REBAR
I sabel II citó a toda la Corte para una reunión gravísima y urgentísima. Algunos miembros de la familia real llegaron en bicicleta (renovada moda en Inglaterra) y se vengaron del incómodo asiento disfrutando de los confortables sillones de Buckingham, para enterarse de la novedad del momento.
Felipe de Mountbatten, de pie y erguido hasta donde lo habilitó el reuma, preguntó a la concurrencia:
-¿Están todos sentados?... ¿Se escucha bien, allá por el fondo?
-¡Yes!... contestó en coro, con alguna desafinación, el auditorio.
El Duque de Edimburgo miró a su esposa: hizo una reverencia, luego un respetuoso gesto invitándola a hacer uso de la palabra, y le expresó:
-Majestad... (fue todo lo que hizo en varios meses):
Por unos segundos, la soberanía guardó un significativo silencio: lo cortó casi con un grito:
-¡Estamos fritos!... (traducción del inglés, a cargo de "el cachafaz" Viruta). Los asistentes se estremecieron: algo terrible debía ocurrir en palacio.
-¡Fritos de toda fritura!... (aulló la dignísima dama, provocando la segunda intervención como traductor, de Viruta, a quien se le autorizó su presencia en condición de becario que aprende Inglés Básico en la mansión palaciega).
-Sepan ustedes, queridos súbditos, que somos la familia real más cara de Europa: la de Bélgica, gasta 17 millones de dólares; la de Noruega, 36 y poco; la de Holanda, 51 y pico... ¡Y nosotros (digo nosotros, porque corresponde que me incluya en el despilfarro)... NOSOTROS, los vivos de los barrios monárquicos, se-sen-ta y tres mi-llo-nes de dóla-res! 63, sí señoras y señores.
A Felipe (que no estaba en el dato, prolongando su costumbre de no estar nunca en nada) se le descolgaron estrepitosamente todas las medallas que, sin saberse por qué, están prendidas a su chaqueta luciendo a puro Brasso.
-Y tú, querido consorte, ya puedes ir recogiendo esas distinciones, para mañana mismo llevarlas a empeñar en "Old "Peñarola". (Hizo una pausa pequeña y continuó): En cuanto a ustedes, basta de travesuras. Gastan y gastan, y los únicos comprobantes que presentan son los boletos del subte. Sigan el ejemplo de austeridad que voy a dar, haciendo el gran sacrificio de mi vida: mandaré recortar todos mis sombreros, hasta dejarlos del tamaño de una boina.
(Y, como nunca falta un guasón, uno de los condes que asistían al acto, le dijo por lo bajo a un duque amigo: "Ojalá que la boina le quede mejor que a Chávez").