Los próximos 14 y 15 de septiembre, Drexler presentará su último disco, "Amar la trama", en el Auditorio Nacional del Sodre. Y desde el 17 al 23, se exhibirá el documental "Un instante preciso", en el cine Alfabeta, que registra su gira por Cataluña, realizada en noviembre del año 2007.
Sobrio, preciso en la formulación de sus ideas, inquieto en la búsqueda de nuevas ideas. Así, Drexler renueva su compromiso con la interpretación y la creación con un disco, Amar la trama, que vuelve sobre el eterno problema de la comunicación. Su confesión es clara: "la verdad que hoy no tengo ganas (...) de ir al estudio y hacer 28 tomas de voz de la misma canción (...) me di cuenta que canto mejor cuando tengo un interlocutor". Lo hizo algunos años atrás en el notable disco Cara B, explorando las posibilidades de grabar, manipular y reproducir electrónicamente (y en vivo) el sonido del público en un teatro, el tránsito, las bandas populares, las voces de la calle, e integrándolos inmediatamente a las texturas de las canciones. En Amar la trama, la historia fue diferente: reunió a un grupo de 20 personas en un estudio de televisión como forma de activar "el estado de alerta" de los músicos "para poder comunicar". El resultado es, precisamente, un cuerpo de canciones atentas a las sutilezas expresivas de cada detalle sonoro.
También es claro al asumir la angustia, las oscilaciones anímicas del acto creativo, pero a la vez su necesidad como generador de vida. La hoja en blanco le sigue provocando miedo y a la vez opera como un desafío: "Es en realidad como un miedo al vacío", porque para él la creación "significa generar, que aparezca algo en un lugar en el que no había nada". Eso, invariablemente, genera procesos conflictivos al interior del creador. Pero siempre es necesario volver: "porque las canciones van muriendo. Una vez que las mezclás se van muriendo. Entonces necesitás vida nueva".
Alexander Laluz
-Debe ser todo un desafío llegar con dos funciones al flamante Auditorio Nacional del Sodre.
-Va a ser todo un descubrimiento. Me han hablado mucho del Auditorio. Un día pasé por ahí pero le faltaba mucho para estar terminado. Para mi generación ese edificio es como una figura mitológica. Nunca pensamos que lo fueran a terminar. Pero ahora está ahí, pronto. Ser uno de los primeros en tocar en una sala que ya tiene el prestigio de sonar, y muy bien, es algo increíble.
-Además, por la respuesta del público.
-Estoy súper agradecido. Que el público haya agotado una función, la del martes 14, que se haya puesto una segunda y que vaya camino a agotarse, por lo que me cuentan... es una alegría enorme que eso te pase en casa.
-¿Cómo sigue esta gira con Amar la trama?
-La empiezo aquí y seguirá en Buenos Aires, donde ya se tuvo que agregar una tercera función en el Grand Rex, después en La Plata, en Córdoba. En Chile agregamos una segunda fecha en el teatro Caupolicán. Te digo la verdad: no me lo puedo creer. Pero tocar en Montevideo especialmente me da una alegría muy particular. Uno va con muchas ganas y a la vez con mucho miedo. Además, en la banda mía hay muchos que nunca han estado en Uruguay. Tengo un italiano, dos catalanes, un vasco, dos madrileños, dos argentinos, tengo gente de todos lados, un brasileño en las luces. Estuve recolectando por ahí todo lo que me gustaba y lo he incorporado al proyecto.
-La idea en que se apoya este último disco es muy distinta a la que desarrolló en Cara B, principalmente en la relación con el público presente en la grabación.
-La idea es completamente distinta. En Cara B, y durante la gira que hicimos por los alrededores de Barcelona, el público (al igual que los sonidos del ambiente) se volvía protagonista, un instrumento, un coro. Se invertía el rol escenario-patio de butacas: el patio de butacas pasa a ser el observado y el escenario el observador. En Amar la trama, fuimos al polo opuesto. El público tuvo otro rol; se le pidió que no hiciera ruido, que no aplaudiera. Simplemente, generó el estado de alerta que genera en un grupo de nueve músicos el estar rodeado por otro grupo de veinte personas. Alcanzaba para poder comunicar, para que intentáramos afinar y hacer puntería.
-Es algo muy distinto a estar solo en el estudio de grabación.
-A mí, la verdad, que hoy en día no tengo ganas de grabar un disco así. Ir a un estudio y hacer 28 tomas de voz de la misma canción, como quien va con un microscopio arreglando los detalles en un laboratorio, con mucho control. Y al final estás cantando para un grupo muy reducido de personas, y a veces para un cristal, sin saber qué hay del otro lado. Me di cuenta que canto mejor cuando tengo un interlocutor.
-En esta pasaje por Montevideo, ¿tiene previsto un encuentro con Julio Bocca para conversar sobre la obra suya que estrenará el Ballet Nacional el próximo año?
-Sí, hemos quedado en encontrarnos. Y ya he empezado a tirar algunas ideas, tengo algo de material que quiero mostrarle. Estoy encantado y asustado, porque es algo muy nuevo para mí.
-¿Cuál es el principal problema, o desafío, que ha encontrado en este proyecto?
-La historia. Porque no es sólo música y movimiento, coreografía. Quiero que la obra tenga un desarrollo, que se relacione con algo, que cuente algo. Y eso es muy complicado para alguien de géneros cortos, como en mi caso. Tenés que establecer una narrativa un poco más larga. Y es un desafío muy grande tanto musical como conceptualmente.
-A la hora de iniciar el proceso creativo, ¿la hoja en blanco sigue desafiándolo y a la vez provocándole miedo?
-En realidad es como un miedo al vacío. La manera en que yo entiendo el acto creativo es por el lado más literal. Crear significa generar, que aparezca algo en un lugar en el que no había nada. Y para llegar a la nada tenés que desmontar tus propias recetas y esquemas de hacer canciones. Tenés que desnudarte de un pasado de compositor y enfrentarlo como si fuera la primera vez. Eso genera mucha angustia, porque está la sensación de que todo vale, todo es posible, y no querés agarrarte de algo que ya tenés de antes. No querés ayuda, querés empezar como si fuera la primer canción que escribís. Y cuando terminás, como si fuera la última.
-¿Es un proceso desgastante?
-Sí, es una experiencia muy desgastante. A mí componer no me gusta. Es imprescindible, lo necesito, y no voy a dejar de hacerlo. Pero hay otra cosa que me pasa cuando escribo, y que me perturba mucho. Es fácil entender la angustia si te reservás tres días para componer, y van dos días y medio y lo único que tenés es una hoja en blanco más un montón de hojas arrugadas en una papelera. Lo que es más difícil de entender es la euforia desmesurada que te genera cuando acabás de encontrar esa rima que estabas buscando, es como si el mundo dependiera de ella. Entonces, esa oscilación de ánimos que hay todo el tiempo, sumado a la soledad, produce una visión muy distorsionada de la realidad. Ahora, lo tengo que hacer, porque escribir de alguna manera es como tirar un cable a tierra: te limpia la estática que tenés, permite entenderte mejor. Escribir es renovar tu compromiso, porque necesitás vida nueva.
"A Huerga le gusta ver sin ser visto"
Casi simultáneamente a las dos presentaciones de Drexler en el Auditorio del Sodre, se exhibirá en el cine Alfabeta el film Un instante preciso (del 17 al 23), que recoge con particular sensibilidad la gira de ocho días que el músico uruguayo hiciera en noviembre de 2007 por Cataluña. Es una realización del cineasta catalán Manuel Huerga, que ha recibido varios e importantes galardones, donde se puede apreciar la dinámica de los músicos y técnicos antes, durante y después de los conciertos, en sus grabaciones de sonidos de la calle, de los teatros. "Muy pocas cosas concordé con Manuel antes de comenzar el rodaje", contó Drexler. "La primera, que no iba a haber una entrevista. La segunda, que iba a ser en blanco y negro; esa fue una idea de él. La tercera, que no iba a haber un guión; en el sentido que no me iba a decir tal día tal cosa, o tal otro día tal otra, lo cual implicaba que la cámara iba a ser un testigo subjetivo". Todo ese delicado proceso de trabajo resultó una experiencia movilizadora, positiva, según Drexler. "En los primeros días de la gira la cámara estaba como omnipresente. Pero a partir del tercer o cuarto día, todo cambió. Manuel tiene el don de hacerse invisible. Es alguien que le gusta observar el mundo que lo rodea. Muy voyeur en sus propios términos: le gusta ver sin ser visto. Y nos empezamos a sentir muy cómodos delante de él".