Alexander Laluz
Armados hasta los dientes con Simetría de Moebius, los Catupecu desembarcan en Montevideo para hacer dos presentaciones oficiales de este nuevo material.
Sin concesiones: ni los shows de esta Gira Moebius 2010 ni el disco admiten la distracción, la indiferencia. La energía, la visceralidad y una lúcida ingeniería compositivo-arreglística lo envuelven todo y no hay forma de permanecer al margen.
Y con ese mismo plan, cuenta Fernando Ruiz, líder de la banda de Villa Luro, llegaron anoche a Montevideo para sacarse las ganas, aunque sea en dos noches (hoy y mañana en La Trastienda), de hacer un repertorio que sea el mejor espejo del actual estado mental-musical-estético del grupo.
"La verdad que la gira va muy bien. La empezamos en el Luna (Park), aunque veníamos tocando desde antes, después salió el disco, Simetría de Moebius, y por Argentina hicimos ya un montón de conciertos", agrega. "El fin de semana pasado nos fuimos a Paraguay, y allí también estuvo alucinante porque el lugar era muy especial: antes ahí había una vieja fábrica de cerveza, y es grandísimo, sonaba impecable. Desde la música al equipo técnico se armó como una cosa muy interesante. Siempre una nueva gira entusiasma. Estar en la ruta es hermoso, tiene un encanto sin par".
Ahora, "nos sacaremos las ganas con Montevideo. Me vuelve loco esa cosa de ciudad gótica que tiene, todos esos kilómetros como mirando el agua, su mística". Parece un lugar común, pero la historia de Fernando le da a estas palabras un sentido muy diferente: "La conocí de muy chico, cuando fuimos con mi papá. En aquella oportunidad me quedé prendado del puerto, de las casas que vi primero... soy un fanático del Art decó y vi todo eso... imaginate... todavía tengo en la memoria aquellas imágenes. Siempre digo que me encantaría comprarme un apartamento allá, pero con vista a la rambla".
Y la historia de los Catupecu también le da otro giro al lugar común, lo amplía y se lo apropia como signo de (buenos) comienzos: "Uruguay para nosotros, además, es casi una cábala. Muchas veces empezamos las giras allá. Cuando en el año 2005... no, en 2006, empezamos allá por Rocha, y este año también fuimos a tocar a Punta del Este al comenzar el año".
Es que todo se convierte en un juego de simetrías, imperfectas, esenciales ("como la cinta de Moebius", según Fernando), que de alguna forma completan círculos vitales, reconoce Fernando al hacer una síntesis del pensamiento y las inquietudes de la banda. Y el disco, se podría agregar, es su síntesis en forma de manifiesto estético, aunque, por cierto, alejado del palabrerío o cualquier hermética especulación filosófica.
vivencial, simétrico. Los cuatro, Fernando, Javier Herrlein, Martín "Macabre" González, Sebastián Cáceres, se fueron el año pasado, entre abril y agosto, a un "retiro musical" al campo de Pablo Mayer, (abogado, amigo de Fernando). Allí se encerraron y "pasamos metidos en eso de la noche a la mañana, y de la mañana a la noche", trabajando cada detalle del sonido, de los arreglos, la composición. "Nosotros somos unos obsesivos del audio. Componemos mucho en el estudio, y es ahí donde crecimos como banda desde el primer disco, Dale!. El estudio es como un integrante más de la banda; lo pensamos como un componente musical que completa la musicalidad".
En ese ámbito, sigue el relato entusiasmado de Fernando, cada sonido de los bajos, los teclados, la batería, las guitarras eléctricas y criollas, está muy pensado, trabajado, pero, vale reconocerlo, lejos de los formatos impuestos por modas y dictámenes del mercado. "Si te fijás, cada disco nuestro no se ajusta en nada a lo que está sonando o dominando en ese momento". Esa es la razón por la que una de las constantes del grupo haya sido (y siga siendo) el cambio. A la vez, cada uno de esos resultados sonoros "es también la proyección de lo que estamos viviendo, sintiendo... la brújula es el propio Catupecu Machu".
El título, por otro lado, resulta de una imagen poética que refleja un conjunto de simetrías, coincidencias, intenciones, que fueron dándose durante la composición de las canciones y la grabación. "Nos pasó mucho que venía uno y decía: se me ocurrió tal cosa, y después el otro decía: uy, yo lo mismo… no lo puedo creer, se me ocurrió lo mismo". Y lo de Moebius es también por eso: "somos como una cinta de Moebius, no orientable, que está siempre girando, y a la vez siempre estamos en la misma vereda".
Las huellas de un minucioso e innovador proceso creativo
El juicio crítico ha sido unánime: Simetría de Moebius (2009) es un disco que marca una profunda inflexión en la trayectoria de Catupecu Machu. Es, también, una suerte de síntesis de todo el camino musical recorrido, pero llevado a una unidad estilística, estética, de gran madurez y virtuosismo, donde el grupo reafirma su vocación por experimentar con cada molécula sonora y cargarla con las experiencias vitales que han marcado en cada momento a sus integrantes.
"Nunca componemos desde el `a ver, me gustó esto, empecemos por este lado…`", explica Fernando Ruiz. "Todo lo contrario. La composición en Catupecu es muy intuitiva, sale de no sé dónde. Si te fijás en nuestra historia no hay ningún disco que participe de las modas de cada momento. Siempre partimos de lo que nos está pasando en ese momento. Es también muy existencialista, si se quiere. Existencialista por lo muy vívido que es el proceso. La brújula es el propio Catupecu; nosotros mismos vamos moviendo todos los parámetros".
Tal manifiesto tiene su otra cara: esas vivencias son llevadas al estudio con miras a procesarlas en un trabajo hiper detallista con el sonido. "Las decisiones estéticas fueron muy trabajadas. Este disco se grabó en cinco meses en el campo en el que estuvimos, y estábamos todo el día metidos en eso. Después, durante un mes y medio, cuando volvimos a la capital, lo seguimos en nuestro estudio, y lo terminamos masterizando en Nueva York. O sea que tiene mucho trabajo en cuanto al audio asociado a la composición. No fue que dijimos `ah, dale, poné play y ya está`". Lo cual redundó en una obra de gran unidad, fuerza expresiva, y un refinamiento poco frecuente en la concepción arreglística.
Tramos de una larga historia
El Número imperfecto
Se trata del disco editado en 2004, dos años antes del lamentable accidente que alejó a Gabriel Ruiz de la banda. Otra edición que muestra la capacidad de síntesis estilística de los Catupecu.
Cuadros dentro de cuadros
Una fusión de elementos electrónicos con conceptos compositivos muy experimentales que los alejaron del clásico formato roquero.
Íntimo e interactivo
Se trata de una edición en formato DVD que registra la actuación en vivo, semiacústica, con un instrumental mínimo, de los Catupecu en el programa homónimo de Much Music: notable.
Laberintos entre artistas y dialectos"
Un CD doble lanzado con EMI (2007), con una fuerte carga conceptual, perfil reflexivo, y a la vez un pulso eléctrico de cuidado virtuosismo.