NEW YORK TIMES | LAURA M. HOLSON
Es raro que Tom Ford, ex director creativo de Gucci e Yves Saint Laurent, que convirtió la sexualidad en alta costura en los años noventa, no haya intentado probarse antes como director de cine.
Cierto miércoles, no hace mucho, Ford atravesó el salón del hotel Beverly Hills para encontrarse a comer con un invitado. Su andar era deliberado, con sus brazos levemente abiertos para enmarcar su torso. Cuando se acercó a la mesa se quitó sus lentes de sol color té. Olía a vainilla. Y cuando se deslizó en su asiento, Ford llevó su pera hacia su hombro izquierdo, en un gesto consciente para resaltar su mejor lado. Y dijo "Hola". Con todo hecho para dar un mayor impacto visual, fue un momento parecido a una escena de Sólo un hombre, su debut como director, en la que su protagonista, George Falconer, se ajusta meticulosamente un traje y su corbata para asistir a un funeral. Su creación más fascinante (más que sus diseños e incluso el atrevido comercial de 2001 que hizo para su perfume Opium) es su persona pública. Esto es así hasta tal punto que sus amigos le han dicho que se sorprendieron al ver una película con tanto corazón, hecha por una persona que calcula tanto todo lo que hace.
Ford no es alguien que muestre sus sentimientos heridos. "Me concibo a mí mismo como un producto", dijo, al mismo tiempo que ajustaba la ubicación de su cuchillo y tenedor sobre la mesa. "Tuve un amigo durante quince años que una vez me dijo que siempre me había visto como una hermosa caja de laca negra con una manija de platino de los años 20, pero que estaba vacía", cuenta Ford. "Así que me pregunté qué pasaba que un amigo no sabía si había algo más por debajo de la superficie".
Sólo un hombre, su primer trabajo como cineasta, se ha ganado los aplausos de los críticos, muy especialmente por la actuación de Colin Firth como George, un profesor gay quien en los años sesenta maneja la posibilidad del suicidio luego de que su viejo compañero muere en un accidente. Tales honores son como un triunfo para el director, quien se vio obligado a financiar de su propio bolsillo los casi siete millones de dólares que costó el film, luego de dejar Gucci en el 2004 y anunciar que su plan era convertirse en autor. La transición fue vista por algunas personas del mundo de la moda como algo perfectamente lógico, debido a su meticulosa atención a lo superficial; mientras que para otros el proyecto estaba condenado exactamente por la misma razón. Y de hecho no tuvo distribuidor hasta que la Weinstein Company la eligió durante el festival de cine de Toronto del año pasado.
un novato. En los noventa Ford fue el diseñador de modas más influyente de su generación, porque logró reimaginar el estilo de los setenta con un atractivo sexual poco sutil. Bajo su guía, las casas Gucci y luego Yves Saint Laurent florecieron. Él supervisaba todos los aspectos creativos, desde los diseños, la publicidad hasta el diseño de tiendas, y convirtió a estas marcas en algo que se vendía como imprescindible. Pero tras una fuerte disputa con sus jefes, dejó Gucci y se unió a las filas de quienes alguna vez fueron poderosos y ahora estaban desempleados. Anunció que su siguiente paso sería la dirección y comenzó a pasar más tiempo en Los Angeles, donde tiene una casa con su viejo compañero, Richard Buckley.
Ahora, a los 48 años, Ford acepta que no estaba preparado para la transición. Su abogado le dijo que se tomase un tiempo antes de dar el salto a otro proyecto de perfil alto. "Me dije a mí mismo: `Voy a perder la cabeza, ya no tengo voz en la cultura contemporánea`".
Y como muchos ejecutivos que se enfrentan a una crisis de su carrera, Ford forcejeó con su propia identidad. Contó que luchó contra la depresión y que encontró cierta guía espiritual en los escritos de Eckhart Tolle. La realización de películas, además, se mostraba como algo humillante. "Me pregunté quién podía necesitar una película de Tom Ford". Es que en Gucci era una superestrella que diseñaba hasta 16 colecciones al año. Pero en Hollywood era solamente uno más de los realizadores debutantes, aunque tuviera algunos amigos bien conectados.
En el año 2006, Ford compró los derechos para el libro en el que se basó Sólo un hombre, una novela de 1964 escrita por Christopher Isherwood, y también los derechos del guión escrito por David Scearce, que quiso reescribir por su cuenta. Para prepararse leyó varios libros, entre los que estaba On directing film, de David Mamet. Le mostró un primer borrador a un ejecutivo de un estudio de cine, quien le recomendó contratar a un profesional. Así que intentó colaborar con un guionista, pero no se pusieron de acuerdo. Al final, Ford dice haber reescrito su guión unas quince veces en dos años.
La historia seria, que sumaba suicidio, muerte y un romance trágico, implicaba un alejamiento del Tom Ford de Gucci, donde gustaba hacer provocaciones. "Cuando me mostró el guión por primera vez me sorprendió", dice Arianne Phillips, diseñadora de vestuario del film. "Si esa era la película que Tom Ford, el director, quería hacer, yo no conocía a Tom Ford, la persona". Lisa Eisner, quien fue representante de Ford durante dos décadas, agregó: "Cuando la gente piensa en Tom cree que tiene sexo un millón de veces al día".
El asunto de la película también complicó las cosas para conseguir la financiación por parte de un estudio. Sus amigos le recomendaron que filmase un cortometraje para mostrar lo que podía hacer. Ford contó que hizo un acuerdo de palabra con dos inversores, pero que todo se fue a pique cuando estalló la crisis económica.
Sus agentes le recomendaron no pagar la producción de su propio bolsillo, pero como había hecho mucho dinero en Gucci resolvió hacerlo igual. Además, esto le permitió lo que él más quería: total control creativo.
En una escena los contenidos del cajón de medicinas de George son mostrados de forma muy parecida al que tiene Ford en su casa. "Yo arreglé eso. Cada partecita que aparece es mía". En otra secuencia, Charley, la amiga más cercana a George y su ex amante, interpretada por Julianne Moore, se maquilla antes de la cena, de tal modo que le queda un ojo elaboradamente cuidado y el otro apenas. "Fue artista y artífice en un solo momento", cuenta Moore. "Fue muy cuidadoso con lo que quería comunicar".
Pero hay paralelismos más oscuros, como cuando George se prepara para suicidarse y se mete, arma en mano, en un sobre de dormir para no enchastrar su cama blanca. Ford contó que un pariente suyo murió en esa misma forma, incluso disponiendo la ropa con la que quería ser enterrado, tal como hace George en la película.
Pero claro que dirigir actores no es lo mismo que disponer modelos en un comercial o en una pasarela. Lo que podría sorprender más a los espectadores son las humanamente ricas actuaciones que logró Ford, o que al menos permitió. Con un breve tiempo de rodaje de 21 días, director y actores discutieron sobre los personajes casi en el momento. "Nunca me metí para decirles cómo pronunciar una frase", contó. Y así le dio libertad a Moore y a Firth.
"En cierto punto comencé a murmurar y mover mis hombros", contó Moore sobre la escena en que Charley le aplica maquillaje. "No estaba en el guión, pero me parecía adecuado. No podría haberlo hecho con Tom arriba mío diciéndome qué hacer. Pero Tom tiene siempre el control". Ford ha dedicado tanto tiempo a armar su imagen pública, que todo apunta a preguntarse si esta película es otro intento de relanzar a Tom Ford como producto. Pero él insiste: "Fue la cosa menos calculada que he hecho".
Encuentro tenso entre directores
Como si estuviese haciendo una fila, Jason Reitman, director de La joven vida de Juno y Amor sin escalas, se acercó a la mesa donde Ford ofrecía su entrevista. Había visto la película en el festival de Toronto y quería decirle que le encantó. Ford se iluminó ante el visitante inesperado. Antes había comentado cómo distintos espectadores, gays y heteros, reaccionaron al momento doloroso en que Charley declara su amor hacia George y arriesga perder su amistad. "¿Te sentiste afectado aunque seas hetero?", le preguntó Ford a Reitman. Éste quedó perplejo y preguntó si Ford estaba coqueteando. "No, no estoy cargándote", le explicó. Reitman no recordaba la escena. La acompañante de Ford le explicó la importancia de esa escena para toda la película, pero Reitman la interrumpió: "Las películas no deben ser contadas de esa forma". Ford miraba y sonreía nervioso porque su entrevista se demoraba y le dijo directamente a Reitman: "Deberías irte. Fue genial verte". Luego de que el joven director se fue, Ford se dirigió a su acompañante: "Yo sólo pregunté qué pensaba". La próxima vez será mejor atenerse al guión.