me fascinó", donde "el patio de butacas pasó a ser el observado y el escenario el observador".