A. L.
De Buenos Aires, la ciudad que más culto le ha hecho al psicoanálisis, llega a Montevideo una técnica nueva para enfrentar el diván: la Lutherapia. Y sus especialistas, Les Luthiers, la pondrán en práctica a partir de esta noche en el teatro Solís.
Sólo hay nueve chances para disfrutarla, pero la de hoy, al igual que la de mañana, el jueves, el viernes y el sábado, ya tienen entradas agotadas. Las oportunidades, entonces, quedan abiertas para las del domingo 12 (a las 18 horas), martes 14, miércoles 15 y jueves 16 (estas últimas a las 21 horas).
Lutherapia es el último espectáculo creado por Les Luthiers, esto es: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich, y que se estrenó el 22 de agosto de 2008. Y desde aquella presentación en el teatro Astengo de Rosario, esta nueva terapia de humor ha pasado por más de 150 funciones.
Este quinteto tiene con qué argumentar la propuesta. Para empezar, poco más de cuarenta años de experiencia. En esos años, no han faltado las peleas, los portazos, los cambios en la integración, las alegrías, los hallazgos artísticos (muchos de ellos notables). Pero, como han relatado los propios Les Luthiers, el factor constante ha sido el humor, y especialmente aquel humor que no subestima la inteligencia. Esa es, indudablemente, la condición principal para que este espectáculo, como los 32 anteriores, tenga esa inmediata conexión con la recepción del público.
El otro argumento, la habilidad para trabajar con algunas constantes temáticas que, lejos de resultar redundantes, operan como potentes variables de cohesión narrativa tanto en lo musical como en lo escénico.
Las pruebas del caso. Directo a Lutherapia. Aquí, además del guiño a la histórica asociación entre Buenos Aires y el psicoanálisis, aparece el señor Ramírez, encarnado por Rabinovich, que decide por fin asistir a terapia para intentar alivianar el peso de los traumas que le ocasionó una sesuda y difícil investigación musicológica sobre la obra del inefable compositor... Johann Sebastian Mastropiero. Sí, el Mastropiero de siempre. El terapeuta (ya se adivinará) no es otro que Marcos Mundstock. Y los diálogos con su inquieto paciente (también se adivinará) conforman el núcleo más fuerte del show.
Estas desventuras traumáticas de Ramírez tienen su piedra de toque en una parodia musical que es una suerte de opereta medieval sobre las aventuras de los legendarios cruzados, sólo que en este caso tendrán como conductor al refinado talento musical del señor Carlos López Puccio.
El otro gran problema de Ramírez, pobre, es la mujer que provoca sus desvelos amorosos. La parodia en este número viene de la mano de "una galopa psicosomática" titulada Dolores de mi vida. Inevitable remedio: cantar para paliar los males del amor y la indiferencia.
La vida en la ciudad puede llegar a ser angustiosa, agotadora. Y para Ramírez, también. Así que su salida la encuentra en el campo. Allí, entre la campiña y la balada (Paz en la Campiña, que tiene en programa la siguiente indicación interpretativa: balada mugida y relinchada), sin embargo, descubre que su ánimo cae en un nuevo pozo depresivo.
Por lo visto, la vida de este señor que le tocó en suerte a Rabinovich no es nada sencilla. Y para colmo de sus males, sus peripecias apenas comienzan. A éstas le seguirán otras parodias en el siguiente y estricto orden de aparición en escena: Las Bodas del Rey Pólipo (marcha prenupcial), Rhapsody in balls (Handball blues), El flautista y las ratas (oratorio), Dilema de amor (cumbia epistemológica), Aria agraria (tarareo conceptual), El día del final (exorcismo sinfónico-coral). Un menú completo.
Pero aún faltan otros ingredientes que hacen honor al nombre del quinteto: los nuevos instrumentos. Para esta Lutherapia llegan con un nuevo arsenal sonoro que tienen entre sus principales atracciones el bolarmonio (instrumento que ganó el concurso realizado en la Expo Les Luthiers de 2007), la exorcítara (que espanta los maleficios), y, además, un nutrido grupo de objetos sonoros especialmente creados por el artista plástico Pablo Reynoso.
Cambios y recambios para cuatro décadas
Para este nuevo espectáculo, que ya lleva tres años en cartel, Les Luthiers dio un salto sobre su esquema escénico-narrativo tradicional. Antes, los distintos segmentos o piezas estaban conectadas a través de los comentarios infalibles de Mundstock, oficiando de presentador. Ahora, el hilo se anuda a través de elementos internos a cada parodia, lo que permite descubrir una nueva unidad al espectáculo. Llegar a esto ha sido el resultado de largas discusiones, han contando los propios artistas. Pero, indudablemente, capitalizando los más de cuarenta años que tiene de trayectoria esta propuesta artística, que tiene como ejes los instrumentos originales, y la históricamente difícil conjunción del humor escénico con el humor musical.